EL AMOR DE DIOS
Por
Rev. D.H. Kuiper
Traducido por Lasaro
“El que no ama, no conoce a
Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios
para con nosotros,
en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que
vivamos por Él. En
esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino
que Él nos
amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación
por nuestros pecados”
(1
Sin
duda el amor de Dios es el tema que es predicado, en las iglesias en
los campos misiónarios, más que cualquier otro asunto.
Extraño que decir, hay
muchos que hablan del amor de Dios quienes son realmente extranjeros al
significado del amor divino. ¡Dios es amor! Pero el amor es un
aspecto del
divino Ser, porque ya que una vez ha declarado que Dios es amor, soy
obligado
seguir y decir que Dios también odia. Dios ama y Él odia,
Él bendice y Él
maldice, Él corrige y Él castiga, Él salva y
Él condena. Y es cuando vemos y
confesamos ese cuadro completo que el amor de Dios llega a ser muy
precioso para
nosotros; porque Dios no ama a todos, sino que Él ama a un
pueblo elegidos en
Jesucristo.
¡El
amor de Dios es asombroso! ¡Asombroso cuando consideras
Quién ama,
cómo Él ama, cómo Él revela ese amor, y a
quienes Él ama! Quiero saber más
acercas del amor de Dios, ¿también usted? Consigamos los
términos Bíblicos para
el amor ante nuestras mentes para que puédanos llegar a una
definición Bíblica
del amor de Dios.
Hay
dos términos hebreos para el amor: uno tiene la raíz que
significa
de amarrar, de atar, de pegar juntos; el otro tiene la idea de respirar
detrás,
el anhelo de, deseando totalmente. El término griego, utilizado
por
Si
uno examina las ocurrencias de la palabra amor en la Biblia, él
encuentra que el amor de Dios es caracterizado por diez virtudes
sobresalientes. 1.) El amor de Dios es soberano o libre, porque
Él no tenía que
amar a nadie ni fue Él influido por nada cuando Él puso
Su amor en ciertas
personas. 2.) El amor de Dios es eterno en que nunca hubo un tiempo
cuando Él
no se amaba ni a Su pueblo. 3.) El amor de Dios es incondicional en que
en su principio
y en su continuación lo bueno o lo malo en el hombre no lo
influye. 4.) El amor
de Dios es inalterable porque a quienes Él ama siempre
permanecen los objetos
de ese amor. 5.) Su amor es particular porque no arde para cada hombre,
sino
por unos definidos pocos. 6.) Su amor es fuerte, aguantando las pruebas
más severas,
capaz de seguir al rebelde y volviéndolo al camino de vida. 7.)
El amor de Dios
es primario o primero, es un amor casual, trabajador, produciente; todo
otro
amor es el resultado de ello. 8.) Su amor es siempre fructífero,
porque Dios
nunca mas amó a un hombre y luego ese hombre falló de
amar a Dios, a su
hermano, y a su prójimo. 9.) El amor de Dios es siempre el amor
de un Padre, de
modo a quienes Él ama experiencian que ellos son Sus hijos y Sus
hijas. Y 10.)
El amor de Dios siempre da; pertenece a la naturaleza del Dios amoroso
siempre
dar. Volveremos a esta idea de dar en un momento.
Alguien
puede preguntar si es realmente necesario para la Iglesia
proclamar que Dios ama y odia, que Él se extiende en amor para
los hombres de
Su buen placer pero está enojado con el impío cada
día, que Él ama y que Él
condena. Nuestra respuesta es, Sí, eso es necesario por tres
razones. Primero,
esto pertenece a la revelación de Dios en las Sagradas
Escrituras de modo que
sería infidelidad en nuestra parte de no incluir esto. Segundo,
¡es sólo cuando
una persona comprende que Dios no ama a cada individuo que él ve
el amor de
Dios de ser eminente precioso, una perla de gran precio, la cosa
más asombrosa
en el mundo! ¡Los creyentes deben ver el amor de Dios para ellos
como raro,
exquisito, y precioso! En el tercer lugar, Dios tendría que Su
amor y odio
proclamado con cuidado que la Iglesia no sólo es reunida, pero
también que el
impenitente es dejado sin excusas. Nadie puede llegar a la escena del
gran
juicio diciendo, Yo no sabía, nunca había oído,
que Dios también odia, castiga,
y destruye.
Dios
ha revelado Su gran amor para nosotros en Jesucristo. “En
esto consiste el amor; no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a
nosotros, y envió a su
Hijo”. Dios amó y envió, Dios ama y dio (
La
respuesta es que cuando Dios envió a Su Hijo, Dios lo hizo una
propiciación para nuestros pecados. Ahora la palabra
propiciación, una palabra
relacionado al propiciatorio del arca en el templo, significa que
Cristo es la
cubierta para nuestros pecados. La sangre de Cristo propicia, aplaca, o
satisface
a Dios. Cuándo Cristo murió en la cruz, Su muerte
pagó la deuda de nuestro
pecado, satisfizo la justicia ultrajada de Dios, y nos
reconcilió a Dios. Eso
quiere decir que somos inocentes (justificados) y santos (santificados)
delante
de Dios. O, ¡eso significa que hemos llegado a ser perfeccionados
éticamente
por amor de Cristo, y así podemos entrar en la vida de amor con
Dios! ¡El amor
de Dios nos alcanza en Cristo, nos transforma, nos renueve, y obra en
nosotros en que vivimos como hijos!
¡Dios
amó y Dios dio! Oh, ¡cómo Dios dio! Humanamente
hablando, ¡le
costó a Dios mucho cuando Él manifestó Su amor a
nosotros en Cristo! El don del
Hijo de Dios a la Iglesia colectivamente y a los creyentes
individualmente sólo
puede ser llamado un Don inefable. ¡Nadie puede describir
adecuadamente el
valor, la belleza, el poder, y los beneficios de tal Don! Dios
envió a Su Hijo unigénito
de Su propio seno a este mundo de pecado, para hacerse pobre, para
aguantar la
contradicción de pecadores, para ser despreciado, para ser
traicionado, para
ser negado, y para ser abandonado. E incluso aunque Dios lo amó
eternamente, ¡Dios
retuvo Su amor y Su amistad en el momento crucial de la cruz; Dios no
tendría
nada que ver con Su Hijo en nuestra carne, para que Él sea la
justicia de Dios
en nosotros! ¡Qué amor que no perdonaría tal Don!
Habiendo
dado a Cristo a Su pueblo, ¡sigue con la lógica
irresistible
que Dios también nos da todas las cosas! Así que Pablo
arguye en Romanos 8: “El que no escatimó ni a
su propio Hijo,
sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no
nos dará también con Él todas
las cosas?” ¡No hay nada que Dios no nos da a nosotros;
nada que Dios no
hace para nosotros! ¡Todas cosas son nuestras, somos de Cristo y
Cristo es de
Dios! ¡Todas cosas deben trabajar juntos para nuestro bien
temporal y eterno!
Hay
frutos tremendos en las vidas de los santos al experimentar el amor
de Dios en Jesucristo. Porque el apóstol
En
segundo lugar, el fruto del amor de Dios para nosotros es que
también
nos amemos el uno al otro. “Amados, si
Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos
unos a otros” (v.
11). Porque Dios nos amó y nos colocó en relación
familiar a Él mismo, nosotros
debemos la deuda de amor a todos los miembros de la misma familia.
Debemos amar
a la Iglesia entera de Dios por todas partes en general y a los santos
que
conocemos en particular. (Por favor note que el llamado del creyente
para amar
también al vecino incrédulo está fuera del alcance
de este capítulo). Sería
monstruoso y poco natural si los creyentes no se amaran el uno al otro,
darse
de sí mismos y de su sustancia el uno al otro, y compartir en
las alegrías y
tristezas del uno al otro. “Si alguno
dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso; porque el
que no
ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a
Dios a quien no ha visto?”
(v. 20). El punto no es, ¿Es el hermano una persona
agradable y se muestra
él digno de mi amor? El único punto es, ¿Ha hecho
Dios por Su amor a ese
individuo un miembro de Su familia del pacto? ¡Eso es todo lo que
necesito
saber! ¡Entonces yo lo amo!
Por
último, el fruto del amor de Dios para nosotros es que Su amor
perfecto echa fuera el temor (v. 18). ¡El amor alcanza su
objetivo perfecto
cuando el hijo de Dios no tiene temor sino que tiene audacia en el
día del
juicio! El temor tormenta; el que tiene temor en su corazón con
respecto al
juicio es una persona atormentada. Él se preocupa por ese
día. Él tiene miedo
para morirse. Cuándo él se acuesta de noche se pregunta
si despertará; y si no,
¿dónde estará él? Pero cuando el amor de
Dios es derramado en nuestros
corazones, ese amor nos lleva poderosamente por la senda de la vida
hasta al
fin. ¡Y echa fuera el temor! ¡Qué bendición
en que podemos tener la audacia, la
confianza, aún el anhelo por el día de Jesucristo!
Todo
esto, porque Dios nos amó y envió a Cristo para ser
nuestra
propiciación. ¡En amor Él nos eligió, en el
amor Él nos dio a Cristo, en el
amor Él nos redimió a Él mismo en la cruz, en el
amor Él nos preserva todos
nuestros días, y en amor Él nos juzga dignos de la vida
eterna al fin de las
siglos! Creyendo todo esto, yo digo, "¡Yo lo amo!”
Pero
yo también digo, “¡Él tuvo que amarme a mi
primero!”
FROM
REFORMED WITNESS COMMITTEE http://www.reformedwitness.org/pmphltlst/Attributes/Love.html