LA PRUEBA DE LA ELECCIÓN
“Según
nos escogió en Él antes de la
fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin
mancha delante de Él, en
amor” (Efesios
1:4).
Hay
ésos que
ridiculizan la doctrina de elección reclamando que si es verdad
entonces no
hace ninguna diferencia cómo los elegidos viven. Ellos
también afirman ya que
la elección garantiza la salvación de los elegidos,
entonces ellos nunca pueden
ser perdidos si ellos viven en el pecado. Es verdad que la
elección garantiza
la salvación de los elegidos, pero no es verdad que ellos pueden
vivir como
ellos vivían antes de experimentar la salvación de Dios
en la elección. Además,
la elección no da a los elegidos la libertad a continuar de
vivir en el pecado;
porque sería una contradicción de nuestro texto: “Según nos escogió en Él antes de
la fundación del mundo, para que
fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor”.
La Prueba de La Elección,
entonces, no es reclamar que somos uno de los elegidos, sino que
nuestras vidas
muestran que somos “santos en toda
nuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15) y que “procuramos
con diligencia que seamos hallados de Él en paz, sin
mácula
y sin reprensión” (2 Peter 3:14) cuando Él
regrese. Cuándo lo haga,
entonces Él podrá “presentarse…para
sí,
una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante;
sino…santa y
sin mancha” (Efesios 5:27).
La Todavía,
tenemos que confesar que venimos tan alejados de ser santos e
irreprensibles en
nuestro andar diario delante del Señor. No hay un día en
que no tropezamos y
cedemos ante alguna tentación; y ¡Oh! ¡Cómo
lamentamos nuestros muchos
fracasos! No obstante, somos todavía responsables mantener un
carácter, por la
gracia de Dios y el Espíritu Santo, vivir tal vida que es
consecuente con
nuestra elección en Jesucristo. A causa de las promesas que
tenemos en Él debemos
de “limpiarnos de toda inmundicia de
carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de
Dios” (2 Corintios
7:1). Vamos a esforzarnos para hacerlo, no en una manera legalista,
sino porque
lo amamos tanto y deseamos ser como Él, recordando que a fines
de todas las cosas,
nosotros seremos “santos y sin mancha
delante de Él” en que Dios ha hecho a Su Hijo ser
nuestra “justificación” y “santificación” (1 Corintios 1:30)
antes Él en ese día que estaremos
delante de Él. Pero mientras, vamos a ser hechos “conforme
a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29); porque en la
Elección hemos sido predestinados para ser así.
Amén.