EL AMOR DE DIOS

Por Rev. D.H. Kuiper

 Traducido por Lasaro Flores

“El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por Él. En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:8-10)

Sin duda el amor de Dios es el tema que es predicado, en las iglesias en los campos misiónarios, más que cualquier otro asunto. Extraño que decir, hay muchos que hablan del amor de Dios quienes son realmente extranjeros al significado del amor divino. ¡Dios es amor! Pero el amor es un aspecto del divino Ser, porque ya que una vez ha declarado que Dios es amor, soy obligado seguir y decir que Dios también odia. Dios ama y Él odia, Él bendice y Él maldice, Él corrige y Él castiga, Él salva y Él condena. Y es cuando vemos y confesamos ese cuadro completo que el amor de Dios llega a ser muy precioso para nosotros; porque Dios no ama a todos, sino que Él ama a un pueblo elegidos en Jesucristo.

¡El amor de Dios es asombroso! ¡Asombroso cuando consideras Quién ama, cómo Él ama, cómo Él revela ese amor, y a quienes Él ama! Quiero saber más acercas del amor de Dios, ¿también usted? Consigamos los términos Bíblicos para el amor ante nuestras mentes para que puédanos llegar a una definición Bíblica del amor de Dios.  

Hay dos términos hebreos para el amor: uno tiene la raíz que significa de amarrar, de atar, de pegar juntos; el otro tiene la idea de respirar detrás, el anhelo de, deseando totalmente. El término griego, utilizado por Juan en el pasaje citado anterior y por Pablo también, concuerda contiguamente con el hebreo. Como Pablo escribe a los de Colosenses (3:14), el amor o caridad es “el vínculo de perfección”. El amor puede existir y prosperar sólo en la esfera de la perfección moral, donde hay santidad, la justicia, y la verdad. Para que el amor sea mutuo, para que el amor prospere y crezca, el que ama y el que es amado deben de ser éticamente perfectos. Esto es la gran razón por qué Dios odia aún como Él ama. Dios se deleita en Él Mismo y en ciertos hombres porque Él es la perfección más alta, y porque Él han proporcionado la perfección en ciertos hombres. Pero Dios no toma delicia en las tinieblas; Él lo odia. Y Dios no toma delicia en los obradores de iniquidad; Él los odia. Porque Dios es amor, el amor es de Dios; eso es, todo amor verdadero encuentra su fuente en Dios. De ahí, podemos definir amor de esta manera: en Dios, el amor es el vínculo de la comunión que existe eternamente entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, según a lo que estas Personas perfectas buscan, encuentran, se deleitan en el Uno al Otro. En el respeto al amor fuera de la Divinidad, el amor es lo espiritual; el vínculo de la comunión entre personas éticamente perfectas, quiénes a causa de esa perfección, se deleitan en el uno al otro y se buscan el uno al otro.  

Si uno examina las ocurrencias de la palabra amor en la Biblia, él encuentra que el amor de Dios es caracterizado por diez virtudes sobresalientes. 1.) El amor de Dios es soberano o libre, porque Él no tenía que amar a nadie ni fue Él influido por nada cuando Él puso Su amor en ciertas personas. 2.) El amor de Dios es eterno en que nunca hubo un tiempo cuando Él no se amaba ni a Su pueblo. 3.) El amor de Dios es incondicional en que en su principio y en su continuación lo bueno o lo malo en el hombre no lo influye. 4.) El amor de Dios es inalterable porque a quienes Él ama siempre permanecen los objetos de ese amor. 5.) Su amor es particular porque no arde para cada hombre, sino por unos definidos pocos. 6.) Su amor es fuerte, aguantando las pruebas más severas, capaz de seguir al rebelde y volviéndolo al camino de vida. 7.) El amor de Dios es primario o primero, es un amor casual, trabajador, produciente; todo otro amor es el resultado de ello. 8.) Su amor es siempre fructífero, porque Dios nunca mas amó a un hombre y luego ese hombre falló de amar a Dios, a su hermano, y a su prójimo. 9.) El amor de Dios es siempre el amor de un Padre, de modo a quienes Él ama experiencian que ellos son Sus hijos y Sus hijas. Y 10.) El amor de Dios siempre da; pertenece a la naturaleza del Dios amoroso siempre dar. Volveremos a esta idea de dar en un momento.

Alguien puede preguntar si es realmente necesario para la Iglesia proclamar que Dios ama y odia, que Él se extiende en amor para los hombres de Su buen placer pero está enojado con el impío cada día, que Él ama y que Él condena. Nuestra respuesta es, Sí, eso es necesario por tres razones. Primero, esto pertenece a la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras de modo que sería infidelidad en nuestra parte de no incluir esto. Segundo, ¡es sólo cuando una persona comprende que Dios no ama a cada individuo que él ve el amor de Dios de ser eminente precioso, una perla de gran precio, la cosa más asombrosa en el mundo! ¡Los creyentes deben ver el amor de Dios para ellos como raro, exquisito, y precioso! En el tercer lugar, Dios tendría que Su amor y odio proclamado con cuidado que la Iglesia no sólo es reunida, pero también que el impenitente es dejado sin excusas. Nadie puede llegar a la escena del gran juicio diciendo, Yo no sabía, nunca había oído, que Dios también odia, castiga, y destruye.  

Dios ha revelado Su gran amor para nosotros en Jesucristo. “En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo”. Dios amó y envió, Dios ama y dio (Juan 3:16). Ya ve, la pregunta es, ¿Cómo nos puede alcanzar el gran amor de Dios, cómo podemos ser recibidos en la familia de Dios para experimentar Su amor, y cómo podemos volver ese amor a Dios y vivir en ese amor con los hermanos? ¡Recuerde quiénes somos y lo que somos! Somos pecadores de dos puntos de vista; compartimos en el pecado y la culpa de Adán (Romanos 5:12), y añadimos a nuestro pecado y culpa cada día de nuestras vidas. En nosotros mismos somos depravados y corrompidos, incapaz de amar a Dios o de cualquiera otro. ¡Y el amor de Dios no es algún sentimiento flojo, es el vínculo de la perfección! Dios sólo puede amar lo que es éticamente puro, y amor entre los hombres sólo puede ser establecido cuando hay esa misma perfección presente. ¿Cómo me puede alcanzar el amor de Dios, llegar a ser una ligadura que nos une, y ser vuelto a Él?  

La respuesta es que cuando Dios envió a Su Hijo, Dios lo hizo una propiciación para nuestros pecados. Ahora la palabra propiciación, una palabra relacionado al propiciatorio del arca en el templo, significa que Cristo es la cubierta para nuestros pecados. La sangre de Cristo propicia, aplaca, o satisface a Dios. Cuándo Cristo murió en la cruz, Su muerte pagó la deuda de nuestro pecado, satisfizo la justicia ultrajada de Dios, y nos reconcilió a Dios. Eso quiere decir que somos inocentes (justificados) y santos (santificados) delante de Dios. O, ¡eso significa que hemos llegado a ser perfeccionados éticamente por amor de Cristo, y así podemos entrar en la vida de amor con Dios! ¡El amor de Dios nos alcanza en Cristo, nos transforma, nos renueve, y obra en nosotros  en que vivimos como hijos!

¡Dios amó y Dios dio! Oh, ¡cómo Dios dio! Humanamente hablando, ¡le costó a Dios mucho cuando Él manifestó Su amor a nosotros en Cristo! El don del Hijo de Dios a la Iglesia colectivamente y a los creyentes individualmente sólo puede ser llamado un Don inefable. ¡Nadie puede describir adecuadamente el valor, la belleza, el poder, y los beneficios de tal Don! Dios envió a Su Hijo unigénito de Su propio seno a este mundo de pecado, para hacerse pobre, para aguantar la contradicción de pecadores, para ser despreciado, para ser traicionado, para ser negado, y para ser abandonado. E incluso aunque Dios lo amó eternamente, ¡Dios retuvo Su amor y Su amistad en el momento crucial de la cruz; Dios no tendría nada que ver con Su Hijo en nuestra carne, para que Él sea la justicia de Dios en nosotros! ¡Qué amor que no perdonaría tal Don!  

Habiendo dado a Cristo a Su pueblo, ¡sigue con la lógica irresistible que Dios también nos da todas las cosas! Así que Pablo arguye en Romanos 8: “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?” ¡No hay nada que Dios no nos da a nosotros; nada que Dios no hace para nosotros! ¡Todas cosas son nuestras, somos de Cristo y Cristo es de Dios! ¡Todas cosas deben trabajar juntos para nuestro bien temporal y eterno!

Hay frutos tremendos en las vidas de los santos al experimentar el amor de Dios en Jesucristo. Porque el apóstol Juan escribe “El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor”, ¡podemos decir que aquel que ama a Dios conoce a Dios! ¡Porque Dios nos amó, nosotros le amamos; porque nosotros le amamos, nosotros lo conocemos y tenemos la vida eterna! Amando y conociendo a Dios, guardamos Sus mandamientos, porque el amor es el guardar de la ley. Lo que Dios ama y en que se deleite es de ser encontrado en los Diez Mandamientos. Esos que aman a Dios aman Su ley, meditan sobre ella día y noche, y la utilizan diariamente como una guía para vivir agradecidos y santos.  

En segundo lugar, el fruto del amor de Dios para nosotros es que también nos amemos el uno al otro. “Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (v. 11). Porque Dios nos amó y nos colocó en relación familiar a Él mismo, nosotros debemos la deuda de amor a todos los miembros de la misma familia. Debemos amar a la Iglesia entera de Dios por todas partes en general y a los santos que conocemos en particular. (Por favor note que el llamado del creyente para amar también al vecino incrédulo está fuera del alcance de este capítulo). Sería monstruoso y poco natural si los creyentes no se amaran el uno al otro, darse de sí mismos y de su sustancia el uno al otro, y compartir en las alegrías y tristezas del uno al otro. “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso; porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (v. 20). El punto no es, ¿Es el hermano una persona agradable y se muestra él digno de mi amor? El único punto es, ¿Ha hecho Dios por Su amor a ese individuo un miembro de Su familia del pacto? ¡Eso es todo lo que necesito saber! ¡Entonces yo lo amo!  

Por último, el fruto del amor de Dios para nosotros es que Su amor perfecto echa fuera el temor (v. 18). ¡El amor alcanza su objetivo perfecto cuando el hijo de Dios no tiene temor sino que tiene audacia en el día del juicio! El temor tormenta; el que tiene temor en su corazón con respecto al juicio es una persona atormentada. Él se preocupa por ese día. Él tiene miedo para morirse. Cuándo él se acuesta de noche se pregunta si despertará; y si no, ¿dónde estará él? Pero cuando el amor de Dios es derramado en nuestros corazones, ese amor nos lleva poderosamente por la senda de la vida hasta al fin. ¡Y echa fuera el temor! ¡Qué bendición en que podemos tener la audacia, la confianza, aún el anhelo por el día de Jesucristo!  

Todo esto, porque Dios nos amó y envió a Cristo para ser nuestra propiciación. ¡En amor Él nos eligió, en el amor Él nos dio a Cristo, en el amor Él nos redimió a Él mismo en la cruz, en el amor Él nos preserva todos nuestros días, y en amor Él nos juzga dignos de la vida eterna al fin de las siglos! Creyendo todo esto, yo digo, "¡Yo lo amo!” Pero yo también digo, “¡Él tuvo que amarme a mi primero!”  

FROM REFORMED WITNESS COMMITTEE http://www.reformedwitness.org/pmphltlst/Attributes/Love.html