LOS DOS LLAMAMIENTOS

(Esto es tomado del artículo The Call That Brings A Response por Paul Helm http://www.the-highway.com/calling1_Helm.html)

¿Qué hizo la diferencia? ¿Qué explica la división entre los que aceptan y los que rechazan el predicar de las buenas nuevas? Es una tentación en buscar una explicación de la diferencia en la manera que explicamos otras diferencias entre personas, en términos de la clase, o de la ocupación, o de la edad o de la personalidad. Pero la evidencia proporcionada por el Nuevo Testamento no presta ningún apoyo a tal enfoque, porque un examen de las vidas de los que llegan a ser cristianos revela una gran variedad de fondos, no un factor común. Algunos cristianos fueron ricos (Lucas 19:1-10) y algunos fueron pobres (1 Corintios 1:26). Algunos fueron libres (Gálatas 3:28), otros fueron esclavos (1 Pedro 2:18). Habían jóvenes y viejos,  hombres y mujeres, judíos y Gentiles. Además, a lo menos no hay sugerencia que los apóstoles pensaron que su mensaje era para un grupo o tipo particular, ni que ellos creían que lo que ellos decían era hecho a la medida para ser más aceptable a algunos que a otros.  

Así que, ¿que hace la diferencia? ¿Por qué es que algunos creen las buenas nuevas y algunos no? ¿Qué explicación ofrecen las mismas Escrituras?

La Escritura enseña que aparte del "llamado" general, el predicar del evangelio semejante a todos, hay un "llamado" adicional, un llamado de Dios que el mismo trae una respuesta de los que son llamados, la respuesta del arrepentimiento y fe en Cristo y de la obediencia sincera a lo que Dios requiere. No todos los que son llamados son llamados en este sentido. No todos los que son llamados por el predicar general del evangelio son llamados por Dios de tal manera para asegurar la respuesta apropiada.

Este llamado adicional, el llamado que trae una respuesta, viene directamente de Dios. Es verdad que el llamado general del evangelio es también de Dios, ya que Dios autoriza y habilita a hombres para predicar, y ellos hablan en Su mandato. Pero aún más, el llamado interno es más inmediatamente la obra de Dios. Una manera que el Nuevo Testamento hace este claro es de decir que mientras un predicador o el maestro pueden enseñar el evangelio a otros, y animarlos y advertirlos, sólo Dios por Su gracia puede asegurar la aceptación de las buenas nuevas. Por elocuente o claro o atractivo un predicador humano pueda ser, lo que él dice, por sí mismo, no puede traer a los oyentes a la fe en Cristo. Dios sólo puede hacer tal cosa. Sin duda con la enseñanza de Cristo de la parábola del sembrador en la mente, Pablo recuerda a los de Corinto que mientras un hombre puede sembrar la semilla, y otro hombre puede regar, ninguno sino Dios pueden hacer la semilla brotar para vida y producir fruto (1 Corintios 3:6).

El llamado efectivo de Dios, el llamado que trae una respuesta, es más que el llamado general del evangelio por el predicar. Y todavía sería en descaminar en dejar la impresión que cuando una persona es convertida por el predicar de las buenas nuevas, cuando es llamado por Dios, él experimenta dos llamados separados, uno del predicador y el otro de Dios. No es así. El llamado directa de Dios no implica a la persona quien es llamado en recibir otro mensaje, por medio de una visión o la voz o un incitar interior, aparte de las buenas nuevas que él oye en común con todos los otros que lo oyen. Hay un mensaje de buenas nuevas, exactamente el mismo para todos. Una persona no es convertida recibiendo un "mensaje secreto" adicional.

Pero si el llamado de Dios que asegura una respuesta no es una enseñanza adicional, ¿qué es? Es la actividad de Dios que hace a una persona receptiva y sensible a la verdad que él oye. El "llamado" interno no es más información, es el vaciar y el renovar de la mente del que oye para que él comprenda las buenas nuevas. Es también el quitar del prejuicio que todas las personas tienen a la autoridad de Dios, y es el renovar de la voluntad para que la respuesta de fe y obediencia pueda ser hecha cuando las buenas nuevas son anunciadas.

Para una ilustración, considere la diferencia entre un ingeniero hábil y un principiante. Ambos pueden escuchar el holgazanear de un motor y el ingeniero hábil puede inmediatamente decir lo que está equivocado, lo que causa la vibración o la desigualdad. Mas el ingeniero y el principiante oyen los mismos sonidos. Lo qué es un enigma a uno es inmediatamente claro al otro. La diferencia está debido a la instrucción y la experiencia del ingeniero. Pero en el caso del llamado eficaz de un pecador por Dios, la diferencia no es que el que es llamado tiene ciertas aptitudes o capacidades que le falta al que no es llamado. Enfáticamente que no. La diferencia está debido sólo a la gracia divina. Y esta gracia se muestra en una diferencia en la apreciación, una diferencia que es producida por un cambio en las actitudes y disposiciones más interiores de la persona, un cambio que sólo Dios puede hacer.

De ahí, en la conversión de una persona por la proclamación de las buenas nuevas cristianas, hay un llamado doble. Hay el llamado general del evangelio por el predicar y hay el llamado efectivo y particular de Dios obrando un cambio en el carácter interior de una persona para hacerlo apreciativo del evangelio y sensible a ello.

Si este doble sentido del "llamado" es tenido en cuenta entonces ciertas partes del Nuevo Testamento que son de otro modo difíciles de comprender, y que pueden parecer aún ser contradictorios, se aclaran. Cuándo Pablo, escribiendo a los de Corinto dice, 'Mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios' (1 Corintios 1:24), él se refiere a su llamamiento eficaz, su llamamiento por Dios por el predicar de las buenas nuevas y su respuesta divinamente capacitado a ello. Esa habilidad no tomó cuenta de la sabiduría ni el nacimiento natural, y ciertamente no fue a causa de tales asuntos. Pablo dice que, en general, Dios había llamado al pobre y al insensato entre los hombres para mostrar que venir a Cristo no fue nada de que jactarse. Ciertamente no era debido a la inteligencia ni la penetración naturales más mayores.

Por el otro lado, considere las palabras de Cristo 'Muchos son llamados, mas pocos escogidos' (Mateo 20:16). Aquí Cristo se refiere al llamado general del evangelio, y enseña que mientras muchos son llamados por fuera por el predicar, relativamente pocos son llamados eficazmente, son “escogidos”. Así que Cristo utiliza “escogido” aquí para describir la actividad efectiva de Dios en la conversión, mientras Pablo utiliza “llamado”. Pero todavía el contraste no es tan grande como puede parecer, porque Pablo también, en el pasaje ya considerado, escribe de los “llamados” como ésos quienes Dios ha escogido (1 Corintios 1:27). Y claramente la idea de la elección, la elección de Dios, es muy apropiado para describir la manera unilateral y efectiva en la que Dios hace Su gracia conocida a los pecadores en su conversión.

El hecho que el llamado efectivo (o la elección) de Dios no es un mensaje o revelación separados de Dios, sino que acompaña la exposición del evangelio de gracia en la predicación, subraya el hecho que la conversión siempre ocurre en circunstancias en las cuales las buenas nuevas son hechas conocidas. Nadie es convertido quién es ignorante de la manera de salvación por la misericordia de Dios en Cristo. ¿Cómo podrían ser? En suponer tal cosa significaría que tal persona sabe nada acercas de la misericordia de Dios en Cristo. Pero ¿cómo podrían ir ellos a Dios por la misericordia si ellos no sabían nada acercas de la misericordia de Dios, y no tenían ninguna idea que ellos eran justificados para ir a Dios en su necesidad? Una persona puede ser preparada por Dios para la conversión a la vez cuando él es ignorante de las buenas nuevas. Tal persona puede venir a experimentar una necesidad inexplicable, un descontento profundo consigo, un anhelo innominado que él no puede comprender completamente, o satisfacer, hasta que Cristo sea predicado a él y él viene a Cristo por misericordia. Pero esto es excepcional. Comúnmente es cuando las buenas nuevas son proclamadas que todas las fases del llamamiento eficaz suceden.

¿Por qué, en transmitir Su misericordia a personas pecadoras, obra Dios efectivamente, unilateralmente, en la manera descrita? Porque no hay ninguna otra manera para Él obrar. Tal respuesta no es significada para reflejar contrariamente sobre Dios, como si Él era limitado en poder y de bondad. No es tanto un comentario sobre el poder y la bondad de Dios sino sobre el apuro y la necesidad de la humanidad. El apuro del hombre es tal que de suponer que él podría ser animado o ser halagado dentro al reino de Dios sería de ridiculizarlo. Las personas necesitadas de la misericordia de Dios, con sus caras volteadas de Él, y en una condición que el Nuevo Testamento describe como muerte (Efesios 2:1) y enemistad (Romanos 8:7), no responderán aún a lo más dulce y más persuasivos razonamientos de Dios Mismo hasta que ellos sean dados fuerzas para hacerlo. La idea que la gente es neutral, y que ellos necesitan alguien o alguna influencia para afectar el equilibrio en el favor de Dios, revela un malentendido profundo de la condición espiritual de la humanidad. El pecado hace a los hombres hostiles a Dios. El pecado es hostilidad a Dios. Las personas inconversas viven en oposición a Él. La única manera en que ellos pueden ser cambiados es de ser vueltos atrás, en ser dados nueva vida o creados de nuevo. El Nuevo Testamento no vacila en utilizar tal idioma radical —el idioma de la creación, nuevo nacimiento y la resurrección — para describir cómo una persona es traída a Cristo.

Así que mientras el llamado del evangelio por la predicación es general, sin restricción, de acuerdo con el mandamiento de Cristo a Sus siervos a proclamar las buenas nuevas en todo el mundo, todavía el llamado interno y eficaz de Dios que hace las buenas nuevas inteligible y aceptable, es particular. Este llamado eficaz no viene a clases de personas como tal, ni a naciones, sino a personas individuales dentro de las clases o naciones. Esta distinción entre el llamamiento general y particular era igualmente aplicable a Israel en la era del Antiguo Testamento. E incluso si muchas personas en una sociedad lleguen a ser cristianas en uno y el mismo tiempo no es válido inferir que esto ha sucedido porque ellos fueron preparados o calificados de algún modo para recibir la misericordia de Dios.

El carácter del llamado efectivo de Dios muestra más claramente que cualquiera otra cosa, que la salvación viene a los hombres y mujeres individuales sólo a consecuencia de la misericordia de Dios. Cuándo Pablo predicó en Atenas (o Jesús predicó en Galilea), ¿por qué era que algunos con escarnio rechazaron lo que él dijo y otros lo recibieron? La explicación no puede ser que Dios no es suficientemente poderoso ni sabio para llamar efectivamente a un Epicúreo ni un filósofo estoico. Ni la explicación esta en el hecho que una persona es más inclinada naturalmente a ser convertida que otro. Sino, la conversión es explicada por el hecho que Dios esta dispuesto para conceder Su gracia salvadora.

Quizás nada destaca más claramente el carácter soberanamente misericordioso del llamado efectivo que del hecho que, mientras todos tienen necesidad de la salvación, sólo algunos lo reciben. Nunca podría ser discutido que personas son convertidas porque ellos merecen ser convertidos. Si esto fuera así, ¿por qué no son convertidos todos, ya que todos están igualmente necesitados?

Pablo discute por estas líneas en Romanos 9, donde él discute el caso de Jacob y Esaú. Dios tuvo misericordia de Jacob, mientras Esaú fue negado la misericordia. Pablo muestra que el tratamiento de Dios de ellos no puede haber sido por motivo de cualquier cosa que ellos hicieron, ya que Dios había determinado cómo actuar antes que ellos habían nacido. Pero si Dios tuvo misericordia de Jacob y rechazó a Esaú, ¿no podría haber tenido Él misericordia de ambos, o rechazado a ambos? ¿Por qué no los trató Él igualmente? Pablo da la respuesta incontestable que Dios escogió en distribuir Su misericordia en la manera que Él lo hizo, y no en alguna otra manera, simplemente porque Él es Dios. Es Su derecho de distribuir la misericordia como Él le complace porque Él ejerce dominio sobre toda su creación, y todo lo que Él hace está basado sobre la sabiduría perfecta.

Así que el llamado efectivo de Dios, el llamado que asegura una respuesta, no está debido a la bondad humana ni la preparación humana de cualquier tipo que quizás sea pensado predispone a Dios de favorecer a un individuo en vez de otro. La conversión tiene su fuente no en ningún requisito que una persona puede tener, sino en la elección eterna de Dios. Pablo trae esto fuera vívidamente al escribir a la iglesia de los tesalonicenses. Él dice que cuando ellos fueron convertidos las buenas nuevas vino poderosamente a ellos a causa de la elección previa de Dios de ellos. A causa de esta elección eterna, cuando el tiempo apropiado vino, Dios efectivamente los llamó cuando las buenas nuevas fue predicado a ellos (1 Tesalonicenses 1:4-7).