SECCIÓN VI - La Omnipotencia

DIOS PUEDE HACER TODO LO QUE ÉL QUIERA

    Génesis 17:1 - "Yo soy el Dios Todopoderoso". Job 5:9 - "El cual hace cosas grandes é inescrutables, Y maravillas que no tienen cuento". Jeremías 32:17 - "¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti". Mateo 19:26 - "Para con los hombres imposible es esto; mas para con Dios todo es posible". Apocalípsis 1:8 - "Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso"; 19:6 - "Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Dios Todopoderoso".

    Nuestra primera idéa de poder, es probablemente derivado del control que poseémos sobre nuestros musculos y el uso que hacemos con ellos, para producir efectos en las cosas alrededor de nosotros. Nuestros miembros y voz vienen a ser los instrumentos de nuestro poder; y en el uso de ellos para efectuar nuestro propósito, la noción de poder se presenta. Transferímos esta noción, y la incorporamos al concepto que formamos de otros seres inteligentes semejante a nosotros; y así viene a ser un elemento en nuestro concepto de la deidad. En el mundo de materia, las causas son seguidas por sus efectos en una manera similar a aquellas en la cuales los efectos son producidos por el movimiento de nuestros miembros; y las causas materiales son dichos de tener poder. Es en esta manera que hablamos del poder del vapor, o de una máquina.

    Sabemos bien que nuestro poder es limitado. Muchas cosas que tratamos de hacer nos falta en cumplir. Para concebir de la omnipotencia, introducimos como en otros casos, la idéa negativa, sin faltar. Como quiera que sea, esto no excluye la idea de intentar,  de desear , o de querer. No invalida nada de la omnipotencia de Dios, que no cumple lo que no tiene deseo o voluntad para cumplir. Es imposible que Dios mienta, o de negarse a sí mismo; pero estas son cosas que no le agrada hacer, porque son inconsistente con sus perfecciones morales. Ni en hacer estas cosas sería alguna indicación del poder supremo. Es también cierto, que Dios no puede hacer cosas las cuales implican una contradicción en si mismas; como, en hacer una cosa que sea, y que no sea, al mismo tiempo; en hacer un círculo que sea al mismo tiempo un cuadro, etc. Si el poder infinito falta en cumplir tales cosas, no faltan porque es finito, pero porque las cosas son imposibles. Ninguna medida de poder podría venir a un suceso. La impotencia es como tan bien como la omnipotencia para cumplir imposibilidades.

    Nos llenamos con temor reverencial en contemplar la omnipotencia de Dios. Cuando oímos la voz de su trueno en los cielos, o sentimos la tierra sacudirse bajo la pisada de su pie, ¡cómo los pensamientos solemnes de las cosas divinas llenan nuestras mentes! De la nube reventosa, y la tierra sacudiente, vamos a ver hacía atrás al poder la cuál trajo a la creación en existencia, y adelante a aquella manifestación de su poder de la cuál vamos a testificar en el día postrero. Tal un ser, ¿quién no temera? Nuestras mentes ejercen su poder por medio de nuestros cuerpos, a los cuales, por lo tanto, el ejercer inmediato de él es limitado; y aun sobre esto el poder es confinado entre limites angostos; porque no podemos añadir un codo a nuestra estatura, o hacer un pelo blano o negro. Pero Dios tiene todo en el universo bajo su control perfecto  e inmediato. Él no necesita ningunos instrumentos, ninguna ayuda mecánica, ningún serie de idéas; sino, a su voluntad la cosa es hecha, o sea la producción de animálculo, o la creación de un mundo. A nuestra voluntad, un dedo se mueve; pero a la volición de Dios, un planeta es lanzada en su órbito, con una fuerza de la cual una bala de cañon da si no un concepto lánguido. Los huracanes, los cuales barren la tierra, y levantan a los edificios, y los cuerpos de los hombres en el aire, tienen su poder. El oceano, el cuál hace deporte con los navíos poderosos, tiene su poder. El volcán, que revienta con un grandeza temerosa, tiene su poder. Pero cuando combinamos las fuerzas del aire, del oceano, y del fuego subterráneo, tenemos que multiplicarlo por el número de tales agencias que están operando, por todos los mundos en el entero del emperio vasto de Dios, antes que puédamos comenzar en concebir adecuadamente de su omnipotencia. "He aquí, estas son partes de sus caminos: ¡Mas cuán poco hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo detendrá?" (Job 26:14).

(Continuár con Sección VII. - La Benignidad

Regrese a la Tabla De Contenido