ASEGURAR SU RELACIÓN CON DIOS
“Procurad tanto más hacer firme vuestro
llamamiento y elección” (2
Pedro 1:10)
Por Lasaro
En estos tiempos de "fácil creerísmo", temo
que hay multitudes de cristianos profesos que han sido engañados
en pensar que
todo lo que se necesita para ser cristiano es simplemente reclamar que
ellos
"creen en Jesucristo". Aunque sea muy verdad que para que uno sea
salvo ellos tienen que “creer en el Señor
Jesucristo” (Hechos 16:31), como el apóstol Pablo le
dijo al carcelero
filipenses, mas tenemos que decir que lo que Pablo significó por
“creer” no es lo mismo como es utilizado
hoy. Usted mismo puede probar esto en preguntar a cualquier miembro de
iglesia
que usted conoce si ellos creen en Cristo; y sin duda ellos
contestarán
afirmativamente. Pero si hubiese de examinar sus vidas por lAa Palabra
de Dios,
USTED tendría que decir que sus vidas contradicen lo que ellos
profesan. En
otras palabras, su "creer en Jesús" no ha cambiado realmente sus
vidas. Por lo tanto, diciendo simplemente que "yo creo en Jesús"
no
me asegura que tengo una relación correcta con Dios, que debe
ser manifestada
en mi vida si creo verdaderamente en el Señor Jesucristo como mi
Salvador.
Ahora, por favor no me mal entienda: Yo no implico en
ningún sentido de la palabra que nuestra relación
salvadora con Dios es
dependiente en cualquier cosa que hacemos como cristianos, es decir en
que
hacemos esto o sea aquello, o no hacemos esto o sea aquello. No,
¡es basado
únicamente SÓLO en Jesucristo, SÓLO por Gracia, y SÓLO
mediante la Fe!
Pero como veremos que creer en Jesucristo implica más que
solamente el
"asentimiento intelectual" a las verdades “del
evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24). Eso,
amados, es lo que temo es el peligro en que se encuentran multitudes de
cristianos
profesos en las iglesias porque ellos "creen". Quizás en su
niñez asistieron
a la Escuela Dominical, al Catecismo, o a alguna clase de Biblia, y han
aceptado
lo que ellos han oído ser verdad y han "creído". Luego
hay ésos que
han hecho "una decisión para Cristo" en responder a la
invitación del
altar que es practicada generalmente en muchas iglesias y ahora ellos
"creen". Pero ¿es esto lo que el apóstol Pablo
significó cuando dijo,
“Cree en el Señor Jesucristo, y serás
salvo tú” (Hechos 16:31)?
Cualquier estudio serio de las Escrituras nos
mostrará
que la fe salvadora implica mucho más que simplemente "creer"; y
eso siendo
el caso, sería para nuestro beneficio en saber lo que
verdaderamente significa “creer en el Señor
Jesucristo” y ser
salvo. Así que, con eso en cuenta, vamos a considerar lo que el
apóstol Pedro
nos está diciendo en que debemos de “procurad
tanto más hacer firme nuestro llamamiento y
elección” (2 Pedro 1:10) si
reclamamos ser cristianos. Desde el principio, esta exhortación
lo hace muy
claro que no debemos de tomar nuestra profesión de fe como
creyentes del Señor
Jesucristo de por supuesto. A través de las Escrituras, somos
advertidos acerca
de ser presuntuosos y de asumir simplemente porque ya "creemos". El
apóstol Pablo también nos advierte que cristianos
profesos pueden “creer en vano” (1
Corintios 15:2); y no
se olvide de ésos a quienes el Señor Jesús les
dijo que Él “nunca os conoció” (Mateo
7:23) aunque ¡ellos profetizaron, echaron
fuera demonios, y hicieron muchos milagros en Su Nombre (v.22)!
¿No
consideraría usted a estos individuos de ser "creyentes" y
todavía
están perdidos? Oh, ¿cuántos están en las
iglesias que "creen en Jesús"
y por supuesto lo están sirviendo y todavía están
perdidos?
Creo que una de las razones trágicas muchos son
engañados acercas de su relación con Dios en Jesucristo
es porque no han “aprendido así a
Cristo” (Efesios 4:20),
es decir, ellos no han aprendido la verdad de lo que significa de ser
un
seguidor de Cristo; y esto porque no "lo
han oído (como predicado por Sus siervos), y
haber sido por Él enseñados (por Su Espíritu)
de cómo la verdad está en Jesús”
(v.21).
Para entrar en una relación salvadora con Él uno tiene
que oír la verdad de la
Palabra de Dios para saber lo que es de creer en Su Hijo; porque “la fe viene por el oír, y el oír,
por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Además, esta
fe que viene por oír
la Palabra de Dios (que “es verdad” [
Ahora, nuestro texto nos dice que debemos de “procurad
tanto más hacer firme nuestro
llamamiento y elección”, es decir literalmente, “utilizar la velocidad (eso es, hacer
el esfuerzo, sed pronto o diligente)
para hacer la invitación y la selección en
cuanto a ti estable”
(Diccionario griego de Strong’s). En estas pocas palabras,
amados, hay un par
de doctrinas fundamentales de “la una fe
que ha sido una vez dada a los santos” (Efesios 4:5; Judas v.
3) que son
muy raramente, si de todo, oído del púlpito o en la clase
en estos días
degenerados de la apostasía. Tendría que decir que el
cristiano profeso promedio
no sabe nada acercas de ser llamado y elegido por Dios para la
salvación; y si
por casualidad, han oído algo acerca de estas doctrinas; es
probablemente muy
superficial y contradictorio a la verdad de la Palabra de Dios. Pero es
el
llamamiento de Dios y Su elección que asegura nuestra
salvación; porque como Jonás
dice, “la salvación pertenece a Jehová”
(2:9). Además, el apóstol Pablo lo pone de esta manera: “Porque (Dios) a Moisés dice:
Tendré misericordia, del que yo tenga misericordia; y me
compadeceré del que yo
me compadezca. Así que no es del que quiere, ni del que corre,
sino
de Dios que tiene misericordia” (Romanos
9:15, 16).
Pero permíteme a este punto insertar lo siguiente: Puedo creer que habrán algunos que leerán estas palabras y quizás sentirse desalentado, o aún confusos, porque hasta ahora ellos han creído que para ser un cristiano es simplemente "creer en Jesús". A ellos puedo decirles: Es verdad que la vida cristiana verdadera es una de fe (Romanos 1:17; Habacuc 2:4; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38); no obstante, “es por la fe, para que sea por gracia” (Romanos 4:16); y es esa gracia que nos llevará hasta al fin para que puédanos “obtener la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Timoteo 2:10). Todavía, desde del momento en que “creímos en el Señor Jesucristo” debemos de “perseverar en la doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42) para que seamos “nutridos en las palabras de la fe y de la buena doctrina” (1 Timoteo 4:6). Son estas verdades gloriosas de las doctrinas fundamentales “del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) que solidifican nuestra certeza de la salvación. Por el otro lado, si no tenemos el conocimiento de ellos; y para ahora, del llamamiento y de la elección de Dios con respecto a nosotros, ¿cómo podemos justificar nuestro "creer en Jesús" de ser verdad si yo no puedo decir que Dios me ha llamado (2 Timoteo 1:9) y elegido para salvación (2 Tesalonicenses 2:13)? Seguramente, estas verdades harán por lo menos dos cosas: Ellas confirmarán su salvación en Jesucristo; o ellas revelarán que todo lo que tienes es una profesión de fe, pero no una posesión de la fe que cree verdaderamente en Jesucristo para la salvación. ¿No querría usted saber la verdad de su relación con Dios en Jesucristo AHORA antes que sea demasiado tarde?
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Ahora, consideraremos las dos doctrinas que tienen que
ver con Asegurar Su Relación Con Dios; que son mostrados por
nuestro texto: “Procurad tanto más hacer
firme vuestro
llamamiento y elección”. Veremos que nos
mostrarán que para tener una
relación salvadora con Dios y verdaderamente conocerle en una
manera íntima y
personal implica más que sólo simplemente decir, "Yo creo
en Jesús";
o yendo al frente para hacer una "decisión para Cristo". Como
dije
antes, "creer en Jesús" es más que simplemente
sólo consentir a la
verdad del Señor Jesucristo y Su Evangelio; porque hay un "creer
en Jesús"
que no es una fe salvadora en Él. Refiérase a
Pero permíteme explicar aún más esto
en caso de que
quizás haya alguien que mal entienda lo que digo. Yo no estoy
diciendo que uno
tiene que ser doctrinalmente correcto (hasta cierto punto) para creer
verdaderamente
en el Señor Jesucristo para ser salvo. De hecho, al momento de
salvación, el
creyente arrepentido quizás sea totalmente ignorante de las
doctrinas del
Llamamiento y Elección de Dios; y todavía ser salvo
porque la fe salvadora es
fijada sobre el Señor Jesucristo y el Evangelio, que es “que Cristo murió por nuestros pecados conforme
a las Escrituras; y que
fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a
las Escrituras” (1
Corintios 15:3. 4). Pero el nuevo converso no ha de quedarse ignorante
de las
verdades gloriosas “del evangelio de la
gracia de Dios” (Hechos 20:24); porque ellos han de “desear, como niños recién nacidos, la
leche no adulterada de la
palabra, para que por ella crezcáis; si es que habéis gustado la benignidad del
Señor” (1 Pedro 2:2, 3). Esto,
por supuesto, incluye en ser “nutrido en las
palabras de la fe y de la
buena doctrina” (1 Timoteo 4:6); de otro modo, ellos
podrían haber “creído en vano”
(1 Corintios 15:2) en
el evangelio que salva (vv.1, 2). Por lo tanto, es de la importancia
suprema
para el nuevo creyente profeso de obtener una base doctrinal
sólida para saber,
no sólo en "Quien" ellos creen, pero también en lo
“Que" ellos
creen.
Yo sé que en este tiempo y edad, hay aquellos que
piensan es ser muy noble decir, "Yo no predico doctrina, sino
sólo a
Cristo"; o reclaman que la doctrina divide en vez de traer a los
"cristianos" en unidad. A tales, sólo les digo, si usted no
predica
la doctrina; y por "doctrina", yo significo las doctrinas
Bíblicas, ¿cómo
podemos diferenciar si usted no “predica otro
Jesús”, o tiene “otro
espíritu” y
trae “otro evangelio” de que el
apóstol Pablo advierte (2 Corintios 11:4), si usted no predica
la doctrina? Usted
quizás sólo le dirá a otros en "Quién"
creer, pero ¿"Que"
han de creer? ¡Parece que usted se ha olvidado que el Evangelio
que salva
consiste de las doctrinas de la Persona del Señor Jesucristo y
del plan de
salvación de Dios desde el principio hasta al fin! Considere muy
gravemente con
lo que el apóstol Pablo exhorta a Timoteo en su primera
epístola a él: “Ten cuidado de
ti mismo y de la
doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto, te
salvarás a ti
mismo y a los que te oyeren” (4:16). Para hacer de otro
modo, es de
apostatar; por que es la apostasía, sino de "caerse" de las
doctrinas
verdaderas “del evangelio de Cristo”
que “es el poder de Dios para salvación a
todo aquel que cree” (Romanos 1:16); cuál
salvación viene a aquellos a
quienes “Dios…haya escogido desde el
principio para salvación, por la santificación del
Espíritu y la fe en (o,
de) la verdad” (2
Tesalonicenses 2:13).
Otra cosa, es verdad que la doctrina divide; y ¡esa
es
la razón que tenemos tantas "iglesias" diferentes y
denominaciones!
Sin embargo, somos responsables en enseñar y predicar la
doctrina al pueblo de
Dios; y esto es mostrado muy claro en Efesios 4: “A
fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para
la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que
todos lleguemos en la
unidad de la fe
y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la
medida de la
estatura de la plenitud de Cristo; para que ya
no seamos niños
fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por
estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las
artimañas del
error. Antes
hablando la verdad en amor, crezcamos en todas las cosas,
en
Aquél que es la cabeza, en Cristo; de quien
todo el cuerpo bien ligado
entre sí, y unido por lo que cada coyuntura suple, conforme a la
eficacia y
medida de cada miembro, hace que el cuerpo crezca para la
edificación de sí
mismo en amor” (vv.12-16). Note que la
doctrina es la base para
la fe y la práctica y para la comunión en Jesucristo para
el cristiano; y donde
esto no es verdad, ¡habrá las divisiones simplemente
porque las doctrinas que
sostenemos hacen la diferencia!
Esto,
por supuesto, será mostrado por lo que enseñamos
con respecto a las doctrinas del Llamamiento y la Elección de
Dios, de lo que
el apóstol Pedro se refiere en nuestro texto. No obstante, la
seriedad de
Asegurar Su, o Nuestra, Relación con Dios lo hace imprescindible
que sepamos y
comprendemos lo que estas doctrinas significan; especialmente debido al
peligro
del "creerísmo fácil" de hoy; y que yo, o cualquier otro
cristiano
debemos tener el amor y concernir para el bienestar eterno de cualquier
cristiano profeso para asegurar que ellos estén en la fe; o como
el apóstol
Pablo exhorta a los creyentes de Corinto: “Examinaos
a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros
mismos. ¿No
os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo
está en vosotros, a
menos que seáis reprobados?” (2:13:5). Note que “la fe” aquí no es simplemente por la
cual creemos, sino lo que
creemos; es decir las doctrinas del “una
fe” (Efesios 4:5), por las cuales debemos “unánimes
combatir juntos” (Filipenses 1:27). Por lo tanto, lo que
el apóstol Pedro nos dice es que necesitamos comprender lo que
es el Llamamiento
y la Elección de Dios; de otro modo ¿cómo podemos "procurad tanto más hacerlas firme” para
nosotros?
Además, es también muy importante que
hagamos la
conexión con las palabras anteriores de nuestro texto; y con las
siguientes
palabras. Note que es dicho: “Por lo
cual, hermanos”; o "Consecuentemente más en un grado
mayor, hermanos…"
En otras palabras, en consecuente de lo que es dicho antes, debemos, en
un
grado mayor de concierne por nuestra salvación, utilizar la
velocidad para
asegurarnos de nuestro Llamamiento y Elección de Dios, es decir
ser pronto y
serio para ello. Eso significa que no debemos de tomarlo de por
sí sino de
basarlo en la base sólida de la Palabra de Dios; porque es
sólo allí que podemos
hacerlo “firme” o
"estable", o inmovible. Note las siguientes palabras de nuestro
texto: “Porque haciendo estas cosas, no
caeréis jamás”; o literalmente, "la
razón es que si haces estas cosas,
tú en absoluto nunca tropezarás jamás, es decir
fallaras de la salvación".
Por lo tanto, amados, “estas cosas” de
las cuales Pedro se refiere son de
las que los vv.3-9 nos dice han de ser encontradas en la vida del
creyente; y
ellas son las “cosas mejores…que
acompañan la salvación” (Hebreos 6:9); y
consecuentemente, ellas afirman
nuestro Llamamiento y Elección de Dios, no simplemente porque
"creemos en Jesús"
o hicimos alguna "decisión para Cristo" u oramos lo que es
llamado
comúnmente la "oración del pecador", sino porque “como todas las cosas que pertenecen a la vida y a
la piedad nos han
sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de
Aquél que nos
ha llamado a gloria y virtud; por medio de las cuales nos ha dado
preciosas
y grandísimas promesas, para que por ellas fuésemos hechos
participantes
de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que
hay en el
mundo por la concupiscencia” (1 Pedro 1:3, 4). Pero como
veremos, la certeza
de nuestra fe salvadora en el Señor Jesucristo será
solidificada por nuestro
Llamamiento y Elección por Dios a esta fe en Su amado Hijo,
quien vino a salvar
“a Su pueblo de sus pecados” (Mateo
1:21). ¡Aleluya!
Ahora, antes de tratar más directamente con las
doctrinas del Llamamiento y la Elección de Dios,
permíteme dar una palabra de
consolación y ánimo al hijo de Dios que quizás
esté en mucha duda y temor
acercas de su relación con Él. Por supuesto, hay tiempos
que cristianos
verdaderos quizás no tengan la certeza plena de fe con respecto
a su salvación;
y de hecho, quizás experimenten a lo que Isaías se
refiere en el capítulo 50:10
– “¿Quién hay entre vosotros que
teme a
Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas
y carece de luz”. Por alguna
razón, aunque ellos tienen
verdaderamente un temor de Dios y son obedientes al Señor,
todavía ha sido su
suerte de andar en tal oscuridad que previene la luz de alcanzarlos.
Parece que
su Dios los ha abandonado y no pueden ver Su rostro; y no tienen los
consuelos
y alegrías de una relación cercana con su Salvador. Las
razones pueden ser
muchas; inclusive los malentendidos de las doctrinas profundas de Su
Palabra.
Yo sé que ellas pueden causarnos de cuestionar nuestra fe en
preguntarnos,
"¿Verdaderamente Dios me ha llamado a ser Suyo"? o
"¿Cómo puedo
estar seguro que en verdad soy uno de Sus elegidos?" Tales preguntas,
temo, vienen porque muchas veces un hijo de Dios no ha sido
enseñado las
verdades maravillosas del evangelio de la gracia de Dios. Pero
cualquier que
sean las razones, tome a Dios en Su Palabra: “Confíe
en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios”. Por lo tanto, amados, no mira sólo a
las doctrinas simplemente como doctrinas, sino las doctrinas que
revelan la
grandeza de la Gracia Libre y Soberana de nuestro Dios que nos es dada
en Su
Hijo precioso, el Señor Jesucristo; y usted encontrará
que disipará toda
oscuridad con Su
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A este tiempo, consideraremos la doctrina del
Llamamiento de Dios; y cómo esto es conectado con asegurar
nuestra relación
salvadora con Dios. Como he indicado anteriormente en varias veces, la
certeza
de la salvación es mucho más que decir simplemente " Yo
creo en Jesús";
o solamente consintiendo a las verdades del evangelio de Jesucristo.
Todavía,
temo, que muchos, sí, muchos cristianos profesos se basan su
relación con Dios
sobre su "profesión de fe" y no en procurar en hacer su
llamamiento y
elección firmes, cuales dos cosas son esenciales para nuestra
salvación; y la
razón es que sólo ésos que son llamados de Dios y
escogidos por Él son los
únicos que pueden tener una relación salvadora con
Él en Jesucristo.
Preguntase,
¿por
qué diría el apóstol Pedro a nosotros los
creyentes de procurar hacer nuestro
llamamiento y elección firmes si ellos no son importantes para
nuestra certeza?
Es verdad que creyentes verdaderos pueden pasar sus vidas cristianas
sin la
certeza plena de fe como el Obispo
Ahora, al
considerar el Llamamiento de Dios con respecto a nuestra
relación con El,
necesitamos comprender lo que significa. Literalmente, la palabra
significa
simplemente "llamar", pero también "invitar" con la idea de
"por nombre" (palabras del hebreo y del griego). Esto al principio
nos dice, entonces, que los llamados por Dios a una relación con
Él, no sólo es
específico pero también es personal.
En otras palabras, amados,
implica el llamamiento de ciertas
personas particulares y Él lo hace en una manera personal de que
no hay error
de los que Él llama a Él. Lo que Dios dijo a
Jeremías es verdad de cada
creyente: “Antes que te formase en el
vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te
santifiqué…” (1:5);
y también del apóstol Pablo: “Mas
cuando
agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi
madre, y me llamó por su
gracia” (Gálatas 1:15), que puede ser interpretado no
sólo ser llamado para
Su servicio, pero también a la salvación. De cualquier
manera Dios tiene que
hacer el llamamiento; porque “no es del
que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”
(Romanos
9:16), a “cuantos el Señor nuestro Dios
llamare” (Hechos 2:39)
Pero ¿cómo
podemos hacer nuestro llamamiento seguro; y por lo tanto, asegurar
nuestra
relación con Dios? Creo que podemos hacer esto en brevemente
considerar algunas
de las características del llamamiento de Dios, que debe
confirmar mi relación
con Él. Estas cosas particulares deben existir y deben de ser
verdad de uno que
profesa ser cristiano; de otro modo como hemos notado antes que
podría ser
dicho de nosotros como el mismo Señor dijo a los de Sardis: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de
que vives, y estás muerto” (Apocalipsis 3:1).
¿Cómo puedo saber yo que soy
llamado de Dios? Bueno, en ninguna orden particular, pero considere primero que el llamamiento de Dios es uno de
santidad, “quien nos salvó y llamó
con llamamiento santo…” (2 Timoteo 1:9).
¡Sería una contradicción para uno reclamar una
relación con Dios y luego no ser
santo! Es dicho: “Porque no nos ha
llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1
Tesalonicenses 4:7); y
el apóstol Pedro agrega aún más: “Así
como Aquél que os llamó es santo, así
también vosotros sed santos en toda
vuestra manera de vivir” (1:1:15). Pueblo de Dios, hay “camino, y será llamado Camino de Santidad; no
pasará inmundo por él,
sino…, para que caminen los redimidos” (Isaías
35:8, 9). No yerre acerca de
esto: La santidad es uno de las pruebas de nuestra relación con
Dios. También,
no me entiende mal: Yo no me refiero a una perfecta impecabilidad;
porque aún
el santo más fiel puede pecar, y peca, a la vez u otra. Pero
tiene que haber un
continuo “perfeccionando la santidad en
el temor de Dios” (2 Corintios 7:1) en la vida del creyente
en que ellos
han sido “predestinados para que fuesen
conforme a la imagen de Su Hijo” (Romanos 8:29). ¿Es
esto verdad de mí?
En segundo
lugar, encontramos que el llamamiento de Dios es por Su
gracia.
El apóstol Pablo lo pone así: “Mas
cuando
agradó a Dios…, y me llamó por su gracia”
(Gálatas 1:15). En otras
palabras, esto significa simplemente que en ser llamado por Dios a una
relación
con Él, o sea en salvarnos o para servirle, no es dependiente en
nosotros
haciendo nada para merecerlo o que lo merecemos; porque como Romanos
11:6 lo
declara: “Y si por gracia, ya no es por
obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras ya no
es
gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. El
apóstol Pablo le dijo a Timoteo
y a todos los creyentes que en salvarnos Dios con un llamamiento santo,
Él lo
hizo “según su propósito y gracia,
la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del
principio de los siglos”
(2 Timoteo 1:9). Por lo tanto, sólo mirando SOLO a la gracia de
Dios nos
asegurará que tenemos una relación con El; y que por esta
gracia SOLA nos llamó
a Él en Jesucristo; porque es “el Dios
de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Cristo
Jesús…” (1
Peter 5:10). Para uno asumir que Dios lo ha llamado a una
relación con Él por
ser "bueno" o "religioso" es de perder totalmente “la
meta, al premio del supremo llamamiento
de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14).
¿Estoy mirando SOLO a la gracia
de Dios?
Terceramente,
también el llamamiento de Dios es por los medios
del evangelio. Note que
Pablo le dice a los creyentes de Tesalónica que la
salvación que obtuvieron fue
porque Dios “los llamó por nuestro
evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor
Jesucristo” (2
Tesalonicenses 2:14). En ningún lugar de las Sagradas Escrituras
es dado jamás
la esperanza de cualquiera ser llamado por Dios aparte del evangelio de
Jesucristo. Todo lo que el evangelio es, según 1 Corintios
15:1-4, son LOS
UNICOS MEDIOS por cual Dios llamará a cualquier pecador a una
relación con Él;
porque es creer verdaderamente en la muerte, la sepultura y la
resurrección del
Señor Jesucristo que salvará a cualquiera de nosotros.
Omita algo de este
evangelio glorioso, por minúsculo que quizás parezca para
algunos, no hay
esperanza de una relación salvadora y eterna con Dios; y por lo
tanto, no tienen
base de la certeza que ellos han sido llamados de Dios. No piense ni
por un
momento que esto no es importante; porque como el apóstol Pablo
advierte: “Estoy maravillado de que tan pronto os
hayáis traspasado del que os llamó a la gracia de
Cristo, a otro
evangelio: No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban,
y quieren pervertir
el evangelio de Cristo” (Gálatas 1:6, 7).
¡Confirme que
USTED cree el evangelio verdadero para que pueda saber que es llamado
de Dios! ¿Verdaderamente
lo creo yo?
Luego, en el
cuarto lugar, el llamamiento de Dios tiene
que ser aplicado por el Espíritu Santo.
El apóstol Pablo declara: “Nuestro
evangelio llegó a vosotros no sólo en palabra, sino
también en poder, y en el
Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 1:5); y Pedro nos
dice que ellos “predicaban el evangelio por el
Espíritu
Santo enviado del cielo…” (1 Pedro 1:12). Por lo
tanto, es obvio que para
que el predicar del evangelio sea eficaz en ésos que lo oyen el
Espíritu Santo
participa en llamar a esos a quienes Dios salvará. Para
ilustrar: Dos pecadores
perdidos oyen el evangelio predicado, pero sólo uno responde con
“arrepentimiento para con Dios, y la fe en
nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). ¿Por
qué? La única respuesta que
podemos dar es que el Espíritu Santo capacita al uno mientras
deja al otro
muerto en sus pecados. ¿Recuerda a los dos ladrones crucificados
al lado del
Señor Jesucristo? Sólo uno “dijo a
Jesús:
Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu
reino” (
Además,
en quinto lugar, vemos que el llamamiento
de Dios sólo puede ser
verdad en el Señor Jesucristo. Todos los creyentes
verdaderos son “los llamados de Jesucristo” (Romanos
1:6) y que fuimos “llamados a la comunión
de su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9)
y “a su gloria eterna por Cristo Jesús”
(1
Pedro 5:10). ¿Qué significa esto? Simplemente esto,
amados, que Dios no llamará a nadie a una
relación con Él
aparte de Su amado Hijo. Por lo
tanto, sólo ésos que han creído y vienen
verdaderamente al Señor Jesucristo
como su Salvador son los únicos que
pueden asegurar su relación con Dios. No es simplemente decir
"Yo creo en Jesús",
lo cual temo que muchos cristianos profesos pueden decir, sino que es “conocerlo” verdaderamente en una manera
íntima y personal (
Podríamos agregar aún más de las características del Llamamiento de Dios pero sea suficiente para ahora que los anteriores cinco puntos nos muestran cómo podemos asegurar nuestro llamamiento. Note que ellos no son simplemente argumentos abstractos e "intelectuales" de esta doctrina; al contrario, ellos son muy prácticos. El creyente verdadero puede tomar estas verdades y aplicarlos a su vida y asegurar su relación con Dios. Pero no es porque simplemente consienten a ellos y creen que son verdaderos; no, es porque son verdaderos en su vida cotidiana. Es verdad que debido al pecado en sus vidas ellos quizás no puedan verlos (como el apóstol Pedro se refiere a esto en el versículo 9 antes de nuestro texto); mas sabemos que Dios nunca abandonará a cualquiera de los Suyos y que de Su gracia y misericordia Él los traerá para atrás a Él. Pero no vamos a presumir sino ser obediente a Su exhortación: “Por lo cual, hermanos, procurad tanto más hacer firme vuestro llamamiento y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Amén.
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Ahora,
permitidnos que consideremos en este momento cómo podemos
asegurar nuestra
relación con Dios en hacer nuestra elección firme, como
exhortado por nuestro
texto: “Procurad tanto más hacer firme
vuestra…elección”. Esto, al
principio, nos dice que nuestra relación salvadora con Dios
tiene una conexión
definida con la elección; pero permítame decir que esta
elección tiene
absolutamente nada que ver con nosotros "escogiendo" a Cristo de ser
nuestro Salvador con hacer 'una decisión por Él', como
tan popularmente es creído
y practicado en estos días degenerados. La elección
aquí en nuestro texto es
esa verdad gloriosa del evangelio de la gracia de Dios por la cual
Él “nos escogió en (Cristo) antes de
la
fundación del mundo” (Efesios 1:4) “para
salvación” (2 Tesalonicenses 2:13). Por lo tanto,
veremos, por el
beneplácito de Dios, en hacer nuestra elección firme, nos
mostrará que somos
uno de Sus elegidos en Su amado Hijo y que Él lo hizo
incondicionalmente sin
consideración a cuán bueno o malo habíamos sido, o
éramos (Romanos 9:11), sino
simplemente porque le complació escogernos para ser de
Él, ¡aún antes de la
existencia del universo! ¡Bendito sea Él quien es
Todo-Sabio! ¡Amén!
Lo
que queremos hacer es mirar a algunas de las características de
la Elección
como nos es presentado de las Sagradas Escrituras y compararlas con
nuestra profesión
y práctica como cristianos en nuestras vidas diarias.
Encontraremos que si
meditamos devotamente en el contexto de nuestro texto, tiene que ver
con cómo
vivimos como cristianos. No es simplemente teológico sino
práctico. Así que en “procurad tanto
más hacer firme nuestra…elección”
quiere decir, entonces, que no debemos de dar por sentado que tenemos
una
relación con Dios simplemente a causa de algún "llamado
del altar y pasar
al frente", o de "levantar la mano", o "repetir la oración
del pecador"; o ¡algo como eso! De hecho, ¡aún no
debemos de depender en
que nacimos de padres cristianos, crecimos en la iglesia, o porque
oramos,
leemos la Biblia; e incluso que fuimos "bautizados"! Temo que hay
muchos en las iglesias que reclama "creer en Jesús", y
todavía no
puede hacer firme su elección. Verdaderamente,
¡cuán trágico será para muchos
que se pararan ante Cristo y le llamarán “Señor,
Señor”; y todavía oirán esas palabras
atroces de los labios de Aquél
quienes ellos profesaron en creer, “Nunca
os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad”
(Mateo 7:23)!
Habiendo
dicho eso, vamos a ver a algunas cosas con respecto a la
Elección, mientras
teniendo presente al mismo tiempo que la Elección es un hecho
soberano de Dios,
por lo cual Él asegura la salvación de los elegidos. En
otras palabras, ¡todos
esos escogidos en Cristo serán salvados!
Pero eso no significa que los elegidos pueden vivir en cualquier manera
que
ellos quieren simplemente porque tienen la certeza de la
salvación. Las
características de la elección no permite eso. Como
veremos, la elección demanda
un tipo particular de vida que demuestra que uno ha sido escogido de
Dios; y
por lo tanto, es necesario para nosotros que profesamos el Nombre de
Cristo de
ser diligentes acerca de ello; de otro modo, hay el peligro de caer de
nuestra
profesión si no es conforme con la elección. Por
supuesto, eso no significa que
los elegidos no pueden, o nunca pecan. Cada uno de los elegidos de Dios
son
propensos a pecar, pero la doctrina de la elección nos
mostrará que ellos no
pueden continuar en el pecado y por lo último ser perdidos. Por
el otro lado,
la doctrina de elección nos enseñará que si
nuestras vidas son conformes con sus
enseñanzas, entonces podemos asegurar nuestra relación
con Dios. ¡Aleluya!!!
Primero, notamos que la Elección tiene que ver con
la Gracia;
y en Romanos 11 es llamada “la elección
de gracia” (v.5). Esto significa, amados, ¡que TODOS
los beneficios de la
elección es TODO DE GRACIA! En otras palabras, Dios,
según Su voluntad soberana
y buen placer fue complacido de escogernos en Cristo y a todo que
incluye “las riquezas de su gracia”
(Efesios
1:7). No tuvo nada que ver con algo que hicimos, o nuestras “obras”:
“Y si por gracia, ya no es por obras, de otra manera
la gracia ya no es
gracia. Y si por obras ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es
obra”
(Romanos 11:6). Por lo tanto, en la elección Dios propuso de
derramar sobre
nosotros Su gracia en Jesucristo para traernos a una relación
con Él, y no
porque Él vio "algo" en nosotros que lo causaría que
trate con
nosotros con Su gracia. Así que, en “hacer
firme nuestra…elección”, tenemos que hacerlo en
la luz gloriosa de la Gracia
Libre y Soberana de Dios; y si nos osamos "agregar" cualquier cosa a
ello, encontraremos que no tendremos ninguna certeza de una
relación salvadora con
Dios en Jesucristo. Mire a la Elección por sus Obras, usted
caerá; pero mire a
la Elección por la Gracia de Dios, usted puede estar seguro de
esto: “El Dios de toda gracia” (1 Pedro
5:10),
no sólo te sostendrá para que seas salvo (Salmo 119:117),
pero ¡“abajo los brazos eternos”
(Deuteronomio
33:27) que te sostendrán para siempre! Amén.
En segundo lugar, vemos que la Elección tiene que
ver con la Santidad.
Considere lo que Efesios 1:4 nos dice: “Según
nos escogió en Él antes de la fundación del
mundo, para que fuésemos
santos y sin mancha delante de Él…” En otro
lugar leemos: "Vestíos, pues, como escogidos de
Dios, santos y amados, de entrañas de
misericordia…..” (Colosenses
3:12). “Mas vosotros sois linaje
escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo
adquirido; para que
anunciéis las virtudes de Aquél que os llamó de
las tinieblas a su luz
admirable” (1 Peter 2:9). No podemos perder la verdad de este
punto
particular: ¡Que los elegidos de Dios han de ser un pueblo santo!
Pero como
tantas otras veces he dicho: La santidad no significa que somos
impecable; pero
por el otro lado, significa que los elegidos han sido "separados" del
mundo y del pecado; y así por lo tanto, los elegidos han de
vivir tal vida que
será visto que ellos han sido "separados" para Dios en la
elección.
De hecho, aunque hay muchas cosas que son verdad en la vida del
elegido; no
obstante, la belleza de santidad es algo que nosotros que profesamos a
Cristo
no podemos evitar; porque somos exhortados de “seguir…la
santidad, sin la cual nadie verá al Señor”
(Hebreos
12:14). Seguramente, desde ya que pertenecemos a Él en la
elección, si nos
desviamos del Señor en el pecado y la desobediencia, Él “nos castigará…para lo que nos es
provechoso, a fin de que participemos
de su santidad” (v.10).
Pero luego, vemos terceramente que la Elección tiene
que ver con la salvación. En 2 Tesalonicenses 2:13 leemos “que Dios os haya escogido desde el
principio para salvación, por la
santificación del Espíritu y la fe en la verdad”.
Esto es muy humillante en saber que si somos de ser salvos “no
es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia” (Romanos 9:16). En otras palabras, amados, la
única esperanza
que tenemos para la salvación es que Dios ha sido complacido de
incluir a cualquiera
de nosotros en Su “elección de gracia” (11:5);
porque como es indicado en otro lugar: “Porque
por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros;
pues
es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”
(Efesios 2:8, 9).
Por lo tanto, si hemos de asegurarnos que tenemos una relación
salvadora con
Dios en Jesucristo, tenemos que ser diligentes en hacer nuestra
elección en Él
inamovible; y la manera que hacemos esto es por la manera que vivimos
como referido
en los versículos anteriores, 'eso es, ellos habían de
actuar de tal manera
para hacerlo cierto a sí mismos que habían sido
escogidos, y fueron
verdaderamente llamados al reino de Dios' (Comentario de Barnes, mi traducción). La certeza de nuestra
salvación
a causa de la Elección es como lo pone Pedro: “Porque
haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (v.10),
es decir 'errar, fallar (de la salvación)'
(Diccionario griego de Strong, mi
traducción).
En el cuarto
lugar, la Elección tiene que ver con la
Soberanía de Dios. Ahora, si hay
un aspecto de la Elección que causa realmente que el pelo se
pare es de ser
dicho que si habemos de tener alguna esperanza de ser escogido para la
salvación, Dios tiene que hacerlo únicamente porque es Su
"decisión"
de hacerlo; ¡y no nosotros! El Señor Jesús lo pone
así: “No me elegisteis vosotros a mí;
sino que yo os elegí a vosotros…”
(
Luego, en quinto
lugar, la Elección tiene que ver con el
Señor Jesucristo. Somos dichos
específicamente que Dios “nos escogió
en (Cristo)”
(Efesios 1:4). Lo qué esta verdad traer a luz es que para
cualquiera de
nosotros ha de “hacer firme
nuestra…elección”, entonces
tenemos que asegurar que
estamos en Jesucristo; y que tenemos una relación personal con
Él como nuestro
Salvador. Ya ven, amados, cuando Dios nos mira, aunque Él nos
vea en una manera
individual y personal, todavía en todo lo que Él hace
para nuestro bien, Él lo
hace como Él nos ve en Cristo; y ¡esto aún antes de
la fundación del mundo! Lea
devotamente Efesios 1 y regocijase al ver lo que Dios hizo, o hace,
para usted
por amor de Cristo. Note que Él lo bendice con todas las
bendiciones
espirituales en Él, en amor lo predestinó para
adopción por Él, Él le hizo
aceptó en Él, usted tiene la redención por Su
sangre, y habiendo confiado en Él
es sellado con el Espíritu Santo de la promesa. Pero
éstos son los resultados
de haber sido escogido en Cristo; y de hecho, aparte de la
elección no podemos
tener una relación salvadora con Dios. De ahí somos
exhortados por Pedro de “hacer firme
nuestra…elección”; no
obstante, no debemos sólo de hacerlo tanto
teológicamente, sino prácticamente.
En otras palabras, uno puede aceptar que esta doctrina es verdad, pero
la vida
personal del "creyente en Jesús" profeso puede contradecir la
verdad
de la elección por la manera que ellos viven.
Oh, podría pasar y enumerar algunas más cosas con respecto a la Elección, pero que sea suficiente que los cinco puntos presentados hagan muy claro la importancia inmensa de “hacer firme nuestra…elección”. No podemos sólo asumir que porque reclamamos "creer en Jesús" que todo esta bien en nuestra relación con Dios. Recuerde que lo que Santiago dice en su epístola es todavía verdad para nosotros hoy: “Tú crees que hay un Dios; bien haces; también los demonios creen y tiemblan” (2:19). También, el Señor Jesús nos dice que “no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo” (Mateo 7:21). Nosotros no podemos dar por sentado que porque tenemos una profesión ni la membresía en alguna iglesia eso garantizará que somos verdaderos cristianos. Como Pablo exhorta la iglesia en Corinto de “examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que seáis reprobados?” (2 Corintios 13:5) va con “hacer firme nuestra…elección”; especialmente ¡ya que en ser un “reprobado” es de haber sido desaprobado, eso es, rechazado (Diccionario Griego de Strong) por Dios y no ser de Su “elección”! Por lo tanto, amados, vamos a mirar a nuestras vidas bajo la luz de la Elección; y si refleja las verdades gloriosas de ella, entonces podemos asegurar nuestra relación con Dios en Jesucristo. Amén.
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Ahora, como
llegamos a la conclusión de nuestro mensaje, vamos a ser
recordados que la
certeza de nuestra relación con Dios no es simplemente una
teológica, es decir,
que aceptamos las verdades maravillosas de las doctrinas del
Llamamiento y de
la Elección de Dios y que eso nos asegurará que tenemos
una relación salvadora
con Él. Como indiqué anteriormente, estas verdades
también tienen que tener un
efecto práctico en nuestras vidas; de otro modo, podemos
encontrarnos correctos
doctrinalmente, pero muy equivocados en la práctica de ellos. Es
dicho que si
recibimos la Palabra de Dios como tal es, ella tendrá un efecto
en nosotros: “Cuando recibisteis la palabra de Dios
que
oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres,
sino como es en
verdad, la palabra de Dios, la cual obra también en vosotros
que creísteis”
(1 Tesalonicenses 2:13). Por lo tanto, amados, no sólo debemos
de ser correctos doctrinalmente, pero también correctos prácticamente en nuestro andar
cristiano. Esto, yo creo, es la intención del apóstol
Pedro en nuestro texto
cuando él dice no sólo “procurad tanto
más hacer firme vuestro llamamiento y elección”,
pero también que “haciendo estas cosas, no
caeréis jamás” (2
Pedro 1:10). “Estas cosas”, por
supuesto, son las cosas que deben estar en nuestras vidas como el
pueblo de
Dios mencionadas en los versículos 5-7, lo cual también
debemos de poner “diligencia en esto mismo”, y “añadid a vuestra fe, virtud, y a la
virtud, conocimiento; y al conocimiento, templanza, y a la templanza,
paciencia, y a la paciencia, piedad; y a la piedad, amor fraternal, y
al amor
fraternal, caridad”, que promete que “si
en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar
ociosos, ni
estériles en cuanto al conocimiento de nuestro Señor
Jesucristo”.. En otras palabras, amados,
ellas nos
asegurarán que tenemos una relación salvadora con Dios y
que no fallaremos de
salvación porque ellas probaran que tenemos un conocimiento de
salvación en
nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Pero luego,
encontramos en el sentido práctico, llegamos tan cortos de la
vida evangélica
ideal en nuestro andar con nuestro Salvador precioso. El apóstol
Pablo nos
enseña eso en el séptimo capítulo de Romanos, los
versículos 15-23. Allí
encontramos que debido al pecado que está en nosotros, haremos
lo malo en vez
de lo bueno que debemos de hacer. Mientras que estemos en “este
cuerpo de muerte” (v.24), lucharemos con el pecado y la
tentación;
y tristemente, muchos veces cederemos ante ellos que
contradecirán nuestra
profesión como "cristianos". No obstante, es para nuestro
bienestar
eterno, que nuestro andar sea
consecuente con nuestra doctrina, las
cuales que fueron mostradas por las doctrinas del Llamamiento y de la
Elección
de Dios. Por lo tanto, las verdades de estas doctrinas deben ser verdad
en
nuestras vidas a pesar de nuestras luchas con el pecado; e incluso en
tiempos
que quizás cedamos ante sus tentaciones. Pero en la otra mano,
encontramos que
en nuestros muchos fracasos, estas verdades maravillosas
brillarán con la luz
gloriosa de la gracia de Dios que nos dirige a la restauración y
el perdón en
Jesucristo, en Quien hemos sido escogidos y llamados “para
que fuésemos santos y sin mancha delante de Él”
(Efesios
1:4). ¡Aleluya!
Por lo
tanto, reconociendo esto, permíteme presentar algunas
aplicaciones prácticas
que nos ayudarán a asegurar nuestra relación con Dios,
que para el creyente
deben de ser "normales"; porque veremos que estas cosas nos son dadas
para “hacer firme (nuestro) llamamiento y
elección”. Primero, Dios ha sido
complacido en darnos Su Palabra, por que no sólo somos
enseñados lo que debemos de "creer", pero
también ¡cómo debemos de vivir! Ya
ven, amados, las Sagradas Escrituras nos enseñan lo que es el
Llamamiento y la
Elección de Dios; y de lo que consiste. Por lo tanto, cuando la
estudiamos y
meditamos sobre ella, podemos comparar nuestras vidas consigo; y de
este modo será
“útil para enseñar, para
redargüir, para
corregir, para instruir en justicia, para que el
hombre de Dios sea
perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2
Timoteo 3:16, 17) como los llamados y elegidos de Dios. Es nuestra
responsabilidad
en no presumir de nuestra "profesión"; ni como tan
comúnmente es
llamado hoy, "nuestra decisión para Cristo"; sino “examinarnos
a nosotros mismos si estamos en
la fe” (2 Corintios 13:5), la cual es “conforme
a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es
según la
piedad” (Tito 1:1). Pero para confirmar todo esto, tenemos
que mirar a la
Palabra de Dios; porque SOLO allí podemos aseguramos que tenemos
una relación
de salvación con Dios en Jesucristo. En hacer esto, necesitamos
tener cuidado
que no tratamos de conformar la Palabra de Dios a nuestras ideas
preconcebidas de
lo que es un "cristiano", sino que es como un martillo, un fuego y
una espada de dos filos para conformar nuestras vidas a ella para que
al fin será
probado que somos de los Llamados y Elegidos de Dios.
En segundo
lugar, hemos sido dados la
gracia de Dios del principio hasta al fin, por lo cual somos asegurados
que lo
que Dios ha comenzado en nosotros, Él lo terminará “según las riquezas de su gracia”
(Efesios 1:7; 2:7). Aunque sea
verdad que del principio de nuestra carrera, es decir, de la
regeneración a la
glorificación, habrán muchos tropiezos y
obstáculos por el camino, mas podremos
decir con el apóstol Pablo: “He peleado
la buena batalla, he acabado mi carrera, he guardado la fe”
(2 Timoteo
4:7). Pero por todo eso, no ha sido nuestra sabiduría, o fuerzas
ni rectitud,
sino la gracia de Dios que ha sido eficaz en nuestras vidas. Es
sólo como
recibimos “gracia por gracia” de la
plenitud del Señor Jesucristo que las verdades maravillosas del
Llamamiento y
la Elección de Dios serán verdad en nuestras vidas; en
otras palabras, para
hacer nuestro llamamiento y la elección firmes, tenemos que
depender en la
gracia de Dios; porque como es escrito: “Acerquémonos,
pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y
hallar
gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16); y
cuán verdadero es
eso para nuestro texto. Tenemos que recordar que la “gracia”
de Dios, “nos fue
dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los
siglos” (2 Timoteo
1:9); y así que no sólo nos salvará (Efesios 2:8),
pero nos guardará salvos al crecer
en esta gracia (2 Pedro 3:18). Ya ven, amados, la gracia es esa fuente
de la
cual fluye todo lo que necesitamos en nuestras vidas como creyentes en
Cristo;
y como nosotros diario bebemos de esta fuente insondable de las
riquezas de la
gracia de Dios, seremos asegurados de nuestra relación con Dios
en que hemos
sido hechos aceptos en el Amado Hijo de Dios (Efesios 1:6).
Luego, terceramente, hemos sido dados la
promesa del bendito Espíritu Santo y Él mora en nosotros
(Gálatas 3:14; Romanos
8:9). Eso quiere decir, entonces, que no sólo hemos “nacido
del Espíritu” (
Pero ahora cuartamente, vamos a tener presente que
nuestro Salvador precioso, el Señor Jesucristo, estará
con Su pueblo “todos los días, hasta el fin
del mundo. Amén”
(Mateo 28:20); y que Él prometió: “No
te
dejaré ni te desampararé” (Hebreos 13:5). Eso
quiere decir, amados, que
tenemos el ejemplo perfecto antes nosotros, y en nosotros, para vivir
como los
Llamados y Elegidos de Dios a causa de Él. ¿No dijo
Él en
Por lo
tanto, en conclusión, encontramos que “procurad
tanto más hacer firme vuestro llamamiento y
elección”, Dios no nos ha
dejado a nuestros propios dispositivos, sino a Su gracia “que
(nos) es dada en Cristo Jesús” (1 Corintios 1:4) para
que
hasta al fin seremos fieles para hacerlo. Por eso leemos de “los
que están con Él son llamados, y
elegidos, y fieles” (Apocalipsis 17:14). Oh, amados,
qué así sea con
cada uno de nosotros que profesamos el Nombre glorioso del Señor
Jesucristo para
que la promesa preciosa incluida en nuestro texto también sea
verdad de
nosotros: “Porque haciendo estas cosas,
no caeréis jamás. Porque de
esta manera os será abundantemente administrada la entrada en
el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”
(2 {Peter 1:10, 11}. Amén.