Sección I. La
Preservación
TODAS LAS CODAS CREADAS SON GUARDADAS EN SER
POR LA VOLUNTAD Y EL PODER DE DIOS. (Job
1:21; 5:18; Salmo 33:10-15;
103:3-5,10; 104:27.30; 127:1,2; Proverbios 16:9; Mateo 5:45; 10:29;
Lucas 12:6; Hechos 17:28).
Podemos entender poco el hecho de la Providencia,
como la de la creación; pero sabemos que ambos son hechos de
Dios, implicando ambos Su voluntad y poder. Que un hecho continuo de
preservar es necesario para guardar Sus criaturas en ser, no ha de ser
dudado. La expresión , "sustentando
todas las cosas" (Hebreos 1:3), claramente denota tal hecho. Un
arquitecto podrá edificar una casa, la cual, cuando una vez
terminada, podrá permanecer, independiente de su labor y
destreza, un monumento de ambos, cuando él cae por la mano de la
muerte; y somos inclinados en concebir que la obra de Dios igualmente
podrá permanecer, si dejada a sí misma, sin Su soporte y
cuidado constante. Pero los casos son lejos diferentes. El arquitecto
humano halló la materia que usa ya en existencia; y toda su obra
consiste en cambiar la forma de ella, y combinándola en una
nueva orden. Las sustancias usadas no reciben su existencia de
él; y el ser independiente que poseen antes que el arquitecto
las toca, lo conservan después que es retirado su mano. Pero la
misma sustancia, como también la forma, de todas las cosas
creadas, vienen de la mano de Dios; y el retiro de esa mano
dejaría el ser de ellas sin soporte, o la expresión, "sustentando todas las cosas", no
tendrá un sentido apropiado.
Muchos han mantenido que el hecho de presevar no sólo tiene el
mismo autor como el del hecho de crear, sino que es idéntico con
él. Filosóficamente ellos lo consideran verdad que la
preservación es una creación perpetua. Toda existencia
creada es concebida de terminar a cada momento en aniquilación
por su tendencia natural, y de ser reproducida por un nuevo hecho
creativo. Pero, a pésar de los argumentos ingeniosos los cuales
han sido avanzados en soportar esta opinión, la filosofía
persevera en distinguir entre los dos hechos, considerando la
creación como milagrosa, y la preservación,
como conformada a las leyes de la naturaleza. Somos inclinados,
que, en traér de no-existir a la existencia, difiere de la
preservación de la existencia ya dotada. Es suficiente, para
todo propósito práctico, de atribuír la
preservación de todas las cosas al poder y a la voluntad del
mismo ser que originalmente las creó. A Su voluntad, el mundo
vino a la existencia; y, a Su voluntad, continuará a existir.