LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR JESUCRISTO

Por Lasaro Flores 

“Y el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro. Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Y aconteció, que estando ellas perplejas de esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, ellos les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, mas ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día” (Lucas 24:1-7). 

Años atrás al estar enseñando en una clase adulta de la Escuela Dominical, yo hice la pregunta, "¿Cómo fue el Señor Jesús resucitado"? Decir tristemente, una de la clase que había sido miembro de esta iglesia particular ya por muchos años; y por supuesto, había sido considerada ser una cristiana verdadera por todos que la conocían contestó reclamando que ella creía que Cristo fue resucitado como espíritu. Después de unos pocos minutos de discusión para clarificar lo que ella significó realmente, ella insistió todavía que tenía que ser un espíritu. Así que yo le dije que ella entonces creía como los Testigos de Jehová, que niegan la resurrección corporal del Señor Jesucristo. Naturalmente, ¡ella no le gusto oír eso! Pero alabado sea el Señor, la próxima vez que la vi (que fue una semana después ya que venía de fuera el pueblo para suministrar el púlpito), ella me dijo que fue traída a ver (y de cierto, por la gracia de Dios) que la resurrección del Señor fue corporal; y ella lo creía con todo el corazón que era de acuerdo con la Palabra de Dios. ¡Aleluya! 

Además, tuve que decirle que creer en la resurrección corporal era absolutamente esencial para uno tener una fe que salva en el Señor Jesucristo. En otras palabras, no es creer simplemente que Cristo fue "resucitado", como los Testigos de Jehová y otros tales como ellos creen, sino que en el mismo cuerpo que nuestro Señor fue crucificado y fue sepultado, ¡Él fue resucitado también! Esto es hecho muy claro por nuestro Señor cuando Él se apareció a Sus discípulos más tarde en ese día. Note que cuando los dos discípulos que se encontraron al Señor resucitado en el camino a Emaús (vv.13-32) volvieron a Jerusalén y le dijeron a los demás (vv.33-35), el Señor Jesús se apareció a ellos: “Y estando ellos hablando estas cosas, Jesús mismo se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros” (v.36). Pero note cómo los discípulos reaccionaron: “Entonces ellos espantados y atemorizados, pensaban que veían un espíritu” (v.37). La palabra “espíritu” puede ser traducido "fantasma". En otras palabras, ¡ellos pensaron que veían a un "fantasma"! Temo que para muchos "cristianos" profesos nuestro Señor resucitado es todavía un "fantasma" para ellos; y ¡la cosa triste acerca de esto es que ellos están en la iglesia!

No obstante, nuestro Señor compasivo apresuradamente les dice de otro modo diciéndoles “¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos en vuestros corazones? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y habiendo dicho esto, les mostró las manos y los pies” (vv.38-40). En otras palabras, "¿Por qué están pensando de esa manera? Míreme, y tócame; y podrán sentir que soy carne y huesos. ¡Si fuera un espíritu ustedes no podrían hacer eso!" Además de eso, para probar que Él estaba allí con ellos en un cuerpo de carne y huesos, Él les preguntó, “¿Tenéis aquí algo de comer?”; es decir, alimentos (v.41). “Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y Él lo tomó, y comió delante de ellos” (vv.42, 43). ¡Qué confirmación más grande hay que la resurrección del Señor fue corporal que Él comiera alimento físico sólido! Cualquier otro argumento para probar de otro modo es insensato; y sería el paradigma de la incredulidad de negar la resurrección corporal de nuestro Salvador.

A más de esto, en ningún lugar en las Sagradas Escrituras es la doctrina de la Resurrección jamás considerada ser del "espíritu"; al contrario, siempre tiene la referencia a una resurrección corporal, no sólo del Señor Jesús mismo, pero también de los santos y de los perdidos. Note primero que las mujeres que vinieron al sepulcro “no hallaron el cuerpo del Señor Jesús” (v.3); y la razón fue porque Él ahora estaba VIVO y no era de ser encontrado “entre los muertos” (v.5); pero Él “no está aquí, mas ha resucitado” (v.6) se les dijo. Otra vez, esto lo hace muy claro que Su resurrección fue corporal; y así que esto será verdad de cada persona, o sea si son creyentes o no, pero con una diferencia muy distinta según al Señor Jesús mismo cuando Él dijo: “No os maravilléis de esto; porque viene la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; y los que hicieron mal, a resurrección de condenación” (Juan 5:28, 29). Por supuesto, el factor determinante es lo que uno cree con respecto a la resurrección del Señor como vemos en el capítulo 11. Recuerde que Lázaro había muerto y fue enterrado, y así que el Señor le dijo a Marta: “Resucitará tu hermano” (v.23). En responder “le dijo Marta: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero” (v.24).

Pero note que el Señor Jesús hace claro que la esperanza de la “resurrección de vida” depende de lo que uno cree AHORA con respecto a ÉL: “Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (25, 26). ¿Qué fue la respuesta de la fe verdadera que salva de Marta? “Ella le dijo: Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que había de venir al mundo” (v.27). Como pueden ver, amados, la fe verdadera que salva es conectada, no sólo creyendo que Jesús es “la resurrección y la vida”, pero ¡que Él es “el Cristo, el Hijo de Dios”! Esto es lo que el apóstol Pablo declara en Romanos 1 que “Jesucristo, nuestro Señor, que fue hecho de la simiente de David según la carne…fue declarado ser el Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (vv.3, 4). Luego en 1 Corintios 15 él declaro que “si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe… Y si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe; aún estáis en vuestros pecados" (vv.14, 17). Pero, ¡gloria sea a Dios, porque nuestro Salvador precioso está VIVO! Sí, Él tomó nuestros pecados sobre Él mismo en la Cruz y pagó por ellos por el derramamiento de Su sangre preciosa, y los llevó a la tumba cuando Él fue sepultado; pero ¡oh! ¡Aleluya! A resucitar, todos permanecieron atrás, idos para siempre; porque Él echó “en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (Miqueas 7:19).

Ahora, vamos hacer algunas observaciones breves con respecto a la Resurrección de nuestro Salvador precioso, el Señor Jesucristo. Ellos necesariamente no serán cronológicos y ni exhaustivos, sino que nos dará la base sobre la cual al fe salvadora es establecida para nuestra esperanza de la gloria eterna con nuestro Señor resucitado, “quienes por Él creéis en Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 Pedro 1:21), “sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará por Jesús” (2 Corintios 4:14), “para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2:14). ¡Aleluya! ¡Amén!

Pero primero, la resurrección corporal del Señor Jesucristo confirma la veracidad de la Palabra de Dios. Ya que nuestro texto (Lucas 24) declara que el cuerpo de Jesús ya no estaba en el sepulcro porque Él había resucitado (ref. también a Juan 20) y “fue visto por Cefas, y después por los doce”, y “después, fue visto por más de quinientos hermanos a la vez” (1 Corintios 14:5, 6); y con toda la evidencia de las Escrituras inerrantes, podemos creer que es verdad. Por lo tanto, en negar la resurrección corporal del Señor Jesucristo es de negar la inerrancia de las Sagradas Escrituras. Entonces, eso quiere decir que la Biblia llegaría a ser una teología abstracta de la religión del hombre en vez de una proclamación concreta del evangelio de la muerte, la sepultura y la resurrección del Hijo eterno de Dios; porque “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Quite esta verdad gloriosa, y entonces no tenemos una base sólida para la fe cristiana, sino que sería como las otras religiones en el mundo que son hechas de las arenas de hundimiento de las imaginaciones corruptas del hombre religioso. 

En segundo lugar, si la resurrección corporal de Cristo no es verdad, entonces nuestra fe es vana; y si nuestra fe es vana, entonces todavía estamos en nuestros pecados; y si todavía estamos en nuestros pecados, eso significa que todavía estamos perdidos, “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12). Ya ven, amados, hay tal cosa como creer “en vano”, como el apóstol Pablo indica en 1 Corintios 15:2, cuál capítulo tiene que ver con la resurrección del Señor Jesucristo y la esperanza que tenemos por causa de ella (vv.12-18). En otras palabras, nuestra fe sería una fe “fútil”, es decir “sin razón, o sin efecto” (Diccionario Griego de Strong) si la resurrección del Señor no fue corporal; porque entonces nuestra fe sería "vacía" en vez de “la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). ¡Eso significaría también que Su muerte por nuestros pecados sería sin cualquier efecto en que Su cuerpo estaría todavía en la tumba! Pero porque “Dios (lo) resucitó, habiendo soltado los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser retenido de ella” (Hechos 2:24); por lo tanto, “si confesamos con (nuestra) boca al Señor Jesús, y creemos en (nuestro) corazón que Dios le levantó de los muertos, seremos salvos” (Romanos 10:9) porque ¡¡¡ÉL ESTA VIVO!!! ¡¡¡Aleluya!!! 

Luego, terceramente, la resurrección de nuestro Salvador glorioso, no sólo tiene que ver con el perdón de nuestros pecados, pero también con nuestra justificación. Ya ven, amados, no sólo necesitamos la purificación de nuestros pecados por Su sangre pero también necesitamos una justicia para poder entrar en la presencia de Dios; porque “ésta es la puerta de Jehová, por ella entrarán los justos” (Salmo 118:20, 19). Por lo tanto, leemos que nuestro Salvador “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). Si Cristo no hubiera resucitado eso significaría que nuestros pecados no han sido perdonados, pero en Su resurrección como lo pone el Comentario de Mathew Henry, fue 'para el perfeccionar y completar nuestra justificación. Por el mérito de su muerte él pagó nuestra deuda, en su resurrección él cumplió nuestro descargo. Cuándo él fue sepultado él era como un preso en la ejecución de nuestra deuda, que como un fiador él había emprendido a pagar; en el tercer día un ángel fue enviado a quitar la piedra, y así en descargar al preso, fue la certeza más grande posible que la justicia divina fue satisfecha, la deuda pagada, si no él nunca habría liberado al preso: y por lo tanto el apóstol pone un énfasis especial en la resurrección de Cristo'. Por lo tanto, la resurrección de Cristo garantiza que seremos declarados justos por la fe en el Señor Jesucristo (Romanos 5:1), cuya Justicia es imputada a nosotros al momento que creemos en Él para nuestra salvación. Amén. 

En el cuarto lugar, a causa de la resurrección corporal de nuestro Señor, quien es nuestra “esperanza de gloria” (Colosenses 1:27), ahora tenemos la promesa de un cuerpo glorioso en la resurrección. No, amados, nosotros no atravesaremos la eternidad como espíritus incorpóreos, ni somos aniquilados como algunos creen, sino seremos dados cuerpos gloriosos como el de nuestro Salvador precioso para que puédanos estar en la gloria con Él; “mas nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde también esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo; el cual transformará nuestro cuerpo vil, para que sea semejante a su cuerpo glorioso, según el poder con el cual puede también sujetar a sí todas las cosas” (Filipenses 3:20, 21). Además, el apóstol Juan agrega: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es (1:3:2). Oh, amados, futuro glorioso tenemos a causa de la resurrección del Señor Jesucristo; especialmente en saber que nosotros “así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).

Finalmente, nos recordaremos que estas verdades con respecto a la resurrección de nuestro Señor no es solo algún conocimiento teológico que mantenemos en nuestras cabezas para ayudarnos entender las doctrinas “del evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24); al contrario, amados, ellas son verdades prácticas que deben ser evidentes en nuestras vidas. En otras palabras, amados, estas verdades maravillosas han de afectar la manera que vivimos como discípulos del Señor Jesucristo. El apóstol Pablo lo pone de esta manera: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados con Él en la muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida (Romanos 6:3, 4). “Y cualquiera que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro” (1 Juan 3:3). Oh, qué le agrade al Dios de toda gracia de concedernos no sólo “con gran poder…dar testimonio de la resurrección del Señor Jesús” (Hechos 4:33), pero también conocer “el poder de su resurrección” (Filipenses 3:10) en nuestras vidas mientras estamos “aguardando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo” (Tito 2:13). Amén.