EL MINISTERIO NECESITADO
Carlos Haddon Spurgeon
(La Espada y la Trulla) The Sword and the Trowel, 1871
  Traducido por Lasaro Flores

"Por tanto, puesto que tenemos este ministerio, según hemos recibido misericordia, no desfallecemos" (2 Corintios 4:1-La Biblia de las Américas); "No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios" (2 Corintios 3:5-RV).
 
Mientras reconocemos que cada creyente tiene un ministerio cometido a él, nosotros vemos también que ciertos individuos son más dotados generosamente con dones y gracia para que puedan ser los instructores y los ayudantes de otros. Nadie puede dudar que la condición espiritual de la iglesia cristiana es tanto afectada por el carácter de su ministerio. Para bien o para mal, los líderes guían realmente a una extensión muy grande. Bajo un predicador soñoliento el espíritu del pueblo llega a ser letárgico; un ministro absorbido en la política dirige a sus oyentes en disensiones de partido; y un pensador poco sólido y hablador incierto promueven la herejía en su congregación. Satanás sabe perfectamente el poder del ministerio, y por lo tanto él trabaja para pervertir abundantemente las mentes de los siervos del Señor, y para levantar también a maestros falsos que pueden hacer a su causa mala gran servicio.

¿Qué tipo de hombres necesitan las iglesias? Los hombres quien Dios honorará deben ser hombres amables, llenos del Espíritu Santo, llamados de Dios a su trabajo, ungidos, calificados, y divinamente sostenidos. Nosotros no podemos esperar ver a Dios glorificado por hombres de una piedad dudosa ni de la experiencia dudosa.

Hemos observado que grandes avivamientos de religión han sido conectados siempre con un avivamiento de la sana doctrina. Cualquiera cosa que nosotros, como creyentes en Cristo, llamaríamos un avivamiento genuino de religión siempre ha sido asistido con la instrucción clara y evangélica sobre puntos cardinales de la verdad. La justificación por la fe, despertado como un gigante de su sueño, llamó a sus compañeros dormilones -- esa verdad antigua fue traída al frente, y a los pobres el evangelio fue predicado. La Ruina, la Redención, la Regeneración sonó con ningún sonido incierto. El hombre describid como un pecador, caído y arruinado, Cristo levantado sólo como el Salvador, y la necesidad de la obra del Espíritu Santo insistido con  un lenguaje clara e inconfundible. "Os es necesario nacer otra vez" fue tronado sobre la tierra. Si deseamos promover el bien de las iglesias, tenemos que orar por ministros que son bien instruidos en las doctrinas del evangelio y firmemente establecidos en la creencia de ellos. Requerimos a predicadores cuyo negocio entero aquí debajo sea de promulgar un evangelio estimado a ellos como sus vidas, porque ellos han experimentado su poder salvadora en sus propias almas.

La próxima cosa que necesitamos en el ministerio, ahora y en todo tiempo, son hombres de discurso simple. "Yo utilizo el idioma del mercado," dijo Whitefield, y sabemos el resultado. El discurso familiar, claro, bravo, nervioso, forzoso del anglosajón, nunca falla de mover el corazón inglés. Las manzanas de oro del evangelio son dignas ser llevado en cestas de plata. El idioma debe ser quedado a la dignidad del tema. El idioma verdaderamente más dignificada es, sin embargo, el más sencillo; la sencillez y la sublimidad son parientes más cercanos. Necesitamos a hombres que no sólo hablan para que ellos puedan ser entendidos, pero para que ellos no puedan ser mal entendidos. Yo hablo por gentes inglesas, y demando la predicación en inglés. Si hay algún misterio, deja que lo sea en la verdad misma, no en la oscuridad del predicador. Debemos tener predicadores simples.