"Señor, ¡golpea este pecado!"

(Tomás Watson, "The Godly Man's Picture Drawn with a Scripture Pencil) El Cuadro de un Hombre Piadoso Dibujado con el Lápiz de la Escritura
Traducido por Lasaro Flores
"Sumamente acendrada es tu palabra; y la ama tu siervo" (Salmo) 119:140

¿Amamos la santidad de la Palabra? La Palabra es predicada -- para derribar el pecado, y para avanzar la santidad. ¿La amamos por su espiritualidad y pureza? Muchos aman la Palabra Predicada sólo por su elocuencia y noción. Ellos vienen a un sermón como a un representación teatral (Ezequiel 33:31,32) o como a un jardín para coger flores; pero no para tener sus concupiscencias sujetadas o sus corazones purificados. ¡Estos son como una mujer insensata que se pinta su cara -- pero descuida de su salud!

¿Amamos las convicciones de la Palabra? ¿Amamos la Palabra cuando viene a casa a la conciencia y dispara sus flechas de reprensión a nuestros pecados? Es el deber del ministro a veces de reprender. ¡El que puede hablar palabras lisas en el púlpito -- pero no sabe cómo reprender, es como una espada con un asidero fino, pero sin filo! "¡Reprende con toda autoridad!" (Tito 2:15). ¡Moje el clavo en el petróleo -- reprende con amor -- pero da al clavo en el blanco!

Ahora cristiano, cuando la Palabra toca tu pecado y te dice, "¡Tú eres aquel hombre!" (2 Samuel 12:7), ¿amas la reprensión? ¿Puedes bendecir a Dios que "la espada del Espíritu" (Efesios 6:17) ha dividido entre ti y tus concupiscencias? Esto es verdaderamente un signo de la gracia, y muestra que tu eres un amante de la Palabra.

Un corazón corrompido ama los consuelos de la Palabra -- pero no las reprensiones: "¡Ellos aborrecieron...al reprensor, y al que hablaba lo recto abominaron!" (Amos 5:10). ¡"Sus ojos destellan con el fuego"! ¡Como criaturas venenosas que a lo menos tocan, escupen veneno! "¡Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujían los dientes contra él!" (Hechos 7:54). Cuándo Esteban tocó sus pecados, ellos estuvieron furiosos y no lo podían aguantar.

¿Cómo sabemos que amamos las reprensiones de la Palabra?

Cuándo deseamos de sentarnos bajo un ministerio escudriñador de corazón. ¿Quién tiene cuidado de las medicinas que no trabajan? Un hombre piadoso no escoge sentarse bajo un ministerio que no trabaja sobre su conciencia.

Cuándo oramos que la Palabra pueda encontrarse con nuestros pecados. Si hay alguna concupiscencia traidora en el corazón -- queremos que sea hallada, y que sea ejecutada. ¡No queremos que el pecado sea cubierto; sino curado! Podemos abrir el corazón a la espada de la Palabra y decir, "Señor, ¡golpea este pecado!"

Cuándo estamos agradecidos por una reprensión. "Que el justo me hiera con bondad y me reprenda; es aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza" (Salmo 141:5-La Biblia de Las Américas). David estaba contento por una reprensión.


Suponemos que un hombre estaba en la boca de un león, y otro dispararía al león y salvara al hombre; ¿no estaría él agradecido? Así, cuando estamos en la boca del pecado, como de un león, y el ministro por una reprensión dispara a este pecado para muerte -- ¿no estaremos agradecidos?

¡Un alma agradecida se regocija, cuando la lanza aguda de la Palabra ha perforado su absceso del pecado! El lleva una reprensión como una joya en el oído: "Como pendiente de oro y adorno de oro fino es el sabio que reprende al oído atento" (Proverbios 25:12-La Biblia de Las Américas).

Para concluir, es la predicación convencera que debe hacer el alma bien. Una reprensión que pellizca prepara para el consuelo -- como una escarcha pellizcadora prepara para las flores dulces de la primavera.  

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