La justicia consiste en dándole a cada uno su debido. Ha sido distinguido en Conmutativo y Distributivo. La Justicia Conmutativa es el tratamiento justo en el cambio de comodidades, y pertenece al comercio. La Justicia Distributiva recompensa o castiga a los hombres según sus acciones, y pertenece al gobierno. En cualquier de los dos, la justicia es relatada a la distribución de la felicidad, o los medios para procurarla, y se prosupone un principio o regla que se conforma a esta distribución, y, según a la cual, algo es debido a los partidos. La Justicia Conmutativa dirige el dar de uno de los medios de goce en cambio por otro, así para no perturbar la proporción de felicidad asignada a cada uno; pero la justicia Distributiva sube más alto, y respeta la mera asignación o distribución de felicidad, dando a uno, y deteniendo de el otro, según a una regla. Es en el sentido posterior que la justicia es atribuído a Dios. Esto implica la existencia de un gobierno moral; y es el atributo el cual asegura una administración perfecta y fiel.
Algunos han admitido otra distinción, a la cual se le ha dado el nombre de la Justicia Pública. Esto determina el carácter del gobierno moral de Dios, y las reglas según a las cuales procede. Puede ser considerado como una pregunta de definición, si la existencia y el carácter del gobierno moral de Dios ha de ser atribuído a Su justicia o Su bondad. En que este gobierno tiende al bien más grande del universo, no aparece ninguna razón en negar que originó en la bondad de Dios; y si es ascribido a Su Justicia Pública, esa justicia podrá ser considerado una modificación de Su bondad.
En el gobierno moral de Dios, los hombres son considerados como seres sencientes y morales, y la cantidad de sus goces es regulado con referencia a su carácter moral. La adaptación precisa de esto es la provinica de la justicia. En la ceguedad de la depravación humana, los hombres reclaman los goces como un derecho natural, irrespectivo de su conducta y carácter moral. Ellos rechazan el gobierno moral de Dios, y buscan la felicidad en sus propias maneras. Esta es la rebeldía de ellos, y en esto la justicia de Dios se opone a ellos. Este es el atributo cuál los llena con terror, y coloca la omnipotencia encontra de ellos. El gobierno moral de Dios tiene que ser derribado, y el monárca del universo corrido de su asiento alto de autoridad, o no habrá ninguna esperanza de escape para el pecador. Él se lanzaría alegremente en el almacén vasto de los goces cuál la bondad infinita ha proveído y reclamarlos como suyos, y entregarse a ellos a su gusto; pero la espada de justicia guarda la entrada. En oposición a sus deseos, el gobierno de Dios esta establecido firmemente, y la justicia y el juicio son la habitación de Su trono. Aún en el mundo presente, las manifestaciones de este gobierno son por dondequiera visibles; y es aparente que hay un Dios, un Dios de justicia, quien juzga en la tierra; pero la exhibición grande es reservada para el juicio del día grande. La consciencia ahora, en el lugar de Dios, frecuentemente pronuncia la sentencia, aunque su voz no es atendida; pero la sentencia de los labios del Juez Supremo no puede ser pasado por alto, y fijará la pedición final del pecador.
Aunque hay corazones tan duros que no son
afectados
por un sentido de la justicia de Dios, una vista correcta de este
atributo
glorioso y temible inspirará aquél temor de
Jehová,
cuál es el principio de sabiduría. Una seguridad
permanente
que un Dios justo esta sentado en el trono del universo, es
indispensable
al ejercicio propio de la piedad.
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