LA SOBERANÍA ABSOLUTA DE DIOS

Por Lasaro Flores

Esta doctrina es una que es muy poca conocida por la mayoría de cristianos profesos; y entonces que una vez es proclamada como la pura verdad de la Palabra inerrante de Dios, es totalmente despreciada y rechazada por la mayoría de ellos. Es una doctrina que hace al hombre ser nada antes del Dios Altísimo; y si habemos de recibir algún bien de Él, tenemos que venir como leprosos, cayendo en nuestros rostros a Sus pies, clamando, “Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Lucas 5:12).

En este estudio querríamos tratar con el tema de la soberanía absoluta de Dios con respecto a nuestra salvación. Por supuesto, podríamos enseñar de la soberanía de Dios con respecto a otras cosas, tal como el tiempo, el reino animal, en el área política; e incluso en el control del pecado. Seguramente, no es limitado sólo a eso. ¡La soberanía absoluta de Dios está sobre Su universo entero! 

Pero específicamente queremos ver lo que la Biblia enseña acerca de quien esta en control de nuestra salvación. La mayoría concordaría que generalmente oímos enseñado que depende en el hombre pecador de salvarse así mismo; y generalmente es por los medios de las "obras buenas". Cada religión tiene este concepto: Haga esto o eso; no haga esto o eso. Al fin si sus méritos aventajan sus desmerecimientos, quizás el "dios", o la "diosa", en que uno cree los permitirá llegar al “cielo” de él, o de ella. Aún en muchos segmentos de la cristiandad profesa encontrará esta “herejía destructora” (2 Pedro 2:1).

Ahora, la primera consideración que querríamos hacer con respecto a esta doctrina gloriosa tiene que ver con la pecaminosidad del hombre. La pregunta es: ¿Qué tan pecador es el hombre? Preguntase: ¿Qué tan pecador soy yo? ¿Piensa usted que merece, o tiene aún el derecho (como oí un predicador decir una vez) de ser salvado? Su respuesta probablemente dependería de lo que usted sabe lo que la Palabra de Dios dice acercas de nuestra pecaminosidad. Temo que muchos concordarán que ellos son pecadores pero todavía tienen alguna idea que no son tan "malos". De hecho, yo he oído aún algunos decir que hay algún "bien" en ellos y creen que Dios tendría misericordia de ellos; especialmente mucho más si ellos tienen alguna clase de "vida religiosa".

Pero a pesar de lo que pensamos de nuestra pecaminosidad, las Sagradas Escrituras es el único lugar que podemos ir para encontrar la verdad quién, y de lo que, somos antes de Dios. Usted encontrará que la Palabra de Dios no pinta una imagen muy bonita de nosotros como pecadores. Nos describe, no sólo como totalmente depravados, pero totalmente corruptos en todas nuestras facultades y constitución como humano ser. El pecado nos ha totalmente mutilado de modo que cuando Dios nos mira Él ve que “todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6) que tenemos que decir con Job: “He aquí que yo soy vil, ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca” (40:4). En otras palabras, una vez que somos mostrados por la Palabra de Dios nuestra maldad, no hay absolutamente nada que podemos hacer o podemos decir que nos pueda cambiar; porque como leemos en Jeremías 13:23 – “¿Podrá el etíope mudar su piel, o el leopardo sus manchas? Entonces también vosotros podéis hacer bien, estando habituados a hacer mal”. Lea las Escrituras siguientes: Génesis 6:5; Job 14:4; 15:14-16; Proverbios 20:9; Jeremías 17:9; Marcos a 7:21-23; Romanos 1:18-32; 3:9-18; Efesios 2:1-3, y muchas otras Escrituras.

Por lo tanto, eso siendo el caso con el hombre a causa de su pecaminosidad, ¿qué esperanza puede tener si la salvación dependiera de él? Es claro que a causa de su estado espiritual, o la falta del mismo (porque él está muerto espiritualmente), ¿qué puede hacer él para sí mismo? ¿Puede el muerto darse vida a sí mismo? ¿Puede limpiarse el leproso? ¿Puede crearse él de nuevo? ¡Tenemos que decir que IMPOSIBLE es escrito sobre todo el hombre pecador! Su única esperanza reposa sobre Aquél quien SOLO puede dar la vida y levantar al muerto; Quién SOLO puede limpiar al leproso; y seguramente, Quién SOLO es el Creador. Además de todo eso, ¡Él SOLO puede salvar del pecado! Pero al mismo tiempo, somos confrontados con la pregunta: Si nuestro estado como pecador es tal, ¿entonces que nos puede recomendar a Dios? ¿Qué puede hallar Él en nosotros que causará que Él nos ame y lo mueva para salvarnos? ¡ABSOLUTAMENTE NADA! Si alguna cosa, ¡Él tiene todo derecho de lanzar a cada uno de nosotros en el infierno más profundo y Él sería justo en hacerlo!

Así que, ahora venimos a una pregunta muy humilladora: ¿Qué habemos de hacer si no hay absolutamente ninguna esperanza cualesquiera de nosotros mismos para la salvación? Al grano: ¡TENEMOS QUE APARTAR LA MIRADA DE NOSOTROS MISMOS! Para ser más preciso, tenemos que mirar a Aquél quien dijo: “Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve… No hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador: ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 43:11; 45:21, 22). Por lo tanto, hallamos que las Sagradas Escrituras Santas nos revelan que hay SOLO UN DIOS que nos puede salvar de nuestros pecados; y ¡que Él se ha revelado a nosotros en, y por, Su Hijo, el Señor Jesucristo! “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no imputándole sus pecados…” (2 Corintios 5:19); “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15); “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).

¡Pero ahora venimos a la verdad marchitadota del orgullo que Dios no tiene que salvar a nadie de nosotros si así a Él le complace! Sin duda alguna, no hay absolutamente nada en nosotros que lo obliga de salvarnos. De hecho, cuando Él salva a cualquiera de nosotros es simplemente a causa de Su voluntad libre y soberana. Ni aún el humano más moral puede pararse antes Dios y demandar la salvación; ¡o sea yo o sea usted! Por eso es porque el apóstol Pablo nos puede decir que nuestra salvación no es por, ni de, nosotros; “porque (como Dios) a Moisés dice: Tendré misericordia, del que yo tenga misericordia; y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:15, 16). Da igual cuán bueno o cuán malo uno ha sido, Dios sólo salvará como le complazca de salvar; y si Él salva a algunos, y no lo hace con otros, viene a esto como el Señor Jesús declara: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así agradó a tus ojos. Todas las cosas me son entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar" (Mateo 11:25-27).

Quizás esta doctrina parecerá ser fría y dura para usted y será inclinado a decir con algunos de los discípulos de Jesús' en Juan 6: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” (v.60) porque ellos se ofendieron por lo que Él les dijo; especialmente acercas de no poder creer y venir a Él para salvación a menos que el Padre los traiga y les dé a venir a Jesús (vv.44, 65). Note la reacción de ellos: “Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él” (v.66). Todavía, podemos ver que a pesar de la soberanía absoluta de Dios en la salvación “escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó, y aprendió del Padre, viene a mí” (v.46) como demostrado en los versículos 68 y 69 cuando el Señor le preguntó a los doce: “¿Queréis iros vosotros también?” ¿Cómo contestó Pedro? “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros creemos, y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

Lo qué Pedro expreso aquí, amados, es simplemente esto: Él había oído y aprendido que su salvación es toda de la soberanía absoluta del Padre; y que Él SOLO lo podía salvar. Pero en vez de rechazar esta verdad y volteándose de ella, él se sometió a ella cuando declaró que TODA y ÚNICA esperanza estaba en el Señor Jesucristo; y no en nada de él mismo. Así él confiesa que él tiene que lanzarse sobre la misericordia y la gracia de Dios si él había de ser salvado. Por fe él creyó lo que el Padre le había enseñado acercas de la salvación y humildemente lo recibió; y que era “según el beneplácito de su voluntad” (Efesios 1:5) en Su amado Hijo, el Señor Jesucristo. Esto debe ser la respuesta de todos los que ha sido mostrados la atrocidad de su pecaminosidad depravada; y por la gracia de Dios fueron permitidos a exclamar como el leproso, “Señor, si quieres, puedes limpiarme” (Lucas 5:12).

Por lo tanto, la doctrina de la soberanía absoluta de Dios en salvar a cualquiera de nosotros no es lo que voltea a cualquier pecador de venir a Jesucristo para salvación; sino que es la soberbia inherente que existe en su corazón depravado que no quiere humillarse antes el Altísimo y someterse a Sus términos de salvación. La doctrina no previene la salvación de cualquier pecador; ¡más bien es la dureza de su corazón y el amor por el pecado que lo mantendrá de ello! Pero Dios, a causa de la grandeza de Su amor y la riquezas de Su gracia, ha sido complacido para salvar a pecadores según Su beneplácito para que ellos canten con todos los redimidos por toda la eternidad: “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad… Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:1, 3). ¡Aleluya!!!

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Ahora, en segundo lugar, habiendo visto la Soberanía Absoluta de Dios en la salvación de pecadores a pesar de su maldad total, o a pesar de la Depravación y la Inhabilidad Total, vamos ahora considerarlo en mirar la elección de pecadores para salvación. Inmediatamente vemos que la elección presupone un escoger antes que una acción suceda; y el que hace la elección es soberano sobre el objeto escogido. ¡No puede ser de ninguna otra manera! Piénselo: Si usted reserva el derecho de ser "soberano" sobre las decisiones que hace; por ejemplo, en amar a quien quiera, o en hacer el bien a cualquiera que usted escoge, usted lo consideraría absurdo para cualquiera decirle de otro modo. ¿Por qué debemos negar este derecho a Aquél Quien es el Creador de todas las cosas y a Quien debemos dar cuenta al fin de todas las cosas? Si alguien ha de ser el Soberano Absoluto sobre todas las cosas y sobre cada criatura viviente, entonces es Aquél quien es Dios “desde la eternidad y hasta la eternidad” (Salmo 90:2), cuyo “nombre es JEHOVÁ”; Quien “solo (es) Altísimo sobre toda la tierra” (Salmo 83:18). Amén.

En considerando la soberanía de Dios en la elección de pecadores para salvación, al principio nos trae a la verdad muy humilladora y que marchita la soberbia que el hombre pecador tiene absolutamente nada que ver con su salvación. En otras palabras, no es su decisión para Cristo por su tal llamado "libre albedrío" como tan popularmente acepto hoy en día; no es que de repente él decidió buscar a Dios; no es que hay algún "bien" en él que movería a Dios para salvarlo; o ¡de ninguna razón que puede pensar que causaría que Dios lo salvara aparte de Su voluntad absoluta soberana! El Salmista nos recuerda que “de Jehová es la salvación” (3:8); y en Jonás leemos que “la salvación pertenece a Jehová” (2:9). Esto significa, entonces, que Él SOLO tiene el DERECHO ABSOLUTO de dárselo a cualquiera Él escoge dárselo; y esto es mostrado por la doctrina de Elección. Por lo tanto, esta doctrina lo hace muy claro que si no fuera que Dios "quiso soberanamente" salvar a pecadores, ninguno de nosotros sería salvado; porque como Romanos 9 nos dicen: “Porque a Moisés dice (Dios): Tendré misericordia, del que yo tenga misericordia; y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia(versos 15, 16).

Con esto, vamos a mirar a algunas razones por qué la Elección es de La Soberanía Absoluta de Dios en la salvación de pecadores. Primero, vemos que la Elección tiene que ver con la salvación. Tenemos que hacer esto claro porque hay ésos que limitan la Elección a que Dios escogió a Israel para ser Su pueblo, o que uno es escogido para servir a Dios en alguna cierta capacidad. Pero leemos en 2 Tesalonicenses: “Mas nosotros debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y la fe en la verdad” (2:13). Desde que la salvación pertenece a Dios Él ha sido complacido para dárselo a esos quienes Él ha escogido para este propósito; y que Él ha hecho esto aún “desde el principio”; es decir, ¡desde la eternidad aún antes que los escogidos existieran! Oh, ¡cómo debemos de dar gracias a Dios por hacerlo y alabarle por ello! Además, esta soberanía es vista en los medios que Dios utiliza para traer a Sus escogidos a la salvación, que es “por la santificación del Espíritu y la fe en la verdad”. En otras palabras, el Espíritu Santo trae a los elegidos a la fe en Jesucristo por el Evangelio; y desde que sabemos que no todos son salvados sino sólo los elegidos, es porque ellos han sido escogidos soberanamente por Dios para la salvación.

En segundo lugar, vemos que la Elección es sin tomar en consideración nuestra pecaminosidad. Nos referirnos a Romanos 9:11 – “(aunque aún no habían nacido sus hijos, ni habían hecho bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras de la ley sino por el que llama)”. La referencia aquí tiene que ver con Esaú y Jacob: Dios había escogido soberanamente a Jacob sobre Esaú para ser bendecido por Él en los beneficios de la salvación; y esto aún antes que ellos nacieron o hecho algo prácticamente. La base para esto fue “para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese”, es decir según lo que Él había predestinado basado en Su voluntad soberana para ellos. Por lo tanto, nuestra elección a la salvación no es dependiente en cuán bueno ni cuán malo hemos sido; porque no es de nada que nosotros hemos hecho, pero simplemente porque le complació escogernos para ser salvados. Esto significa que los elegidos no pueden jactarse que ellos fueron escogidos para la salvación a causa de cuán bueno ellos fueron y ni pueden los no-elegidos lamentarse que ellos no fueron escogidos debido a su maldad. Oh, puédanos sometemos a esta verdad humilladora: "De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere endurecer, endurece… ¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira, preparados para destrucción; y para hacer notorias las riquezas de su gloria para con los vasos de misericordia que Él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, aun a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?" (Romanos 9:18, 22, 23).

Luego, terceramente, vemos que la Elección es antes de Génesis 1:1. Leemos que fue “según nos escogió en Él (Cristo) antes de la fundación del mundo…” (Efesios 1:4). En este pasaje encontramos que todos los beneficios de la salvación que Dios había determinado dar a Sus elegidos antes de la creación fue basada en Su voluntad absoluta soberana de hacerlo así en que fue “según el beneplácito de su voluntad” (v.5), es decir fue basado en Su propósito en ser bondadoso a ellos según le deleitó. Desde que esta Elección sucedió en la eternidad pasada Él no consultó con cualquiera de nosotros acerca de ello; y desde que hemos visto que no tuvo nada que ver con nuestra maldad, o falta de ello, podemos afirmar que es la Soberanía Absoluta de Dios que escogió a Su pueblo, o sea judío o sea Gentil, para componer a Su Iglesia. Desde que la salvación es TODO de el hacer y gracia de Dios, y nosotros no podemos agregar ni podemos restar una pizca de ello, entonces es TODO “para alabanza de la gloria de su gracia” (v.6), “la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos(2 Timothy 1:9). Oh, ¡la alabanza es a Él quien SOLO tiene toda Sabiduría y el Poder de hacer como le complace para Su gloria en Jesucristo! Amén.  

Pero ahora, en el cuarto lugar, vemos que la Elección es en Cristo. Esto es aclarado en Efesios 1:4 donde leemos que Dios el Padre “nos escogió en Él”, es decir en Jesucristo “antes de la fundación del mundo”. Esto significa, entonces, que Dios no sólo escogió a nadie simplemente arbitrariamente, por lo cual quiero decir basado simplemente en su necesidad de salvación; porque entonces Él tendría que escoger a todos en que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Pero Dios ha escogido sólo a esos que Él intentó dar a Su amado Hijo para ser salvados por Él; “porque Él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). El Señor Jesús Mismo hace esto claro en el Evangelio de Juan, donde leemos: Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, yo no le echo fuera” (6:37). Además, en el capítulo 17 Él hace referencia a esto en Su oración al Padre: “Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste (v.2; lee versos 6, 8, 9, 11, 12, 24). ¡Qué prueba más grande de la soberanía absoluta de Dios sobre nuestra salvación que Él nos escogería en Su amado Hijo y de darnos a Él aún antes que nosotros deseáramos de estar en Su Hijo! ¡Aparte de Cristo no puede haber Elección para la salvación!

Luego, en el quinto lugar, la Elección es conectada con la Predestinación. Ya ven, amados, Dios no sólo ha escogido a un pueblo para Su Nombre en Cristo para ser salvados por Él, pero también los ha “predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:5). Oh, tan gran como es la salvación en la Elección, ¡mas Dios en Su gran amor ha sido complacido en ponernos como Sus hijos e hijas (2 Corintios 6:18) en Su familia por todo que lo que tenemos, y hemos recibido, en Cristo! Permítame ilustrar: Un hombre y su esposa han determinado a "salvar" un niño huérfano que no tiene padres y vive una vida despreciable en las calles. Ellos han sido complacidos para traerlo en su casa y cuidar de él. Mas como tan gran un bien ellos han hecho para este niño; pero ¡Oh! ¡Qué amor para este niño cuando ellos lo "adoptan" en su familia y le dan todos los privilegios como un hijo! ¡Hay mucha diferencia entre simplemente ser "salvado" en la casa y de ser un "hijo" de la familia! Brevemente, ahora todos los Elegidos no sólo son "salvados" pero también son "amados" por Dios como Él ama a Su amado Hijo (Juan 17:23; y así que ellos serán conformados a Su imagen (Romanos 8:29) y son coherederos con Él (v.17; Apocalipsis 21:7) a lo cual Él ha "predeterminado" para ellos en la Elección; y esto porque es “según el beneplácito de su voluntad” (Efesios 1:5).

Por último, en el sexto lugar, vemos que la Elección es también con respecto a la Gracia de Dios. En Romanos 11 leemos de “la elección de gracia” (v.5). Es verdad que la Elección es basada en la Soberanía Absoluta de Dios en escoger a Su pueblo en Jesucristo para la salvación, todavía al mismo tiempo exude con el perfume de “las riqueza de su gracia” (Efesios 1:7) en que TODAS las bendiciones de la Elección tienen como su fuente la Gracia Libre y Soberana de Dios. En la Elección, esta Gracia fue dada a los elegidos “en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos” (2 Timothy 1:9); y entonces en tiempo es experimentado en la salvación: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros; pues es don de Dios (Efesios 2:8). En otras palabras, Dios hace el favor de salvar a los elegidos aunque ellos no merecen de ser salvados; y simplemente porque le complace a Dios de salvarlos “según el beneplácito de su voluntad” (Efesios 1:5). ¡Verdaderamente es Gracia Admirable que sería incluido en Su Elección de Gracia! ¡Aleluya!!!

Ahora, permíteme cerrar este segmento de nuestro estudio en preguntarle esta pregunta: ¿Se siente usted que la doctrina de Elección es una doctrina muy dura y fría? Que hasta que es concernido, usted no cree que Dios es como yo lo he presentado. Bueno, permíteme hacerle otra pregunta: ¿Por qué Dios lo ha de salvar a usted y no salvar a otro? ¿Usted no puede negar que la Palabra inerrante de Dios lo hace muy claro que no todos serán salvados? ¿Qué piensa usted que hace la diferencia? Somos dichos que “ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés 7:20); que me incluye y a usted. ¿Podría ser que usted no ve la fealdad de su pecado antes Dios y que Él sería justo en lanzarlo al infierno si no fuera a causa de la Elección? Mi estimado lector, mire a esta doctrina gloriosa que aunque magnifica la Soberanía Absoluta de Dios en ella, ¡todavía al mismo tiempo puede ver los rayos gloriosos de las riquezas de Su gracia, las multitudes de Sus misericordias, y de la grandeza de Su amor! La elección no previene al pecador verdaderamente inquiridor que desea ser salvo en Jesucristo; porque como Él prometió: “Y al que a mí viene, yo no le echo fuera” (Juan 6:37), sino que la Elección asegura la salvación de multitudes sin número que nunca buscarían a Dios (Romanos 3:11) para la salvación en Jesucristo. ¡Toda Gloria Sea A Él Quien SOLO PUEDE SALVAR al más Principal de Pecadores en Jesucristo! ¡AMEN!!!

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En este momento trataremos con el aspecto de la Soberanía de Dios con respecto a la muerte expiadora del Señor Jesucristo en la cruz por los pecadores; y en hacer esto contestaremos la pregunta; ¿por quién murió Cristo? Ahora, del punto de vista del arminiano, ellos indican que Cristo murió por toda la humanidad, es decir por cada pecador individual; pero en hacer esto, Él sólo lo hizo posible para que los pecadores sean salvados. Para ponerlo en otras palabras, el arminiano reclama que Cristo no murió por nadie en particular, sino por todos en general; y todavía los únicos que obtienen los beneficios de la expiación de Cristo son ésos que de su propio "libre albedrío" hacen "una decisión de aceptar a Cristo como su Salvador". Por lo tanto, del lado negativo, la doctrina del arminiano de la "expiación ilimitada" de Jesucristo en el Calvario declara que aunque Cristo murió por cada pecador, como ellos reclamaron que Juan 3:16 significa, todavía multitudes de pecadores son perdidos y van al infierno simplemente en la base que ellos no quisieron ser salvados. Así, de hecho, lo que ellos significan es que ya que su salvación dependía en su "decisión", ellos se quedan perdidos a pesar que Cristo murió por ellos.

Pero, ¿por quién murió Cristo? Esto trae arriba otra pregunta muy importante que se necesita de ser contestada si habemos de contestarla bíblicamente; y es, ¿a quién intentó Dios a salvar por la expiación de Cristo en la cruz? El punto calvinista, del cual soy yo, indica que la muerte de Cristo en la cruz fue una Expiación Limitada; o una Redención Particular hecha por los elegidos de Dios, que es aclarado por Efesios 1 en declarar que “nos escogió en (Cristo) antes de la fundación del mundo… en quien tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados” (versos 4, 7). Esta doctrina es simplemente esto: Desde que Dios ha escogido a quienes Él intentó salvar “desde del principio” (ref. a 2 Tesalonicenses 2:13); y los escogidos eran pecadores que tenían que ser perdonados de sus pecados y en falta de una justicia para ser aceptados por Dios, Él proporcionó los Medios por los cuales podían serlo. Por lo tanto, “conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro” (Efesios 3:11), Cristo vino a salvar a su pueblo (dados a Él en la elección desde la fundación del mundo) de sus pecados” (Mateo 1:21); o como lo declara el apóstol Pablo: “Por tanto, todo lo sufro por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Timoteo 2:10). En otras palabras, la Expiación hecha por Jesucristo es Limitada para los escogidos; porque sólo ellos han sido redimidos en particular por Él en morir por sus pecados, y ¡no por cada pecador individual como tan popularmente creído!

Ahora, quizás sea acusado de depreciar la Muerte Expiadora del Señor Jesucristo en decir que es Limitada SÓLO a los elegidos. Al contrario, ¡el punto calvinista exalta sumamente a la Cruz porque la muerte de Cristo en ella realmente salva a pecadores! No simplemente hace posible para que los pecadores sean salvos. ¡Los beneficios de la salvación en Cristo no son dejados simplemente a los caprichos de pecadores no regenerados en hacer "una decisión para Cristo" para ser salvos! ¡No! Tal doctrina contradice TODO lo que “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) significa para la salvación de los elegidos. ¡A quién Dios intentó salvar por la Cruz será salvado! Esto es asegurado por el hecho que Cristo obtuvo TODO lo que los elegidos necesitan para su salvación; ¡desde del principio hasta al fin! Predicando “a Jesucristo, y a Éste crucificado” (1 Corintios 2:2), podemos asegurar a cualquier pecador que “creyendo en el Señor Jesucristo,…ellos serán salvos(Hechos 16:31); pero no porque “del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). El Señor Jesús hace esta verdad muy claro cuando Él dice en Juan 6: Todo lo que el Padre me da (en la elección), vendrá a mí; y al que a mí viene, yo no le echo fuera…Y ésta es la voluntad del Padre que me envió: Que de todo lo que me ha dado, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero” (versos 37, 39). Esta es la garantía que TODOS por quienes Cristo murió, ¡ELLOS SERAN SALVADOS!!!

Así que entonces, usted puede ver, si Cristo murió universalmente por cada pecador, tiene que ser dicho que Cristo falló de salvar a TODOS por quienes Él murió; si Él murió verdaderamente por cada pecador. Digo esto reverentemente: Si la muerte de Cristo no pudo salvar a todo pecador, entonces, ¿QUIEN esta depreciando el Poder y la Capacidad de la muerte de Cristo para salvar a pecadores? En decir que la salvación depende del "libre albedrío" del pecador; y por lo tanto, es sólo eficaz para ellos, ¡es decir que multitudes todavía serán perdidos y van al infierno aunque Cristo murió por ellos! Esa es la única conclusión lógica que uno tiene que proponer si Cristo murió verdaderamente por todos. Pero luego para el arminiano reclamar que la muerte expiadora ilimitada de Cristo verdaderamente si salva a pecadores, entonces ellos tendrán que decir que todos serán salvados, lo que es el "universalismo" en que al fin nadie será perdido e ira al infierno. Usted no lo puede tener ambas maneras; porque como el puritano Juan Owen lo pone: El Padre impuso Su ira debida a, y el Hijo experimentó el castigo por, o sea por: 1. Todos los pecados de todos los hombres. 2. Todos los pecados de algunos hombres, o 3. Algunos de los pecados de todos los hombres. En que caso puede ser dicho: 1. Si el último es verdad, todos los hombres tienen algunos pecados para dar cuenta, y así, ninguno es salvado. 2. Que si el segundo es verdad, entonces Cristo, en su lugar sufrió por todos los pecados de todos los elegidos en el mundo entero, y esto es la verdad. 3. Pero si el primero es el caso, ¿por qué no son todos los hombres libres del castigo debido a sus pecados? Usted contestara, “Por causa de la incredulidad”. Yo pregunto, ¿Es la incredulidad pecado, o no? Si lo es, entonces Cristo sufrió el castigo debido a ello, o no. Si Él lo hizo, ¿por qué esto debe estorbar más que sus otros pecados por cuales Él murió? Si Él no lo hizo, ¡Él no murió por todos sus pecados"! De CRTA http://www.reformed.org/

Con esto, permitame presentar algunas razones por qué podemos ver la Soberanía Absoluta de Dios en esta doctrina de la Expiación de Jesucristo. Primero, tiene que ver con la eternidad; y por lo tanto, con respecto a ésos por quienes Cristo murió, fue determinado antes de Génesis 1:1, como leemos en 1 Pedro que ellos fueron redimidos “con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación; ya preordinado desde antes de la fundación del mundo(1:18-20). Ya ven, amados, aún antes que la creación en la eternidad pasada los nombres de TODOS LOS ELEGIDOS “están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fue inmolado desde la fundación del mundo” (Apocalipsis 13:8). Para ponerlo de otra manera, Dios no "decidió" en salvar a pecadores únicamente después de que ellos "decidieron" de ser salvados por Él en Jesucristo; sino que Dios "decidió" salvar a pecadores aún antes que ellos realmente existieran, aún antes que ellos hicieran bien o mal, ¡e incluso antes que ellos pudieran “hacer una decisión para Cristo"! De hecho, había nadie allí sino el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo para hacer esta "decisión de salvación" para los elegidos; y ¡por ellos Cristo vino a buscar y a salvar! Y ¿quien tomó esta decisión? ¡Nadie sino Aquél quien es eternamente todo-sabio en Su voluntad soberana! ¡Amén!

En segundo lugar, tiene que ver con un cierto número que han de ser salvos. Este cierto número es referido como Su pueblo; o como Mateo 1:21 dice que “él salvará a su pueblo de sus pecados”. Note que Él vino a salvar a Su pueblo en que Su sangre “es derramada por muchos, para remisión de pecados” (26:28). Honestamente, ¿quiénes son los “muchos” sino es “su pueblo” quienes Él salvará? De hecho, leemos en Hechos 13 que “creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (verso 48) que Jesucristo vino a morir por ellos; y como resultado ellos fueron salvados de sus pecados por Su muerte expiadora en la cruz. Así que vemos aquí que la redención proporcionada por la sangre derramada de Cristo fue "limitada" por Dios mismo para los elegidos; o como el apóstol Pablo lo pone en que fue “por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Timoteo 2:10). Otra vez, tenemos que preguntar: ¿Quién hizo esta decisión?; y ¿cuando fue hecha? La ÚNICA respuesta Bíblica es encontrada en la Soberanía de Dios: Él SÓLO escogió un pueblo para Su Nombre en Jesucristo, Su amado Hijo; y SÓLO a ellos Él quiso de concederles “una salvación tan grande” quienes habían de ser “herederos de salvación” (Hebreos 2:3; 1:14); y por lo tanto “según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, Él envió a Su amado Hijo para que ellos tengan “redención por su sangre, la remisión de pecados, según las riquezas de su gracia”; y esto fue hecho antes de la fundación del mundo (Efesios 1:9, 7, 4). Amén.  

Luego, terceramente, tiene que ver con la eficacia de la Expiación de Cristo; es decir, el efecto verdadero que la sangre derramada de Cristo tiene en cada pecador creyente. Las Sagradas Escrituras lo hacen muy claro que hay una redención verdadera y un perdón de pecados para todos que creen en “Jesucristo, y a Éste crucificado” (1 Corintios 2:2). Pero esto sólo puede ser verdad si Dios es complacido para hacerlo eficaz al que cree; porque “no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). Ahora, el capítulo 9 de Romanos nos da un cuadro de la Soberanía Absoluta de Dios sobre la Salvación; y por lo tanto, depende en Él quien es el que ha de ser salvo; “porque a Moisés dice: Tendré misericordia, del que yo tenga misericordia; y me compadeceré del que yo me compadezca” (verso 15). No es que la Expiación de Cristo no puede salvar a todos; ¡porque lo puede si Dios así lo quisiera!! No obstante, en el propósito eterno de Dios Él ha "limitado" la eficacia de la "expiación" a los elegidos; de otro modo, ¡si Él hubiera muerto por todos los pecadores cada uno sería salvo!

Quizás las tres razones que he dado levantarán más preguntas (ya que las razones no son muy detalladas), lo cual es bueno si lo llevan a la Palabra de Dios para encontrar las respuestas; pero como dije antes, ¡no lo podemos tener de ambas maneras___ Cristo o murió generalmente o en particularmente___ por los pecadores! Quizás algunos dirán que no hace ninguna diferencia lo que uno cree con respecto a este asunto, ¡sólo que uno crea que Jesucristo murió por los pecadores! Es verdad que los pecadores tienen que creer que Jesucristo murió por ellos para que sean salvos; y no en una manera general pero en particular; o como Pablo lo pone: “El Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20). Todavía, al mismo tiempo no somos permitidos presumir que Cristo murió por mí simplemente porque uno cree que Él murió por todos; de otro modo, Mateo 22:14 y 2 Pedro 1:10 no tienen sentido: “Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos; y por lo cual, hermanos, procurad tanto más hacer firme vuestro llamamiento y elección. La primera Escritura tiene que ver con los pecadores siendo “llamados” por el Evangelio a la salvación en Jesucristo, mas los “pocos” que son “escogidos” son los únicos que son salvados; mientras la segunda Escritura exhorta al cristiano profeso que procure “hacer firme (su) llamamiento y la elección”. En otras palabras, no dé por sentado que usted es salvo simplemente porque Cristo murió por los pecadores, sino “haga firme” que Dios lo ha llamado y escogido para salvación por Su evangelio (2 Tesalonicenses 2:13, 14). Si usted hace esto, por la gracia de Dios, usted será permitido a ver que fue la voluntad soberana de Dios para salvarlo enviando a Su Hijo para morir por usted; y TODO porque simplemente le complació para hacerlo así! ¡Aleluya!!!

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Ahora que consideramos la doctrina de la Gracia Irresistible, o de la Gracia Eficaz, veremos que verdaderamente La Soberanía Absoluta de Dios es mostrada en esta verdad gloriosa. Si no fuera por esta verdad humilladora, entonces tendríamos que decir que el Arminiano lo tiene correcto cuando reclaman que el pecador o puede hacer una “decisión” para ser salvo o no. Según a la enseñanza de ellos, un pecador no regenerado y muerto espiritualmente tiene el poder de su "libre albedrío" para resistir la gracia de Dios en hacer una elección para no ser salvo; y que Dios NO PUEDE imponer Su gracia sobre ellos para salvarlos. En otras palabras, lo que esto significa es que el pecador perdido es "soberano" sobre su salvación; y ¡que Dios NO PUEDE hacer nada acerca de ello! Por supuesto, el problema con esto es que si esto es verdad, entonces ningún pecador jamás será salvado porque según a las Sagradas Escrituras “no hay (absolutamente nadie) quien busque a Dios” (Romanos 3:11); y siempre que un pecador es confrontado con “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24), ellos dirán al Señor Jesucristo, “No queremos que éste reine sobre nosotros” (Lucas 19:14). Todos nosotros, es decir cada uno de nosotros, ¡hará definitivamente lo mismo a menos que algo cause un cambio en nosotros para que puédanos responder de forma distinta!

Antes que miremos algunas Escrituras para mostrar por qué la Soberanía Absoluto de Dios es demostrada por la doctrina de la Gracia Irresistible, ¡primero consideremos lo que no es! 1) no es que los pecadores no "resisten" a Dios y Su gracia. De hecho, todo pecador hace eso cualquier tiempo que son presentados con las demandas de Dios, que es de tener “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21). Lo qué Esteban dijo a los judíos puede ser dicho de cada pecador: “Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo” (7:51). ¡Deje solo a pecadores perdidos y muertos y eso es la cosa más natural que ellos harán! Pero luego 2) no es que disminuye la responsabilidad del pecador de “convertirse de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:9); ¡aún aunque ellos NO LO PUEDEN hacer verdaderamente aparte de la gracia de Dios! En otras palabras, su Incapacidad Total de arrepentirse y creer no los excusa por no hacerlo; porque es dicho que Dios “ahora demanda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30) y “creer en el Señor Jesucristo” (16:31) para ser salvados de sus pecados. En no hacerlo, ¡su perdición está debido a su desobediencia voluntariosa y no a causa de la Gracia Irresistible de Dios no dada a ellos! Además, 3) no es que pecadores son hechos robots o títeres por la Gracia Irresistible de Dios. Es decir, Dios no fuerza a pecadores a hacer lo que ellos no están dispuestos a hacer libremente. Aún aunque ellos sean "esclavos" a su pecado y están en esclavitud a Satanás (Efesios 2:1-3) y no puedan librarse a sí mismos, ¡todavía Dios no irá en contra la voluntad de ellos para salvarlos! Por el otro lado, la gracia de Dios tiene que hacer al pecador dispuesto a ser salvo; o ¡nunca será salvos de sí propio!  

Habiendo dicho eso, vamos ahora considerar algunas cosas acercas de la Gracia Irresistible que muestran La Soberanía Absoluta de Dios en ello. Primero, diciendo que la Gracia es Irresistible, significamos simplemente que siempre que Dios ejercita Su gracia sobre uno, no hay absolutamente nada que puede pararlo de lograr su propósito. No importa lo que resista o trata de impedir la gracia de Dios fallará. ¡La prueba de esto es vista en la salvación de pecadores! Todo pecador redimido testificará a este hecho: A pesar de cuánto ellos se opusieron a la gracia de Dios, un día glorioso su oposición fue derriba hacia abajo como los muros de Jericó. Al mismo tiempo reconocemos que no todos los pecadores se rinden; mas no era porque ellos pudieron "resistir" la gracia de Dios, sino simplemente porque Dios no “forzó” una decisión de ellos. Podemos explicar esto en referirnos a cuando el Señor Jesús levantó a Lázaro de los muertos: ¡Note que Él llamó SOLO a Lázaro para "salir" de la tumba; de otro modo, si Él hubiera llamado en una manera general, puede creer que todos los muertos hubieran salido (Juan 11:43)! ¡Era Su "decisión" soberana de hacerlo así; y aún la muerte no podía resistirlo!

En el segundo lugar, la gracia es dicha ser el favor inmerecido de Dios, significando que ni un pecador merece ni es digno de ello. En otras palabras, si Dios hubiera de conceder gracia en cualquiera de nosotros por algo que hicimos, entonces no sería gracia; o como Romanos 11:6 lo pone: “Y si por gracia, ya no es por obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. Pero ya que la gracia es Dios haciéndonos el favor en salvarnos aunque no merecemos de ser salvados; y desde que no somos “digno de la más pequeña de todas las misericordias” (Génesis 32:10) de Dios, tiene que ser “según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7). Por lo tanto, la Soberanía Absoluta de Dios es visto en esto: Cada pecador que es “salvo en Jehová con salvación eterna” (Isaías 45:17) fue salvado, no porque Dios fue obligado de salvarlos, ni “conforme a nuestras obras, sino según su propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos” (2 Timothy 1:9). Ya ven, amados, era el propósito soberano de Dios de salvarlos aún antes que ellos existieran; “así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16). 

Continuando, encontramos en el tercer lugar, que la gracia tiene que ver con pecadores, que indica la única esperanza que los pecadores tienen. Quita la gracia de entre Dios y el hombre pecador, todo lo que ellos pueden esperar es de ser echados fuera de Su presencia por toda la eternidad. Por el otro lado, la gracia suministrará TODA LA NECESIDAD que el pecador tiene ante Dios; y esto es acentuado en el primer capítulo de Efesios. Lea devotamente versos 3-7. Ya que la gracia es el favor inmerecido de Dios dirigió hacia los pecadores, siempre que alcance su objetivo, proporciona TODO lo que el pecador necesita para arrepentirse de sus pecados y para creer en el Señor Jesucristo. Recuerde que Efesios 2:1-3 describe el caso desesperado de los pecadores; y así que si Dios no era “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10), el pecador no tendría esperanza cualesquiera. Pero los versos 4-10 describen los resultados alegres de la gracia de Dios sobre un pecador que se arrepiente y cree en el Señor Jesucristo. Todavía, amados, la soberanía de Dios es implicada aquí también; porque todas estas cosas son verdad SOLO para los pecadores que vienen a Él en Sus términos; porque como el Señor Jesucristo dice: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos: No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Marcos 2:17). 

Cuartamente, encontramos que SOLO la gracia es la única manera por la cual Dios salvará a pecadores. En el propósito eterno de Dios para salvar a pecadores, Él determinó de hacerlo únicamente por gracia sólo. En otras palabras, Él no aceptará cualquier otros medios por cuál los pecadores quizás traten de obtenerlo. Dos veces es declarado en Efesios 2: “Por agracia sois salvos” (v. 5) y, “por gracia sois salvos por medio de la fe” (v. 8). ¡Quite la gracia y ponga algo más en su lugar y usted será perdido! Ya ven, la gracia es la fuente de donde fluyen todos los dones que tiene que ver con la salvación; o como Isaías lo pone: “Con gozo sacaréis aguas de las fuentes de la salvación” (12:3). Por lo tanto, desde que la gracia es el "favor inmerecido" de Dios hacia un pecador merecido del infierno que es favorecido por Dios en salvarlo; porque “esto no (es) de vosotros; pues es don de Dios” (Efesios 2:8) se nos dice, esto habla de la Soberanía Absoluta de Dios en ello. La gracia no es "merecida" por nadie de nosotros “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23); pero ya que algunos son salvados, es debido solamente a la gracia libre y soberana de Dios, y ¡no a nada que el pecador redimido ha hecho, puede hacer o jamás hará!

Por último, en el quinto lugar, encontramos que la gracia es eterna. Esto sólo debe solidificar la verdad de la Soberanía Absoluta de Dios en la verdad de la Gracia Irresistible de Dios que humilla y marchita la soberbia. Desde que Dios es “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10), quien es Dios “desde la eternidad hasta la eternidad” (Salmo 90:2), Él ha salvado a pecadores “según su propósito y gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio de los siglos (2 Timoteo 1:9), significando que desde la eternidad pasada Él iba a salvar pecadores POR GRACIA SOLO “para mostrar en las edades venideras las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:7 y sería “para alabanza de la gloria de su gracia” (1:6). Amén.

Además, podemos agregar que la Soberanía Absoluta de Dios es acentuada por la Gracia Irresistible cuando consideramos lo que hemos aprendido de las doctrinas de la Depravación Total del Hombre, la Elección Incondicional y la Expiación Limitada, es decir la Redención Particular. La Gracia irresistible tiene que hacer al pecador Totalmente Depravado que está indispuesto, dispuesto de venir a Jesucristo para la salvación, convencer al Escogido Incondicionalmente venir a El, y asegurar que los que son redimidos por la Expiación Limitada venir a su Redentor y el Salvador. Esto, por supuesto, será hecho por la Gracia Irresistible de Dios por “los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Timoteo 2:10). ¡Esa es la GARANTIA de la Gracia Irresistible! ¡ALELUYA!!!

Ahora, quizás alguien que lee estas palabras que no tiene una relación salvadora con el Señor Jesucristo quizás será inclinado a decir, "¿Qué vale hacer un esfuerzo creer en Cristo si todo depende de la Voluntad Soberana de Dios?” Mi respuesta a usted es simplemente esto: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú” (Hechos 16:31). Él promete que “al que a mí viene, yo no le echo fuera” (Juan 6:37). ¿Está usted concernido por la salvación de su alma? Vaya a Él como el más principal de los pecadores (1 Timoteo 1:15) y encontrará que Él es “perdonador” (Salmo 86:5); y por fe oye Su voz dulce diciéndole: “Yo soy tu salvación” (Salmo 35:3). Vaya a Él mirando sólo por Su gracia y misericordia y encontrará salvación. De hecho, es como Isaías 55:1 invita al pecador: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche”; porque ¡lo es TODO POR GRACIA SOLA! ¡Aleluya!!!

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Al terminar esta serie de estudios de La Soberanía Absoluta de Dios en conexión con las Doctrinas de Gracia, ahora consideramos la doctrina de la Perseverancia de los Santos. Esta doctrina en particular es una de las más consoladoras de la certeza bendita de nuestra salvación en Jesucristo para el creyente que lucha. También puede ser referido como la Preservación de los Santos, o de la Seguridad Eterna del Creyente; o como es tan comúnmente llamado hoy, Una Vez Salvo Siempre Salvo. Esta última, aunque tan precioso verdadero que es, ha sido tan corrompido por tanta enseñanza falsa que tendemos a evitarlo a enseñar al cristiano que ellos han sido "salvos en Jehová con salvación eterna" (Isaías 45:17). Pero nosotros no podemos negar la verdad gloriosa que una vez un pecador ha sido salvado por Solo la Gracia por medio Sólo la Fe y Sólo en Cristo; ellos SIEMPRE serán salvos, para siempre y jamás. ¡Aleluya!

No obstante, permitidnos considerar algunas cosas de esta verdad preciosa “del evangelio de la gracia de Dios" (Hechos 20:24) y vamos a regocijarnos en el hecho que porque Dios es Soberano sobre TODAS las cosas que Aquél quien comenzó una buena obra en cada uno de los elegidos (Filipenses 1:6) "es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría" (Judas V.24). De hecho, amados, no hay absolutamente nada que puede separar al creyente verdadero del amor de Dios que es en Jesucristo nuestro Señor (Romanos 8:38, 39). Eso significa simplemente que al momento un pecador es convertido al Señor Jesucristo como Salvador, hay la garantía que ese pecador será salvado por Dios de modo que ninguno de los elegidos que fueron dados al Señor Jesucristo por el Padre jamás será perdido otra vez. Así que promete el Señor Jesús en Juan 10: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y mi Padre uno somos" (27-30).

Ahora, vamos a considerar la Soberanía Absoluta de Dios con respecto a esta verdad maravillosa: Primero, lo miraremos de la perspectiva de la Perseverancia de los Santos. Note que los creyentes verdaderos son llamados Santos, que significa que los elegidos fueron escogidos en Cristo "para que fuesen santos y sin mancha delante de Él, en amor" (Efesios 1:4); y por lo tanto, debemos de "ser santos en toda manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:15, 16). Esto significa, entonces, si reclamamos ser cristiano, debemos de ser santos, es decir andar en santidad. ¡No es opción que tenemos! Es imposible para uno ser salvo y no ser santo; porque la santidad es la prueba que hemos "sido separados del pecado y del mundo y apartados para Dios en Jesucristo". Pero la enseñanza aquí es que el santo de Dios perseverará en la santidad. En otras palabras, lo que esto significa es que Dios obrará soberanamente en las vidas de Su pueblo de modo que ellos continuarán fijamente en santidad. Esto no significa que ellos son impecables, es decir nunca pecaran, aún como creyentes. Pero lo que significa es que ya que Dios esta en control de TODAS LAS COSAS, Él por Su gracia restaura a Sus santos que se han caído en el pecado a la santidad; "porque no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación" (1 Tesalonicenses 4:7). Por lo tanto, como el santo se ocupa en su salvación con temor y temblor, será "porque es Dios el que…obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:12, 13) en ellos.

Desde que la santidad es esencial para ésos que pasarán la eternidad con un Dios santo, Él se asegurará de que Sus santos perseverarán en ello. Ya ven, aún los creyentes verdaderos todavía tienden a pecar y reincidir a causa del pecado morador, de modo que si Dios no intervendría a favor de ellos, seguramente se caerían. Compare 2 Pedro 1:10. Por supuesto, no es nuestra santidad que merece la salvación; no obstante, Dios de Su gracia los hará "perfectos para toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo Él en vosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo" (Hebreos 13:21). Además, Pablo lo pone de esta manera: “Y el mismo Dios de paz os santifique enteramente; y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo sean guardados irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23). Así como Él prometió a Su pueblo antiguo, “Jehová te confirmará como un pueblo santo para sí, como te ha jurado” (Deuteronomio 28:9) es todavía hoy de verdad para Su pueblo; porque “vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido” (1 Pedro 2:9). Todavía, en todo esto, el creyente es responsable ser santo en su andar diaria; y para perseverar en la santidad, Dios ha proporcionado Su gracia, Su Palabra y por supuesto, Su Espíritu Santo precioso, para hacerlo. Al fin, el creyente verdadero encontrará, que fue Dios que "afirmó vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y Padre nuestro, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos" (1 Tesalonicenses 3:13).  

En segundo lugar, lo miramos del aspecto de la Preservación de los Santos. De eso podemos afirmar sin duda alguna que Dios preservará a Sus santos de perder su salvación. Considere las Escrituras siguientes: Jehová te guardará de todo mal; Él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre” (Salmos 121:6, 7); “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará (salvará, es decir, librará o proteger) para su reino celestial" (2 Timoteo 4:18); "Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a sus santos; para siempre serán guardados (preservados o protegidos)" (Salmos 37:28); “Y el mismo Dios de paz os santifique enteramente; y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo sean guardados (preservados de pérdida o daño) irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Tesalonicenses 5:23); “A los llamados, santificados por Dios el Padre y preservados en Jesucristo” (Judas 1). Sin duda alguna, cada uno de los elegidos de Dios que son salvos con una salvación eterna será preservado por toda eternidad. ¡Pero nota que no es el santo que lo hace sino el Señor quien salva y que prevendrá a los santos de perderla! La razón que Dios puede hacer todo esto es simplemente porque Él es soberano sobre TODAS las cosas; y por lo tanto “sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28); o puede ser dicho que Él obrara todas las cosas para bien para los que Él ha llamado para la salvación "porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo" (v.29).

No sólo eso: "Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (v.30). En otras palabras, amados, lo que estos versículos nos dicen es que el propósito de Dios para Sus elegidos, que han sido llamados para salvación, tiene la garantía que ellos lo obtendrán; ¡no importa por lo que ellos atraviesen en sus vidas! Ellos quizás tengan defectos, ellos quizás tengan caídas; ellos quizás tengan aún reincidencias terribles; todavía de todos ellos, “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10) los restaurará y los traerá para atrás a Él; "porque siete veces cae el justo (uno que ha sido justificado por fe en Cristo-Romanos 5:1), y vuelve a levantarse" (Proverbios 24:16); "cuando cayere, no quedará postrado; porque Jehová sostiene su mano" (Salmos 37:24); y lo que el Señor Jesús dijo de Pedro, es verdad para todos de Sus santos: "Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; mas yo he rogado por ti, para que tu fe no falte…" (Lucas 22:31, 32). Amados, si usted es un creyente verdadero en el Señor Jesucristo, tómelo de corazón: ¡NO SOLO PERSEVERA, PERO TAMBIEN ES PRESERVADO; PORQUE EL SEÑOR JESUS ESTÁ ORANDO POR USTED!!! ¡ALELUYA!!!

Terceramente, ahora consideremos brevemente la Seguridad Eterna del Creyente. Por supuesto, las cosas a lo que ya nos hemos referido en los anteriores dos puntos nos muestra que el creyente en Jesucristo tiene la bendita certeza de su salvación por la fe en Él para siempre. No sólo esta Cristo orando que nuestra fe no falle (como notado anteriormente), pero "somos guardados por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está lista para ser manifestada en el tiempo postrero" (1 Pedro 1:5). ¿Qué significa esto? Simplemente esto: Somos asegurados eternamente en nuestra salvación en que el poder de Dios es como un guardia que nos protege mediante la fe salvadora de cualquier cosa que al fin nos puede destruir. Otra cosa es que la fe salvadora no originó con nosotros. ¡Somos incapaces de producir tal fe! Pero ya que la salvación es TODA DE GRACIA, ¡todo lo que pertenece a ella  nos es dado como un don! “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros; pues es don de Dios” (Efesios 2:8); y “a vosotros es concedido por Cristo,…que creáis en Él” (Filipenses 1:29). Ya ven, amados, la fe que asegura eternamente nuestra salvación en nuestro Salvador precioso es referida como “la fe del Hijo de Dios”, es decir “la fe de Cristo” (Gálatas 2:20; compare versículo 16). En otras palabras, ya que la “fe” nos es dada por gracia; y es una fe que nunca fallará, es como la fe del Señor Jesucristo. Por supuesto, aquí vemos un ejemplo concreto de la Soberanía Absoluta de Dios en que esa “fe” que salva no es dada a todos para creer en Jesucristo sino sólo a los Elegidos; y por lo tanto es llamado “la fe de los escogidos de Dios” (Tito 1:1) y así que puede ser dicho que “no es de todos la fe” (2 Tesalonicenses 3:2). Todo alabanza sea para Él en que “Él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra (Daniel 4:35); “porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por siempre. Amén” (Romanos 11:36).

Por último, en el cuarto lugar, ¡podemos decir que Una Vez Salvo, Siempre Salvo! Hay ésos que no creen esta doctrina preciosa; especialmente a causa de dos razones: 1) Ellos reclaman que si esto es verdad entonces podemos vivir de cualquier manera que queremos y no tener miedo de perder nuestra salvación. Ellos dicen que esta doctrina nos da licencia para pecar. 2) Luego triste decirlo pero verdadero, ellos ven ésos que profesan ser "cristianos" viviendo al contrario de su profesión como cristianos. Ellos reclaman que tales han perdido su salvación y vuelto atrás a su estado anterior de perdición. Bueno, en el primer lugar, uno que ha nacido otra vez y ha sido unido a Cristo por fe no puede ser "desanacido" y muy ciertamente, perder su fe; de otro modo, tendríamos que decir que la regeneración por el Espíritu Santo y la intercesión del Señor Jesucristo por los elegidos habría fallado. ¡ESTO NO PUEDE SER! Somos prometidos “que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6); “porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29). En otras palabras, esos que Dios ha salvado por Su gracia por la fe en Su amado Hijo, el Señor Jesucristo, han sido “salvos en Jehová con salvación eterna” (Isaías 45:17) como mostrado anteriormente.

Además, en el segundo lugar, ésos que son salvados son una “nueva criatura…en Cristo” (2 corintio 5:17) y han sido dados “corazón nuevo” y “espíritu nuevo”; y son morados por el Espíritu Santo de Dios (Ezequiel 36:26, 27) de modo que ahora ellos pueden andar “en novedad de vida” (Romanos 6:4). Esto significa que ésos que tienen esta experiencia de cambio en ellos ya no son lo mismo. Ahora ellos han sido liberados del poder del pecado, del mundo y del diablo. Aparte de eso, ellos tienen las riquezas insondables de la gracia y poder de Dios para poder vencer las tentaciones y atracciones de la carne; así que de hecho, el creyente verdadero en el Señor Jesucristo, no puede pecar más allá de la gracia salvadora de Dios. Aunque tristemente verdadero que el santo puede, y si, peca en su vida cristiana, mas Dios en Su Gracia Libre y Soberana, “conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro” (Efesios 3:11), ha proporcionado los medios y la garantía por los cuales Él guardará a ésos que han venido Él de jamás perder su salvación en Su amado Hijo; “por lo cual puede también salvar perpetuamente (desde el principio hasta al fin; completamente) a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25). En otras palabras, es imposible para uno que ha sido salvado jamás llegar a ser no salvo; porque eso significaría que TODO lo que Dios ha hecho en Su “salvación tan grande” (Hebreos 2:3) para los pecadores habría fallado; y por lo tanto, nadie sería salvado. Refiérase a Hebreos 6:4-6 – “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron el don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron la buena palabra de Dios, y los poderes del mundo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio”. Pero porque Dios es Soberanas sobre TODAS cosas, puede ser dicho de cada creyente nacido otra vez y creado en Jesucristo como de Su pueblo antiguo: “Y ahora, así dice Jehová Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Isaías 43:1). ¡¡¡Aleluya!!!  

Así, llegamos a la conclusión de nuestro estudio de la Soberanía Absoluta de Dios con respecto a las Doctrinas de Gracia; y por lo tanto, hemos mostrado que si no hubiera sido la Soberanía de Dios que determinó el resultado de las verdades humilladoras de estas doctrinas preciosas, entonces “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) no hubiera dado esperanza de salvación a cualquier pecador. De que hay cualquiera que sea salvo demuestra que Dios ha estado en control de Su salvación del principio al fin; y por lo tanto, Él tiene todo derecho de mandar a todo pecador: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay más” (Isaías 45:22). Estas, amados, no son simplemente verdades abstractas con que llenamos nuestras cabezas, sino que son muy prácticas para nuestras vidas. En otras palabras, así como tenemos que mirar a la soberanía de Dios para ser salvos en el primer lugar, todavía tenemos que mantener el mirar a la soberanía de Dios mientras estamos “ocupaos en nuestra salvación, con temor y temblor” (Filipenses 2:12) en nuestra camino “para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2:14). Cuando viajamos en el “Camino de Santidad” (Isaías 35:8), perseveraremos en él porque nuestro Señor y Redentor gloriosos nos preservará en él, para que seamos asegurados eternamente en Su salvación. El fruto eterno de Su Muerte en el Calvario y Su Resurrección redundará para la gloria del Padre en que una vez que nos salvo siempre seremos salvados. A ÉL SEA LA GLORIA AHORA Y PARA SIEMPRE. AMEN.