LA
SOBERANÍA ABSOLUTA DE DIOS
Por Lasaro Flores
Esta
doctrina es una que es muy poca conocida por la
mayoría de cristianos profesos; y entonces que una vez es
proclamada como la
pura verdad de la Palabra inerrante de Dios, es totalmente despreciada
y
rechazada por la mayoría de ellos. Es una doctrina que hace al
hombre ser nada
antes del Dios Altísimo; y si habemos de recibir algún
bien de Él, tenemos que
venir como leprosos, cayendo en nuestros rostros a Sus pies, clamando, “Señor, si quieres, puedes
limpiarme”
(Lucas 5:12).
En
este estudio querríamos tratar con el tema de la
soberanía absoluta de Dios con respecto a nuestra
salvación. Por supuesto,
podríamos enseñar de la soberanía de Dios con
respecto a otras cosas, tal como
el tiempo, el reino animal, en el área política; e
incluso en el control del
pecado. Seguramente, no es limitado sólo a eso. ¡La
soberanía absoluta de Dios
está sobre Su universo entero!
Pero específicamente queremos ver lo que la Biblia
enseña acerca de quien esta en control de nuestra
salvación. La mayoría concordaría
que generalmente oímos enseñado que depende en el hombre
pecador de salvarse
así mismo; y generalmente es por los medios de las "obras
buenas".
Cada religión tiene este concepto: Haga esto o eso; no haga esto
o eso. Al fin
si sus méritos aventajan sus desmerecimientos, quizás el
"dios", o la
"diosa", en que uno cree los permitirá llegar al
“cielo” de él, o de
ella. Aún en muchos segmentos de la cristiandad profesa
encontrará esta “herejía
destructora” (2 Pedro 2:1).
Ahora, la primera
consideración que querríamos hacer con respecto a esta
doctrina gloriosa tiene
que ver con la pecaminosidad del hombre.
La pregunta es: ¿Qué tan pecador es el hombre?
Preguntase: ¿Qué tan pecador soy
yo? ¿Piensa usted que merece, o tiene aún el derecho
(como oí un predicador
decir una vez) de ser salvado? Su respuesta probablemente
dependería de lo que
usted sabe lo que la Palabra de Dios dice acercas de nuestra
pecaminosidad. Temo
que muchos concordarán que ellos son pecadores pero
todavía tienen alguna idea
que no son tan "malos". De hecho, yo he oído aún algunos
decir que
hay algún "bien" en ellos y creen que Dios tendría
misericordia de
ellos; especialmente mucho más si ellos tienen alguna clase de
"vida
religiosa".
Pero a pesar de lo que pensamos de nuestra
pecaminosidad, las Sagradas Escrituras es el único lugar que
podemos ir para
encontrar la verdad quién, y de lo que, somos antes de Dios.
Usted encontrará
que la Palabra de Dios no pinta una imagen muy bonita de nosotros como
pecadores. Nos describe, no sólo como totalmente
depravados, pero totalmente corruptos
en todas nuestras facultades y constitución como humano ser. El
pecado nos ha totalmente mutilado de modo que cuando
Dios nos mira Él ve que “todos nosotros
somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de
inmundicia” (Isaías
64:6) que tenemos que decir con Job: “He
aquí que yo soy vil, ¿qué te responderé? Mi
mano pongo sobre mi boca” (40:4).
En otras palabras, una vez que somos mostrados por la Palabra de Dios
nuestra
maldad, no hay absolutamente nada que podemos hacer o podemos decir que
nos
pueda cambiar; porque como leemos en Jeremías 13:23 – “¿Podrá el etíope mudar su piel, o
el leopardo sus manchas? Entonces
también vosotros podéis hacer bien, estando habituados a
hacer mal”. Lea
las Escrituras siguientes: Génesis 6:5; Job 14:4; 15:14-16;
Proverbios 20:9;
Jeremías 17:9; Marcos a 7:21-23; Romanos 1:18-32; 3:9-18;
Efesios 2:1-3, y
muchas otras Escrituras.
Por lo tanto, eso siendo el caso
con el hombre a causa
de su pecaminosidad, ¿qué esperanza puede tener si la
salvación dependiera de
él? Es claro que a causa de su estado espiritual, o la falta del
mismo (porque
él está muerto espiritualmente), ¿qué puede
hacer él para sí mismo? ¿Puede el
muerto darse vida a sí mismo? ¿Puede limpiarse el
leproso? ¿Puede crearse él de
nuevo? ¡Tenemos que decir que IMPOSIBLE es escrito sobre todo el
hombre pecador!
Su única esperanza reposa sobre Aquél quien SOLO puede
dar la vida y levantar
al muerto; Quién SOLO puede limpiar al leproso; y seguramente,
Quién SOLO es el
Creador. Además de todo eso, ¡Él SOLO puede salvar
del pecado! Pero al mismo
tiempo, somos confrontados con la pregunta: Si nuestro estado como
pecador es
tal, ¿entonces que nos puede recomendar a Dios?
¿Qué puede hallar Él en nosotros
que causará que Él nos ame y lo mueva para salvarnos?
¡ABSOLUTAMENTE NADA! Si
alguna cosa, ¡Él tiene todo derecho de lanzar a cada uno
de nosotros en el
infierno más profundo y Él sería justo en hacerlo!
Así que, ahora venimos a una pregunta
muy humilladora:
¿Qué habemos de hacer si no hay absolutamente ninguna
esperanza cualesquiera de
nosotros mismos para la salvación? Al grano: ¡TENEMOS QUE
APARTAR LA MIRADA DE
NOSOTROS MISMOS! Para ser más preciso, tenemos que mirar a
Aquél quien dijo: “Yo, yo Jehová, y
fuera de mí no hay quien
salve… No hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador:
ningún otro fuera de mí. Mirad
a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra:
porque yo soy Dios, y
no hay más” (Isaías 43:11; 45:21, 22). Por lo
tanto, hallamos que las
Sagradas Escrituras Santas nos revelan que hay SOLO UN DIOS que nos
puede
salvar de nuestros pecados; y ¡que Él se ha revelado a
nosotros en, y por, Su
Hijo, el Señor Jesucristo! “Dios estaba
en Cristo reconciliando consigo al mundo, no imputándole sus
pecados…” (2 Corintios
5:19); “Cristo Jesús vino al mundo para
salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15); “Y
nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo
para ser el Salvador del mundo” (1 Juan
4:14).
¡Pero ahora venimos a la verdad
marchitadota del
orgullo que Dios no tiene que salvar a nadie de nosotros si así
a Él le
complace! Sin duda alguna, no hay absolutamente nada en nosotros que lo
obliga
de salvarnos. De hecho, cuando Él salva a cualquiera de nosotros
es simplemente
a causa de Su voluntad libre y soberana. Ni aún el humano
más moral puede
pararse antes Dios y demandar la salvación; ¡o sea yo o
sea usted! Por eso es
porque el apóstol Pablo nos puede decir que nuestra
salvación no es por, ni de,
nosotros; “porque (como Dios) a Moisés
dice: Tendré misericordia, del que yo tenga misericordia; y me
compadeceré del
que yo me compadezca. Así que no es del que quiere, ni del que
corre, sino de
Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:15, 16). Da igual
cuán bueno o cuán
malo uno ha sido, Dios sólo salvará como le complazca de
salvar; y si Él salva a
algunos, y no lo hace con otros, viene a esto como el Señor
Jesús declara: “Te doy gracias, Padre,
Señor del cielo y de
la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los
entendidos, y
las revelaste a los niños. Sí,
Padre, porque así agradó a tus ojos. Todas las cosas me son entregadas
por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni nadie conoce al
Padre,
sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quisiere revelar"
(Mateo 11:25-27).
Quizás esta doctrina parecerá
ser fría y dura para
usted y será inclinado a decir con algunos de los
discípulos de Jesús' en Juan
6: “Dura
es esta palabra; ¿quién la puede oír?”
(v.60) porque ellos se ofendieron
por lo que Él les dijo; especialmente acercas de no poder creer
y venir a Él
para salvación a menos que el Padre los traiga y les dé a
venir a Jesús (vv.44,
65). Note la reacción de ellos: “Desde
entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya
no andaban con Él”
(v.66). Todavía, podemos ver que a pesar de la soberanía
absoluta de Dios en la
salvación “escrito está en los
profetas:
Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo
aquel que oyó, y aprendió
del Padre, viene a mí” (v.46) como demostrado en
los versículos 68 y 69
cuando el Señor le preguntó a los doce: “¿Queréis
iros vosotros también?” ¿Cómo
contestó Pedro? “Señor, ¿a
quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros
creemos, y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios
viviente”.
Lo qué Pedro expreso aquí,
amados, es simplemente
esto: Él había oído y aprendido que su
salvación es toda de la soberanía
absoluta del Padre; y que Él SOLO lo podía salvar. Pero
en vez de rechazar esta
verdad y volteándose de ella, él se sometió a ella
cuando declaró que TODA y
ÚNICA esperanza estaba en el Señor Jesucristo; y no en
nada de él mismo. Así él
confiesa que él tiene que lanzarse sobre la misericordia y la
gracia de Dios si
él había de ser salvado. Por fe él creyó lo
que el Padre le había enseñado
acercas de la salvación y humildemente lo recibió; y que
era “según el beneplácito de su
voluntad”
(Efesios 1:5) en Su amado Hijo, el Señor Jesucristo. Esto debe
ser la respuesta
de todos los que ha sido mostrados la atrocidad de su pecaminosidad
depravada;
y por la gracia de Dios fueron permitidos a exclamar como el leproso, “Señor, si quieres, puedes
limpiarme”
(Lucas 5:12).
Por lo tanto, la doctrina de la
soberanía absoluta de
Dios en salvar a cualquiera de nosotros no es lo que voltea a cualquier
pecador
de venir a Jesucristo para salvación; sino que es la soberbia
inherente que
existe en su corazón depravado que no quiere humillarse antes el
Altísimo y
someterse a Sus términos de salvación. La doctrina no
previene la salvación de
cualquier pecador; ¡más bien es la dureza de su
corazón y el amor por el pecado
que lo mantendrá de ello! Pero Dios, a causa de la grandeza de
Su amor y la
riquezas de Su gracia, ha sido complacido para salvar a pecadores
según Su beneplácito
para que ellos canten con todos los redimidos por toda la eternidad: “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros,
sino a tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad… Nuestro Dios
está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Salmo
115:1, 3). ¡Aleluya!!!
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Ahora, en segundo
lugar, habiendo visto la Soberanía Absoluta de Dios en la
salvación de
pecadores a pesar de su maldad total, o a pesar de la
Depravación y la
Inhabilidad Total, vamos ahora considerarlo en mirar la
elección de pecadores para salvación. Inmediatamente
vemos que la
elección presupone un escoger antes que una acción suceda; y el que hace la
elección es soberano sobre el objeto escogido. ¡No puede ser de ninguna otra
manera! Piénselo: Si usted reserva el derecho de ser "soberano"
sobre
las decisiones que hace; por ejemplo, en amar
a quien quiera, o en hacer el bien a
cualquiera que usted escoge, usted lo
consideraría absurdo para cualquiera decirle de otro modo.
¿Por qué debemos
negar este derecho a Aquél Quien es el Creador de todas las
cosas y a Quien
debemos dar cuenta al fin de todas las cosas? Si alguien ha de ser el
Soberano
Absoluto sobre todas las cosas y sobre cada criatura viviente, entonces
es
Aquél quien es Dios “desde la eternidad y
hasta la eternidad” (Salmo 90:2), cuyo “nombre
es JEHOVÁ”; Quien “solo (es) Altísimo sobre toda la tierra” (Salmo
83:18). Amén.
En considerando la soberanía de Dios en
la elección de
pecadores para salvación, al principio nos trae a la verdad muy
humilladora y que
marchita la soberbia que el hombre pecador tiene absolutamente nada que
ver con
su salvación. En otras palabras, no es su decisión para
Cristo por su tal
llamado "libre albedrío" como tan popularmente acepto hoy en
día; no
es que de repente él decidió buscar a Dios; no es que hay
algún "bien"
en él que movería a Dios para salvarlo; o ¡de
ninguna razón que puede pensar
que causaría que Dios lo salvara aparte de Su voluntad absoluta
soberana! El
Salmista nos recuerda que “de Jehová es
la salvación” (3:8); y en Jonás leemos que “la salvación pertenece a Jehová” (2:9).
Esto significa, entonces,
que Él SOLO tiene el DERECHO ABSOLUTO de dárselo a
cualquiera Él escoge
dárselo; y esto es mostrado por la doctrina de Elección.
Por lo tanto, esta
doctrina lo hace muy claro que si no fuera que Dios "quiso
soberanamente" salvar a pecadores, ninguno de nosotros sería
salvado;
porque como Romanos 9 nos dicen: “Porque
a Moisés dice (Dios): Tendré misericordia, del
que yo tenga
misericordia; y me compadeceré del que yo me
compadezca. Así que no
es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia”
(versos 15, 16).
Con esto, vamos a mirar a algunas razones por
qué la Elección
es de La Soberanía Absoluta de Dios en la salvación de
pecadores. Primero, vemos que la
Elección tiene que ver con la salvación. Tenemos
que hacer esto claro porque hay ésos que limitan la
Elección a que Dios escogió
a Israel para ser Su pueblo, o que uno es escogido para servir a Dios
en alguna
cierta capacidad. Pero leemos en 2 Tesalonicenses: “Mas
nosotros debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos
amados del Señor, de que Dios os haya escogido desde el
principio para
salvación, por la santificación del Espíritu y
la fe en la verdad”
(2:13). Desde que la salvación pertenece a Dios Él ha
sido complacido para dárselo
a esos quienes Él ha escogido para este propósito; y que
Él ha hecho esto aún “desde el
principio”; es decir, ¡desde la
eternidad aún antes que los escogidos existieran! Oh,
¡cómo debemos de dar
gracias a Dios por hacerlo y alabarle por ello! Además, esta
soberanía es vista
en los medios que Dios utiliza para traer a Sus escogidos a la
salvación, que
es “por la santificación del Espíritu
y
la fe en la verdad”. En otras palabras, el Espíritu
Santo trae a los
elegidos a la fe en Jesucristo por el Evangelio; y desde que sabemos
que no todos son salvados sino sólo los
elegidos, es porque ellos han sido escogidos soberanamente por Dios
para la
salvación.
En segundo
lugar, vemos que la Elección es sin
tomar en consideración nuestra pecaminosidad. Nos referirnos
a Romanos 9:11
– “(aunque aún no habían nacido
sus hijos,
ni habían hecho bien ni mal, para que el propósito
de Dios conforme a
la elección permaneciese, no por las obras de la ley sino
por el que
llama)”. La referencia aquí tiene que ver con
Esaú y Jacob: Dios había
escogido soberanamente a Jacob sobre Esaú para ser bendecido por
Él en los
beneficios de la salvación; y esto aún antes que ellos
nacieron o hecho algo
prácticamente. La base para esto fue “para
que el propósito de Dios conforme a la elección
permaneciese”, es decir
según lo que Él había predestinado basado en Su
voluntad soberana para ellos.
Por lo tanto, nuestra elección a la salvación no es
dependiente en cuán bueno
ni cuán malo hemos sido; porque no es de nada que nosotros hemos
hecho, pero
simplemente porque le complació escogernos para ser salvados.
Esto significa
que los elegidos no pueden jactarse que ellos fueron escogidos para la
salvación a causa de cuán bueno ellos fueron y ni pueden
los no-elegidos
lamentarse que ellos no fueron escogidos debido a su maldad. Oh,
puédanos
sometemos a esta verdad humilladora: "De
manera que del que quiere tiene misericordia; y al que
quiere
endurecer, endurece… ¿Y
qué si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder,
soportó con mucha paciencia los vasos de ira, preparados
para destrucción;
y para hacer notorias las riquezas de su gloria para con los vasos
de
misericordia que Él preparó de antemano para gloria,
a los cuales también
ha llamado, aun a nosotros, no sólo de los judíos, sino
también de los
gentiles?" (Romanos 9:18, 22, 23).
Luego, terceramente,
vemos que la Elección es antes de
Génesis 1:1. Leemos que fue “según
nos escogió en Él (Cristo) antes de
la fundación del mundo…” (Efesios 1:4). En este
pasaje encontramos que
todos los beneficios de la salvación que Dios había
determinado dar a Sus
elegidos antes de la creación fue basada en Su voluntad absoluta
soberana de
hacerlo así en que fue “según el
beneplácito de su voluntad” (v.5), es decir fue basado
en Su propósito en
ser bondadoso a ellos según le deleitó. Desde que esta
Elección sucedió en la
eternidad pasada Él no consultó con cualquiera de
nosotros acerca de ello; y
desde que hemos visto que no tuvo nada que ver con nuestra maldad, o
falta de
ello, podemos afirmar que es la Soberanía Absoluta de Dios que
escogió a Su
pueblo, o sea judío o sea Gentil, para componer a Su Iglesia.
Desde que la salvación
es TODO de el hacer y gracia de Dios, y nosotros no podemos agregar ni
podemos
restar una pizca de ello, entonces es TODO “para
alabanza de la gloria de su gracia” (v.6), “la
cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio
de
los siglos” (2 Timothy 1:9). Oh, ¡la alabanza es a
Él quien SOLO tiene
toda Sabiduría y el Poder de hacer como le complace para Su
gloria en
Jesucristo! Amén.
Pero ahora, en el cuarto
lugar, vemos que la Elección es en
Cristo. Esto es aclarado en Efesios 1:4 donde leemos que Dios el
Padre “nos escogió en Él”,
es decir en
Jesucristo “antes de la fundación del
mundo”. Esto significa, entonces, que Dios no sólo
escogió a nadie
simplemente arbitrariamente, por lo cual quiero decir basado
simplemente en su
necesidad de salvación; porque entonces Él tendría
que escoger a todos en que “todos pecaron, y
están destituidos de la
gloria de Dios” (Romanos 3:23). Pero Dios ha escogido
sólo a esos que Él
intentó dar a Su amado Hijo para ser salvados por Él; “porque Él salvará a su pueblo de
sus pecados” (Mateo 1:21).
El Señor Jesús Mismo hace esto claro en el Evangelio de Juan,
donde leemos: “Todo lo que el Padre me
da, vendrá a mí; y al que a mí viene, yo no le
echo fuera” (6:37).
Además, en el capítulo 17 Él hace referencia a
esto en Su oración al Padre: “Como le has
dado potestad sobre toda carne,
para que dé vida eterna a todos los que le diste”
(v.2; lee versos
6, 8, 9, 11, 12, 24). ¡Qué prueba más grande de la
soberanía absoluta de Dios
sobre nuestra salvación que Él nos escogería en Su
amado Hijo y de darnos a Él aún antes
que nosotros deseáramos de
estar en Su Hijo! ¡Aparte de Cristo no puede haber
Elección para la salvación!
Luego, en el
quinto lugar, la Elección es
conectada con la Predestinación. Ya ven, amados, Dios no
sólo ha escogido a
un pueblo para Su Nombre en Cristo para ser salvados por Él,
pero también los
ha “predestinado para ser adoptados hijos
suyos por medio de Jesucristo” (Efesios 1:5). Oh, tan gran
como es la
salvación en la Elección, ¡mas Dios en Su gran amor
ha sido complacido en
ponernos como Sus hijos e hijas (2 Corintios 6:18) en Su familia por
todo que lo
que tenemos, y hemos recibido, en Cristo! Permítame ilustrar: Un
hombre y su
esposa han determinado a "salvar" un niño huérfano que no
tiene padres
y vive una vida despreciable en las calles. Ellos han sido complacidos
para
traerlo en su casa y cuidar de él. Mas como tan gran un bien
ellos han hecho
para este niño; pero ¡Oh! ¡Qué amor para este
niño cuando ellos lo
"adoptan" en su familia y le dan todos los privilegios como un hijo!
¡Hay mucha diferencia entre simplemente ser "salvado" en la casa
y de
ser un "hijo" de la familia! Brevemente, ahora todos los Elegidos no
sólo son "salvados" pero también son "amados" por Dios
como
Él ama a Su amado Hijo (Juan
17:23;
y así que ellos serán conformados a Su imagen (Romanos
8:29) y son coherederos
con Él (v.17; Apocalipsis 21:7) a lo cual Él ha
"predeterminado" para
ellos en la Elección; y esto porque es “según
el beneplácito de su voluntad” (Efesios 1:5).
Por último, en el sexto
lugar, vemos que la Elección es también
con respecto a la Gracia de Dios. En Romanos 11 leemos de “la elección de gracia” (v.5). Es
verdad
que la Elección es basada en la Soberanía Absoluta de
Dios en escoger a Su
pueblo en Jesucristo para la salvación, todavía al mismo
tiempo exude con el
perfume de “las riqueza de su gracia”
(Efesios 1:7) en que TODAS las bendiciones de la Elección tienen
como su fuente
la Gracia Libre y Soberana de Dios. En la Elección, esta Gracia
fue dada a los
elegidos “en Cristo Jesús desde antes del
principio de los siglos” (2 Timothy 1:9); y entonces en
tiempo es
experimentado en la salvación: “Porque
por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros;
pues es
don de Dios” (Efesios 2:8). En otras palabras, Dios hace
el favor de
salvar a los elegidos aunque ellos no merecen de ser salvados; y
simplemente
porque le complace a Dios de salvarlos “según
el beneplácito de su voluntad” (Efesios 1:5).
¡Verdaderamente es Gracia
Admirable que sería incluido en Su Elección de Gracia!
¡Aleluya!!!
Ahora, permíteme cerrar este segmento
de nuestro
estudio en preguntarle esta pregunta: ¿Se siente usted que la
doctrina de
Elección es una doctrina muy dura y fría? Que hasta que
es concernido, usted no
cree que Dios es como yo lo he presentado. Bueno, permíteme
hacerle otra
pregunta: ¿Por qué Dios lo ha de salvar a usted y no
salvar a otro? ¿Usted no
puede negar que la Palabra inerrante de Dios lo hace muy claro que no
todos
serán salvados? ¿Qué piensa usted que hace la
diferencia? Somos dichos que “ciertamente no hay
hombre justo en la
tierra, que haga el bien y nunca peque” (Eclesiastés
7:20); que me incluye
y a usted. ¿Podría ser que usted no ve la fealdad de su
pecado antes Dios y que
Él sería justo en lanzarlo al infierno si no fuera a
causa de la Elección? Mi
estimado lector, mire a esta doctrina gloriosa que aunque magnifica la
Soberanía
Absoluta de Dios en ella, ¡todavía al mismo tiempo puede
ver los rayos
gloriosos de las riquezas de Su gracia, las multitudes de Sus
misericordias, y
de la grandeza de Su amor! La elección no previene al pecador
verdaderamente
inquiridor que desea ser salvo en Jesucristo; porque como Él
prometió: “Y al que a mí viene, yo no
le echo fuera” (Juan
6:37), sino que la Elección asegura la
salvación de multitudes sin número que nunca
buscarían a Dios (Romanos 3:11)
para la salvación en Jesucristo. ¡Toda Gloria Sea A
Él Quien SOLO PUEDE SALVAR
al más Principal de Pecadores en Jesucristo! ¡AMEN!!!
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En este momento trataremos con el aspecto de la
Soberanía
de Dios con respecto a la muerte expiadora del Señor Jesucristo
en la cruz por
los pecadores; y en hacer esto contestaremos la pregunta; ¿por
quién murió
Cristo? Ahora, del punto de vista del arminiano, ellos indican que
Cristo murió
por toda la humanidad, es decir por cada pecador individual; pero en
hacer
esto, Él sólo lo hizo posible para que los pecadores sean
salvados. Para
ponerlo en otras palabras, el arminiano reclama que Cristo no
murió por nadie en particular, sino por todos en general; y
todavía
los únicos que obtienen los beneficios de la expiación de
Cristo son ésos que
de su propio "libre albedrío" hacen "una decisión de
aceptar a
Cristo como su Salvador". Por lo tanto, del lado negativo, la doctrina
del
arminiano de la "expiación ilimitada" de Jesucristo en el
Calvario
declara que aunque Cristo murió por cada pecador, como ellos
reclamaron que Juan 3:16
significa, todavía multitudes de pecadores
son perdidos y van al infierno simplemente en la base que ellos no quisieron ser salvados. Así, de
hecho, lo que ellos significan es que ya que su salvación
dependía en su
"decisión", ellos se quedan perdidos a pesar que Cristo
murió por
ellos.
Pero, ¿por quién murió
Cristo? Esto trae arriba otra
pregunta muy importante que se necesita de ser contestada si habemos de
contestarla bíblicamente; y es, ¿a quién
intentó Dios a salvar por la expiación
de Cristo en la cruz? El punto calvinista, del cual soy yo, indica que
la
muerte de Cristo en la cruz fue una Expiación Limitada; o una
Redención
Particular hecha por los elegidos de Dios, que es aclarado por Efesios
1 en
declarar que “nos escogió en (Cristo)
antes de la fundación del mundo… en quien
tenemos redención por su sangre, la remisión de
pecados” (versos
4, 7). Esta doctrina es simplemente esto: Desde que Dios ha escogido a
quienes
Él intentó salvar “desde del
principio”
(ref. a 2 Tesalonicenses 2:13); y los escogidos eran pecadores que
tenían que
ser perdonados de sus pecados y en falta de una justicia para ser
aceptados por
Dios, Él proporcionó los Medios por los cuales
podían serlo. Por lo tanto, “conforme al
propósito eterno que hizo en
Cristo Jesús Señor nuestro” (Efesios 3:11),
Cristo vino a “salvar a su pueblo (dados
a Él
en la elección desde la fundación del mundo) de
sus pecados” (Mateo 1:21); o como lo declara el
apóstol Pablo: “Por tanto, todo lo sufro por
amor de los
escogidos, para que ellos también obtengan la
salvación que es en
Cristo Jesús con gloria eterna” (2 Timoteo 2:10). En
otras palabras, la Expiación
hecha por Jesucristo es Limitada para los escogidos; porque sólo
ellos han sido
redimidos en particular por Él en morir por sus pecados, y
¡no por cada pecador
individual como tan popularmente creído!
Ahora, quizás sea acusado de depreciar
la Muerte Expiadora
del Señor Jesucristo en decir que es Limitada SÓLO a los
elegidos. Al
contrario, ¡el punto calvinista exalta sumamente a la Cruz porque
la muerte de
Cristo en ella realmente salva a
pecadores! No simplemente hace posible para que los pecadores sean
salvos.
¡Los beneficios de la salvación en Cristo no son dejados
simplemente a los
caprichos de pecadores no regenerados en hacer "una decisión
para
Cristo" para ser salvos! ¡No! Tal doctrina contradice TODO lo que
“el evangelio de la gracia de Dios”
(Hechos 20:24) significa para la salvación de los elegidos.
¡A quién Dios
intentó salvar por la Cruz será salvado!
Esto es asegurado por el hecho que Cristo obtuvo TODO lo que los
elegidos
necesitan para su salvación; ¡desde del principio hasta al
fin! Predicando “a Jesucristo, y a Éste
crucificado” (1
Corintios 2:2), podemos asegurar a cualquier pecador que “creyendo
en el Señor Jesucristo,…ellos serán salvos”
(Hechos
16:31); pero no porque “del que quiere,
ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”
(Romanos 9:16). El
Señor Jesús hace esta verdad muy claro cuando Él
dice en Juan
6: “Todo lo que el Padre me da
(en la elección), vendrá a mí;
y
al que a mí viene, yo no le echo fuera…Y ésta es
la voluntad del Padre que me
envió: Que de todo lo que me ha dado, no pierda yo nada,
sino que lo
resucite en el día postrero” (versos 37, 39). Esta es
la garantía que TODOS
por quienes Cristo murió, ¡ELLOS SERAN SALVADOS!!!
Así que entonces, usted puede ver, si
Cristo murió
universalmente por cada pecador, tiene que ser dicho que Cristo
falló de salvar
a TODOS por quienes Él murió; si Él murió
verdaderamente por cada pecador. Digo
esto reverentemente: Si la muerte de Cristo no pudo salvar a todo
pecador,
entonces, ¿QUIEN esta depreciando el Poder y la Capacidad de la
muerte de
Cristo para salvar a pecadores? En decir que la salvación
depende del
"libre albedrío" del pecador; y por lo tanto, es sólo
eficaz para
ellos, ¡es decir que multitudes todavía serán
perdidos y van al infierno aunque
Cristo murió por ellos! Esa es la única conclusión
lógica que uno tiene que
proponer si Cristo murió verdaderamente por todos. Pero luego
para el arminiano
reclamar que la muerte expiadora ilimitada de Cristo verdaderamente si
salva a
pecadores, entonces ellos tendrán que decir que todos
serán salvados, lo que es
el "universalismo" en que al fin nadie será perdido e ira al
infierno.
Usted no lo puede tener ambas maneras; porque como el puritano Juan Owen lo pone: El Padre
impuso Su ira debida a, y el Hijo experimentó el castigo por,
o sea por: 1. Todos los pecados de todos los hombres. 2.
Todos los pecados de algunos hombres, o 3. Algunos de
los pecados de todos los hombres. En que caso puede ser
dicho: 1. Si el
último es verdad, todos los hombres tienen algunos pecados para
dar cuenta, y
así, ninguno es salvado. 2. Que si
el segundo es verdad, entonces Cristo, en su lugar sufrió por
todos los pecados
de todos los elegidos en el mundo entero, y esto es la verdad. 3. Pero si el primero es el caso, ¿por
qué no son todos los hombres libres del castigo debido a sus
pecados? Usted contestara, “Por causa
de la incredulidad”. Yo pregunto, ¿Es la incredulidad pecado, o no? Si lo es,
entonces Cristo sufrió el castigo debido a ello, o no. Si
Él lo hizo, ¿por qué
esto debe estorbar más que sus otros pecados por cuales
Él murió? Si Él no lo hizo,
¡Él no murió por todos sus pecados"! De CRTA
http://www.reformed.org/
Con esto, permitame presentar algunas razones por
qué podemos
ver la Soberanía Absoluta de Dios en esta doctrina de la
Expiación de
Jesucristo. Primero, tiene que ver con
la eternidad; y por lo tanto, con respecto a ésos por
quienes Cristo murió,
fue determinado antes de Génesis 1:1, como leemos en 1 Pedro que
ellos fueron
redimidos “con la sangre preciosa de
Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación; ya preordinado
desde antes de la fundación del mundo” (1:18-20).
Ya ven, amados, aún antes que la creación en la eternidad
pasada los nombres de
TODOS LOS ELEGIDOS “están escritos en el
libro de la vida del Cordero, el cual fue inmolado desde la
fundación del mundo”
(Apocalipsis 13:8). Para ponerlo de otra manera, Dios no
"decidió" en salvar a pecadores únicamente después
de que ellos
"decidieron" de ser salvados por Él en Jesucristo; sino que Dios
"decidió" salvar a pecadores aún antes que ellos
realmente existieran,
aún antes que ellos hicieran bien o mal, ¡e incluso antes
que ellos pudieran
“hacer una decisión para Cristo"! De hecho, había
nadie allí sino el
Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo para hacer esta
"decisión de
salvación" para los elegidos; y ¡por ellos Cristo vino a
buscar y a
salvar! Y ¿quien tomó esta decisión? ¡Nadie
sino Aquél quien es eternamente
todo-sabio en Su voluntad soberana! ¡Amén!
En segundo
lugar, tiene que ver con un cierto número que han de ser salvos.
Este cierto número es referido como Su
pueblo; o como Mateo 1:21 dice que “él
salvará a su pueblo de sus pecados”.
Note que Él vino a salvar a Su pueblo en que Su sangre “es derramada por muchos, para remisión de
pecados” (26:28). Honestamente, ¿quiénes son
los “muchos” sino es “su
pueblo” quienes
Él salvará? De hecho, leemos en Hechos 13 que “creyeron
todos los que estaban ordenados para vida eterna” (verso
48) que Jesucristo vino a morir por ellos; y como resultado ellos
fueron salvados
de sus pecados por Su muerte expiadora en la cruz. Así que vemos
aquí que la
redención proporcionada por la sangre derramada de Cristo fue
"limitada" por Dios mismo para los elegidos; o como el apóstol
Pablo
lo pone en que fue “por amor de los
escogidos, para que ellos también obtengan la salvación
que es en Cristo Jesús
con gloria eterna” (2 Timoteo 2:10). Otra vez, tenemos que
preguntar: ¿Quién
hizo esta decisión?; y ¿cuando fue hecha? La
ÚNICA respuesta Bíblica
es encontrada en la Soberanía de Dios: Él SÓLO
escogió un pueblo para Su Nombre
en Jesucristo, Su amado Hijo; y SÓLO a ellos Él quiso de
concederles “una salvación tan grande”
quienes
habían de ser “herederos de
salvación”
(Hebreos 2:3; 1:14); y por lo tanto “según
su beneplácito, el cual se había propuesto en
sí mismo”, Él envió a
Su amado Hijo para que ellos tengan “redención
por su sangre, la remisión de pecados, según las riquezas
de su gracia”; y
esto fue hecho “antes de la fundación
del mundo” (Efesios 1:9, 7, 4). Amén.
Luego,
terceramente, tiene que
ver con la eficacia de la Expiación de Cristo; es decir, el
efecto
verdadero que la sangre derramada de Cristo tiene en cada pecador
creyente. Las
Sagradas Escrituras lo hacen muy claro que hay una redención
verdadera y un
perdón de pecados para todos que creen en “Jesucristo,
y a Éste crucificado” (1 Corintios 2:2). Pero esto
sólo puede ser verdad si
Dios es complacido para hacerlo eficaz al que cree; porque “no
es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia” (Romanos 9:16). Ahora, el capítulo 9 de
Romanos nos da un
cuadro de la Soberanía Absoluta de Dios sobre la
Salvación; y por lo tanto,
depende en Él quien es el que ha de ser salvo; “porque
a Moisés dice: Tendré misericordia, del que yo tenga
misericordia; y me compadeceré del que yo me compadezca” (verso
15). No es
que la Expiación de Cristo no puede salvar a todos;
¡porque lo puede si Dios
así lo quisiera!! No obstante, en el propósito eterno de
Dios Él ha
"limitado" la eficacia de la "expiación" a los elegidos; de
otro modo, ¡si Él hubiera muerto por todos los pecadores
cada uno sería salvo!
Quizás
las tres razones que he dado levantarán más preguntas (ya
que las
razones no son muy detalladas), lo cual es bueno si lo llevan a la
Palabra de
Dios para encontrar las respuestas; pero como dije antes, ¡no lo
podemos tener de
ambas maneras___ Cristo o murió generalmente o en
particularmente___ por los
pecadores! Quizás algunos dirán que no hace ninguna
diferencia lo que uno cree
con respecto a este asunto, ¡sólo que uno crea que
Jesucristo murió por los
pecadores! Es verdad que los pecadores tienen
que creer que Jesucristo murió por ellos para que sean
salvos; y no en una
manera general pero en particular; o como Pablo lo pone: “El
Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí”
(Gálatas 2:20). Todavía, al mismo tiempo no somos
permitidos presumir que
Cristo murió por mí simplemente porque uno cree que
Él murió por todos; de otro
modo, Mateo 22:14 y 2 Pedro 1:10 no tienen sentido: “Porque
muchos son llamados, pero pocos son escogidos”; y “por lo cual, hermanos, procurad tanto
más hacer firme vuestro llamamiento y elección”.
La primera Escritura tiene que ver con
los pecadores siendo “llamados” por
el Evangelio a la salvación en Jesucristo, mas los “pocos”
que son “escogidos”
son los únicos que son salvados; mientras la segunda Escritura
exhorta al
cristiano profeso que procure “hacer
firme (su) llamamiento y la elección”. En otras
palabras, no dé por sentado
que usted es salvo simplemente porque Cristo murió por los
pecadores, sino “haga firme” que Dios lo ha llamado y escogido para salvación
por Su evangelio (2 Tesalonicenses 2:13, 14). Si usted hace esto, por
la gracia
de Dios, usted será permitido a ver que fue la voluntad soberana
de Dios para salvarlo enviando a Su Hijo para
morir por usted; y TODO porque
simplemente le complació para hacerlo así!
¡Aleluya!!!
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Ahora que consideramos la doctrina de la Gracia
Irresistible, o de la Gracia Eficaz, veremos que verdaderamente La
Soberanía
Absoluta de Dios es mostrada en esta verdad gloriosa. Si no fuera por
esta
verdad humilladora, entonces tendríamos que decir que el
Arminiano lo tiene
correcto cuando reclaman que el pecador o puede hacer una
“decisión” para ser
salvo o no. Según a la enseñanza de ellos, un pecador no
regenerado y muerto
espiritualmente tiene el poder de su "libre albedrío" para
resistir
la gracia de Dios en hacer una elección para no ser salvo; y que
Dios NO PUEDE imponer
Su gracia sobre ellos para salvarlos. En otras palabras, lo que esto
significa
es que el pecador perdido es "soberano" sobre su salvación; y
¡que
Dios NO PUEDE hacer nada acerca de ello! Por supuesto, el problema con
esto es
que si esto es verdad, entonces ningún pecador jamás
será salvado porque según
a las Sagradas Escrituras “no hay (absolutamente
nadie) quien busque a Dios” (Romanos
3:11); y siempre que un pecador es confrontado con “el
evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24), ellos
dirán al
Señor Jesucristo, “No queremos que
éste
reine sobre nosotros” (Lucas
19:14). Todos nosotros, es decir cada uno de nosotros,
¡hará definitivamente lo
mismo a menos que algo cause un cambio en nosotros para que
puédanos responder
de forma distinta!
Antes
que miremos algunas Escrituras para mostrar por
qué la Soberanía Absoluto de Dios es demostrada por la
doctrina de la Gracia
Irresistible, ¡primero consideremos lo que no es! 1)
no es que los pecadores no "resisten" a Dios y Su gracia.
De hecho, todo pecador hace eso cualquier tiempo que son presentados
con las
demandas de Dios, que es de tener “arrepentimiento
para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo”
(Hechos 20:21). Lo qué
Esteban dijo a los judíos puede ser dicho de cada pecador: “Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y
de oídos, vosotros
resistís siempre al Espíritu Santo” (7:51).
¡Deje solo a pecadores
perdidos y muertos y eso es la cosa más natural que ellos
harán! Pero luego 2) no es que disminuye la
responsabilidad
del pecador de “convertirse de los
ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”
(1 Tesalonicenses
1:9); ¡aún aunque ellos NO LO PUEDEN hacer verdaderamente
aparte de la gracia
de Dios! En otras palabras, su Incapacidad Total de arrepentirse y
creer no los excusa por no hacerlo; porque es
dicho que Dios “ahora demanda a todos los
hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30) y “creer en el Señor Jesucristo” (16:31)
para
ser salvados de sus pecados. En no hacerlo, ¡su perdición
está debido a su
desobediencia voluntariosa y no a causa de la Gracia Irresistible de
Dios no dada
a ellos! Además, 3) no es que pecadores
son hechos robots o títeres por la Gracia Irresistible de Dios.
Es decir,
Dios no fuerza a pecadores a hacer
lo que ellos no están dispuestos a hacer libremente. Aún
aunque ellos sean
"esclavos" a su pecado y están en esclavitud a Satanás
(Efesios
2:1-3) y no puedan librarse a sí mismos, ¡todavía
Dios no irá en contra la
voluntad de ellos para salvarlos! Por el otro lado, la gracia de Dios
tiene que
hacer al pecador dispuesto a ser salvo; o ¡nunca será
salvos de sí propio!
Habiendo dicho eso, vamos ahora considerar algunas cosas
acercas de la Gracia Irresistible que muestran La Soberanía
Absoluta de Dios en
ello. Primero, diciendo que la Gracia es
Irresistible, significamos simplemente que siempre que Dios ejercita Su
gracia sobre
uno, no hay absolutamente nada que puede pararlo de lograr su
propósito. No
importa lo que resista o trata de impedir
la gracia de Dios
fallará. ¡La prueba de esto es vista en la
salvación de pecadores! Todo pecador
redimido testificará a este hecho: A pesar de cuánto
ellos se opusieron a la
gracia de Dios, un día glorioso su oposición fue derriba
hacia abajo como los
muros de Jericó. Al mismo tiempo reconocemos que no todos los
pecadores se
rinden; mas no era porque ellos pudieron "resistir" la gracia de
Dios, sino simplemente porque Dios no “forzó” una
decisión de ellos. Podemos
explicar esto en referirnos a cuando el Señor Jesús
levantó a Lázaro de los
muertos: ¡Note que Él llamó SOLO a Lázaro
para "salir" de la tumba;
de otro modo, si Él hubiera llamado en una manera general, puede
creer que todos
los muertos hubieran salido (Juan
11:43)! ¡Era Su "decisión" soberana de hacerlo así;
y aún la muerte
no podía resistirlo!
En
el segundo lugar,
la gracia es dicha ser el favor inmerecido
de Dios, significando
que ni un pecador merece ni es digno de ello. En otras palabras, si
Dios
hubiera de conceder gracia en cualquiera de nosotros por algo
que hicimos, entonces no sería gracia; o como Romanos 11:6 lo
pone: “Y si por gracia, ya no es por
obras, de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no
es
gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. Pero ya que la
gracia es Dios
haciéndonos el favor en salvarnos aunque no merecemos de ser
salvados; y desde
que no somos “digno de la más pequeña
de
todas las misericordias” (Génesis 32:10) de Dios,
tiene que ser “según las riquezas de su
gracia”
(Efesios 1:7). Por lo tanto, la Soberanía Absoluta de Dios es
visto en esto:
Cada pecador que es “salvo en Jehová con
salvación eterna” (Isaías 45:17) fue salvado,
no porque Dios fue obligado
de salvarlos, ni “conforme a nuestras
obras, sino según su propósito y gracia, la cual
nos fue dada en Cristo
Jesús desde antes del principio de los siglos” (2
Timothy 1:9). Ya ven,
amados, era el propósito soberano de Dios de salvarlos
aún antes que ellos
existieran; “así que no es del que
quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos
9:16).
Continuando,
encontramos en el tercer lugar, que la
gracia
tiene que ver con pecadores, que indica la única esperanza que
los pecadores
tienen. Quita la gracia de entre Dios y el hombre pecador, todo lo
que ellos
pueden esperar es de ser echados fuera de Su presencia por toda la
eternidad.
Por el otro lado, la gracia suministrará TODA LA NECESIDAD que
el pecador tiene
ante Dios; y esto es acentuado en el primer capítulo de Efesios.
Lea
devotamente versos 3-7. Ya que la gracia es el favor
inmerecido de Dios dirigió hacia los pecadores, siempre que
alcance su objetivo, proporciona TODO lo que el pecador necesita para
arrepentirse de sus pecados y para creer en el Señor Jesucristo.
Recuerde que
Efesios 2:1-3 describe el caso desesperado de los pecadores; y
así que si Dios
no era “el Dios de toda gracia” (1
Pedro 5:10), el pecador no tendría esperanza cualesquiera. Pero
los versos 4-10
describen los resultados alegres de la gracia de Dios sobre un pecador
que se
arrepiente y cree en el Señor Jesucristo. Todavía,
amados, la soberanía de Dios
es implicada aquí también; porque todas estas cosas son
verdad SOLO para los
pecadores que vienen a Él en Sus términos; porque como el
Señor Jesucristo
dice: “Los sanos no tienen necesidad de
médico, sino los enfermos: No he venido a llamar a justos,
sino a pecadores
al arrepentimiento” (Marcos 2:17).
Cuartamente,
encontramos que SOLO la gracia es la
única manera por la cual Dios salvará a pecadores. En
el propósito eterno
de Dios para salvar a pecadores, Él determinó de hacerlo
únicamente por gracia
sólo. En otras palabras, Él no aceptará cualquier
otros medios por cuál los pecadores
quizás traten de obtenerlo. Dos veces es declarado en Efesios 2:
“Por agracia sois salvos” (v. 5) y, “por gracia sois salvos por medio de la fe”
(v. 8). ¡Quite la gracia y ponga algo más en su lugar y
usted será perdido! Ya
ven, la gracia es la fuente de donde fluyen todos los dones que tiene
que ver con
la salvación; o como Isaías lo pone: “Con
gozo sacaréis aguas de las fuentes de la salvación”
(12:3). Por lo tanto,
desde que la gracia es el "favor inmerecido" de Dios hacia un pecador
merecido del infierno que es favorecido por Dios en salvarlo; porque “esto no (es) de vosotros; pues es
don de Dios” (Efesios 2:8) se nos dice, esto
habla de la Soberanía Absoluta de Dios en ello. La gracia no es
"merecida"
por nadie de nosotros “por cuanto todos
pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”
(Romanos 3:23); pero ya
que algunos son salvados, es debido solamente a la gracia
libre y soberana de Dios, y ¡no a nada que el pecador
redimido ha hecho, puede hacer o jamás hará!
Por último, en el quinto
lugar, encontramos que la gracia es
eterna. Esto sólo debe solidificar la verdad de la
Soberanía Absoluta de
Dios en la verdad de la Gracia Irresistible de Dios que humilla y
marchita la
soberbia. Desde que Dios es “el Dios de
toda gracia” (1 Pedro 5:10), quien es Dios “desde
la eternidad hasta la eternidad” (Salmo 90:2), Él ha
salvado
a pecadores “según su propósito y gracia,
la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde antes del principio
de los siglos”
(2 Timoteo 1:9), significando que desde la eternidad pasada Él
iba a salvar pecadores
POR GRACIA SOLO “para mostrar en las
edades venideras las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad
para con
nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:7 y sería “para alabanza de la gloria de su gracia”
(1:6). Amén.
Además, podemos agregar que la Soberanía
Absoluta de
Dios es acentuada por la Gracia Irresistible cuando consideramos lo que
hemos
aprendido de las doctrinas de la Depravación Total del Hombre,
la Elección
Incondicional y la Expiación Limitada, es decir la
Redención Particular. La
Gracia irresistible tiene que hacer al pecador Totalmente Depravado que
está
indispuesto, dispuesto de venir a Jesucristo para la salvación,
convencer al
Escogido Incondicionalmente venir a El, y asegurar que los que son
redimidos
por la Expiación Limitada venir a su Redentor y el Salvador.
Esto, por
supuesto, será hecho por la Gracia Irresistible de Dios por “los escogidos, para que ellos también
obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria
eterna” (2 Timoteo
2:10). ¡Esa es la GARANTIA de la Gracia Irresistible!
¡ALELUYA!!!
Ahora, quizás alguien que lee estas palabras que
no
tiene una relación salvadora con el Señor Jesucristo
quizás será inclinado a
decir, "¿Qué vale hacer un esfuerzo creer en Cristo si
todo depende de la
Voluntad Soberana de Dios?” Mi respuesta a usted es simplemente
esto: “Cree en el Señor Jesucristo, y
serás salvo
tú” (Hechos 16:31). Él promete que “al
que a mí viene, yo no le echo fuera” (Juan
6:37). ¿Está usted concernido por la salvación de
su alma? Vaya a Él como el
más principal de los pecadores (1 Timoteo 1:15) y
encontrará que Él es “perdonador”
(Salmo 86:5); y por fe oye
Su voz dulce diciéndole: “Yo soy tu
salvación” (Salmo 35:3). Vaya a Él mirando
sólo por Su gracia y
misericordia y encontrará salvación. De hecho, es como
Isaías 55:1 invita al
pecador: “A todos los sedientos: Venid a
las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed.
Venid,
comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche”;
porque ¡lo es TODO
POR GRACIA SOLA! ¡Aleluya!!!
************************************************************************************************************************
Al terminar esta serie de estudios de La Soberanía
Absoluta de Dios en conexión con las Doctrinas de Gracia, ahora
consideramos la
doctrina de la Perseverancia de los Santos. Esta doctrina en particular
es una
de las más consoladoras de la certeza bendita de nuestra
salvación en Jesucristo
para el creyente que lucha. También puede ser referido como la
Preservación de
los Santos, o de la Seguridad Eterna del Creyente; o como es tan
comúnmente
llamado hoy, Una Vez Salvo Siempre Salvo. Esta última, aunque
tan precioso
verdadero que es, ha sido tan corrompido por tanta enseñanza
falsa que tendemos
a evitarlo a enseñar al cristiano que ellos han sido "salvos
en Jehová con salvación eterna" (Isaías
45:17).
Pero nosotros no podemos negar la verdad gloriosa que una vez un
pecador ha
sido salvado por Solo la Gracia por medio Sólo la Fe y
Sólo en Cristo; ellos
SIEMPRE serán salvos, para siempre y jamás.
¡Aleluya!
No obstante, permitidnos considerar algunas
cosas de
esta verdad preciosa “del evangelio de la
gracia de Dios" (Hechos 20:24) y vamos a regocijarnos en el hecho
que
porque Dios es Soberano sobre TODAS las cosas que Aquél quien
comenzó una buena
obra en cada uno de los elegidos (Filipenses 1:6) "es
poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha
delante de su gloria con gran alegría" (Judas V.24). De
hecho, amados,
no hay absolutamente nada que puede separar al creyente verdadero del
amor de
Dios que es en Jesucristo nuestro Señor (Romanos 8:38, 39). Eso
significa
simplemente que al momento un pecador es convertido al Señor
Jesucristo como
Salvador, hay la garantía que ese pecador será salvado
por Dios de modo que
ninguno de los elegidos que fueron dados al Señor Jesucristo por
el Padre jamás
será perdido otra vez. Así que promete el Señor
Jesús en Juan
10: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo
las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna, y no
perecerán jamás, ni
nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es, y nadie las
puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y mi
Padre uno somos"
(27-30).
Ahora, vamos a considerar la Soberanía
Absoluta de
Dios con respecto a esta verdad maravillosa: Primero,
lo miraremos de la perspectiva de la Perseverancia de los
Santos. Note que los creyentes verdaderos son llamados Santos, que
significa
que los elegidos fueron escogidos en Cristo "para
que fuesen santos y sin mancha delante de Él, en amor" (Efesios
1:4);
y por lo tanto, debemos de "ser
santos en toda manera de vivir; porque escrito está: Sed santos,
porque yo soy
santo" (1 Pedro 1:15, 16). Esto significa, entonces, si reclamamos
ser
cristiano, debemos de ser santos, es decir andar en santidad. ¡No
es opción que
tenemos! Es imposible para uno ser salvo y no ser santo; porque la
santidad es
la prueba que hemos "sido separados del pecado y del mundo y apartados
para Dios en Jesucristo". Pero la enseñanza aquí es que
el santo de Dios perseverará
en la santidad. En otras palabras, lo que esto significa es que
Dios obrará
soberanamente en las vidas de Su pueblo de modo que ellos continuarán
fijamente en santidad. Esto no significa que ellos son
impecables, es decir nunca pecaran, aún como creyentes. Pero lo
que significa
es que ya que Dios esta en control de TODAS LAS COSAS, Él por Su
gracia
restaura a Sus santos que se han caído en el pecado a la
santidad; "porque no nos ha llamado Dios a inmundicia,
sino a santificación" (1 Tesalonicenses 4:7). Por lo tanto,
como el
santo se ocupa en su salvación con temor y temblor, será "porque es Dios el que…obra así el querer como
el hacer, por su
buena voluntad" (Filipenses 2:12, 13) en ellos.
Desde que la santidad es esencial para
ésos que pasarán
la eternidad con un Dios santo, Él se asegurará de que
Sus santos perseverarán
en ello. Ya ven, aún los creyentes verdaderos todavía
tienden a pecar y
reincidir a causa del pecado morador, de modo que si Dios no
intervendría a
favor de ellos, seguramente se caerían. Compare 2 Pedro 1:10.
Por supuesto, no
es nuestra santidad que merece la salvación; no obstante, Dios
de Su gracia los
hará "perfectos para toda obra buena
para que hagáis su voluntad, haciendo Él en vosotros lo
que es agradable
delante de Él por Jesucristo" (Hebreos 13:21).
Además, Pablo lo pone
de esta manera: “Y el mismo Dios de paz os
santifique enteramente; y que todo vuestro espíritu, alma y
cuerpo sean
guardados irreprensibles para la venida de nuestro Señor
Jesucristo” (1
Tesalonicenses 5:23). Así como Él prometió a Su
pueblo antiguo, “Jehová te confirmará
como un pueblo santo
para sí, como te ha jurado” (Deuteronomio 28:9) es
todavía hoy de verdad
para Su pueblo; porque “vosotros sois linaje
escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo
adquirido” (1 Pedro
2:9). Todavía, en todo esto, el creyente es responsable ser
santo en su andar
diaria; y para perseverar en la santidad, Dios ha proporcionado Su
gracia, Su
Palabra y por supuesto, Su Espíritu Santo precioso, para
hacerlo. Al fin, el
creyente verdadero encontrará, que fue Dios que "afirmó
vuestros corazones en santidad, irreprensibles
delante de Dios y Padre nuestro, para la venida de nuestro Señor
Jesucristo con
todos sus santos" (1 Tesalonicenses 3:13).
En segundo
lugar, lo miramos del aspecto de la Preservación de los Santos.
De eso podemos
afirmar sin duda alguna que Dios preservará
a Sus santos de perder su salvación. Considere las
Escrituras siguientes: “Jehová te
guardará de todo mal; Él guardará
tu alma. Jehová guardará tu salida y tu
entrada, desde ahora y para
siempre” (Salmos 121:6, 7); “Y el
Señor me librará de toda obra mala, y me preservará
(salvará, es
decir, librará o proteger) para su reino
celestial" (2 Timoteo
4:18); "Porque Jehová ama la
rectitud, y no desampara a sus santos; para siempre serán
guardados (preservados
o protegidos)" (Salmos
37:28); “Y el mismo Dios de paz os
santifique enteramente; y que todo vuestro espíritu, alma y
cuerpo sean guardados
(preservados de pérdida o daño)
irreprensibles para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5:23); “A
los llamados, santificados por Dios el
Padre y preservados en Jesucristo” (Judas 1). Sin duda
alguna, cada uno de
los elegidos de Dios que son salvos con una salvación eterna
será preservado por
toda eternidad. ¡Pero nota que no es el santo que lo hace sino el
Señor quien
salva y que prevendrá a los santos de perderla! La razón
que Dios puede hacer todo
esto es simplemente porque Él es soberano sobre TODAS las cosas;
y por lo tanto
“sabemos que todas las cosas ayudan a
bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito
son llamados”
(Romanos 8:28); o puede ser dicho que Él obrara todas las cosas
para bien para
los que Él ha llamado para la salvación "porque
a los que antes conoció, también los
predestinó para que fuesen hechos
conforme a la imagen de su Hijo" (v.29).
No sólo eso: "Y
a los que predestinó, a éstos también
llamó; y a los que llamó, a éstos también
justificó; y a los que justificó, a éstos
también glorificó” (v.30). En
otras palabras, amados, lo que estos versículos nos dicen es que
el propósito
de Dios para Sus elegidos, que han sido llamados para salvación,
tiene la
garantía que ellos lo obtendrán; ¡no importa por lo
que ellos atraviesen en sus
vidas! Ellos quizás tengan defectos, ellos quizás tengan
caídas; ellos quizás
tengan aún reincidencias terribles; todavía de todos
ellos, “el Dios de toda gracia” (1 Pedro
5:10)
los restaurará y los traerá para atrás a
Él; "porque siete veces cae el justo (uno que
ha sido justificado
por fe en Cristo-Romanos 5:1), y vuelve a
levantarse" (Proverbios 24:16); "cuando
cayere, no quedará postrado; porque Jehová sostiene su
mano" (Salmos
37:24); y lo que el Señor Jesús dijo de Pedro, es verdad
para todos de Sus
santos: "Simón, Simón, he aquí
Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; mas yo
he rogado por ti,
para que tu fe no falte…" (Lucas
22:31, 32). Amados, si usted es un creyente verdadero en el
Señor Jesucristo, tómelo
de corazón: ¡NO SOLO PERSEVERA, PERO TAMBIEN ES
PRESERVADO; PORQUE EL SEÑOR
JESUS ESTÁ ORANDO POR USTED!!! ¡ALELUYA!!!
Terceramente, ahora
consideremos brevemente la Seguridad Eterna del Creyente. Por supuesto,
las
cosas a lo que ya nos hemos referido en los anteriores dos puntos nos
muestra
que el creyente en Jesucristo tiene la bendita certeza de su
salvación por la
fe en Él para siempre. No sólo esta Cristo orando que
nuestra fe no falle (como
notado anteriormente), pero "somos
guardados por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación
que está lista
para ser manifestada en el tiempo postrero" (1 Pedro 1:5).
¿Qué
significa esto? Simplemente esto: Somos asegurados eternamente en
nuestra
salvación en que el poder de Dios es como un guardia que nos
protege mediante
la fe salvadora de cualquier cosa que al fin nos puede destruir. Otra
cosa es
que la fe salvadora no originó con nosotros. ¡Somos
incapaces de producir tal
fe! Pero ya que la salvación es TODA DE GRACIA, ¡todo lo
que pertenece a ella nos es dado como un
don! “Porque por gracia sois salvos por medio de la
fe, y esto no de
vosotros; pues es don de Dios” (Efesios 2:8); y “a
vosotros es concedido por Cristo,…que creáis en
Él” (Filipenses
1:29). Ya ven, amados, la fe que asegura eternamente nuestra
salvación en nuestro
Salvador precioso es referida como “la fe
del Hijo de Dios”, es decir “la fe de
Cristo” (Gálatas 2:20; compare versículo 16).
En otras palabras, ya que la “fe” nos es
dada por gracia; y es una fe
que nunca fallará, es como la fe del Señor Jesucristo.
Por supuesto, aquí vemos
un ejemplo concreto de la Soberanía Absoluta de Dios en que esa “fe” que salva no es dada a todos para
creer en Jesucristo sino sólo a los Elegidos; y por lo tanto es
llamado “la fe de los escogidos de Dios” (Tito
1:1) y así que puede ser dicho que “no es
de todos la fe” (2 Tesalonicenses 3:2). Todo alabanza sea
para Él en que “Él hace según
su voluntad en el ejército
del cielo, y en los habitantes de la tierra” (Daniel
4:35); “porque de Él, y por Él, y para
Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por siempre.
Amén” (Romanos
11:36).
Por último, en el cuarto
lugar, ¡podemos decir que Una Vez Salvo, Siempre Salvo! Hay
ésos que no creen
esta doctrina preciosa; especialmente a causa de dos razones: 1) Ellos reclaman que si esto es verdad
entonces podemos vivir de cualquier manera que queremos y no tener
miedo de
perder nuestra salvación. Ellos dicen que esta doctrina nos da
licencia para
pecar. 2) Luego triste decirlo pero
verdadero, ellos ven ésos que profesan ser "cristianos" viviendo
al
contrario de su profesión como cristianos. Ellos reclaman que
tales han perdido
su salvación y vuelto atrás a su estado anterior de
perdición. Bueno, en el primer lugar, uno que
ha nacido otra
vez y ha sido unido a Cristo por fe no
puede ser "desanacido" y muy ciertamente, perder su fe; de otro
modo, tendríamos que decir que la regeneración por el
Espíritu Santo y la intercesión
del Señor Jesucristo por los elegidos habría fallado.
¡ESTO NO PUEDE SER! Somos
prometidos “que el que comenzó en
vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de
Jesucristo” (Filipenses
1:6); “porque a los que antes conoció, también
los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su
Hijo, para
que Él sea el primogénito entre muchos hermanos”
(Romanos 8:29). En otras
palabras, esos que Dios ha salvado por Su gracia por la fe en Su amado
Hijo, el
Señor Jesucristo, han sido “salvos en
Jehová con salvación eterna” (Isaías
45:17) como mostrado anteriormente.
Además,
en el segundo lugar, ésos que son
salvados son una “nueva criatura…en
Cristo” (2 corintio 5:17) y han sido dados “corazón
nuevo” y “espíritu
nuevo”; y son morados por el Espíritu Santo de Dios
(Ezequiel 36:26, 27) de
modo que ahora ellos pueden andar “en
novedad de vida” (Romanos 6:4). Esto significa que
ésos que tienen esta
experiencia de cambio en ellos ya no son lo mismo. Ahora ellos han sido
liberados
del poder del pecado, del mundo y del diablo. Aparte de eso, ellos
tienen las
riquezas insondables de la gracia y poder de Dios para poder vencer las
tentaciones y atracciones de la carne; así que de hecho, el
creyente verdadero
en el Señor Jesucristo, no puede pecar
más allá de la gracia salvadora de Dios. Aunque
tristemente verdadero que el
santo puede, y si, peca en su vida cristiana, mas Dios en Su Gracia
Libre y
Soberana, “conforme al propósito eterno
que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro” (Efesios
3:11), ha proporcionado
los medios y la garantía por los cuales Él
guardará a ésos que han venido Él de
jamás perder su salvación en Su amado Hijo; “por
lo cual puede también salvar perpetuamente (desde
el principio hasta
al fin; completamente) a los que por Él
se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”
(Hebreos
7:25). En otras palabras, es imposible para uno que ha sido salvado
jamás
llegar a ser no salvo; porque eso significaría que TODO lo que
Dios ha hecho en
Su “salvación tan grande” (Hebreos
2:3) para los pecadores habría fallado; y por lo tanto, nadie
sería salvado.
Refiérase a Hebreos 6:4-6 – “Porque es
imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron el don
celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,
y asimismo gustaron
la buena palabra de Dios, y los poderes del mundo venidero, y
recayeron,
sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo
para sí
mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio”.
Pero porque Dios es
Soberanas sobre TODAS cosas, puede ser dicho de cada creyente nacido
otra vez y
creado en Jesucristo como de Su pueblo antiguo: “Y
ahora, así dice Jehová Creador tuyo, oh Jacob, y Formador
tuyo, oh
Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre,
mío eres tú” (Isaías
43:1). ¡¡¡Aleluya!!!
Así,
llegamos a la conclusión de nuestro estudio de la
Soberanía Absoluta de Dios
con respecto a las Doctrinas de Gracia; y por lo tanto, hemos mostrado
que si
no hubiera sido la Soberanía de Dios que determinó el
resultado de las verdades
humilladoras de estas doctrinas preciosas, entonces “el
evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) no hubiera
dado
esperanza de salvación a cualquier pecador. De que hay
cualquiera que sea salvo
demuestra que Dios ha estado en control de Su salvación del
principio al fin; y
por lo tanto, Él tiene todo derecho de mandar a todo pecador: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los
términos de la tierra: porque yo soy Dios, y no hay
más” (Isaías 45:22).
Estas, amados, no son simplemente verdades abstractas
con que llenamos nuestras cabezas, sino que son muy prácticas
para nuestras vidas. En otras palabras, así como tenemos
que mirar a la soberanía de Dios para ser salvos en el primer
lugar, todavía
tenemos que mantener el mirar a la soberanía de Dios mientras
estamos “ocupaos en nuestra salvación, con
temor y
temblor” (Filipenses 2:12) en nuestra camino “para
alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2
Tesalonicenses 2:14). Cuando viajamos en el “Camino
de Santidad” (Isaías 35:8), perseveraremos
en él porque nuestro Señor y Redentor gloriosos nos preservará en él, para que seamos asegurados eternamente en Su salvación. El fruto
eterno de Su
Muerte en el Calvario y Su Resurrección redundará para la
gloria del Padre en
que una vez que nos salvo siempre
seremos salvados. A ÉL SEA LA
GLORIA AHORA Y PARA SIEMPRE. AMEN.