LA SOBERANÍA DE DIOS
Como lo he dicho antes, en alguna manera u otra toda
doctrina en la Biblia magnifica la Gracia de Dios, la cual esta
conectado con
la Soberanía de Dios. Así que, no importa que tanto el
hombre religioso
soberbio trata de exaltar el ídolo del hombre de su tal llamado
“libre
albedrío”, él tiene que caer sobre su rostro delante de
la Soberanía de Dios, como
“Dagón postrado en tierra delante del
arca de Jehová” (1 Samuel 5:3, 4). Dios es Soberano,
queriendo decir que
Dios hace como Él quiera con quien quiera, cuando quiera, donde
quiera, y como
quiera; y que no hay absolutamente nada que alguno puede hacer acercas
de ello.
Todas las cosas, o sean animadas o sean inanimadas, están debajo
de Su control
soberano; porque como nos dicen las Sagradas Escrituras inerrantes: “Y nuestro Dios está en los cielos: Todo
lo que quiso ha hecho” (Salmo
115:3); “Todo lo que quiso Jehová, ha
hecho en los cielos y en la tierra, en
las mares y en todos los abismos” (135:6). Además, leemos:
“Y todos los
moradores de la tierra por nada son contados: y en el ejército
del cielo, y en
los habitantes de la tierra, hace según
su voluntad: ni hay quien estorbe su mano, y le diga:
¿Qué haces?” (Daniel
4:35), y esto porque Él “hace todas las
cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11).
Ahora, sería imposible de tratar en una manera
exhaustiva y en detalle con la doctrina de la Soberanía de Dios
por los medios
de este periódico vía el correo electrónico; por
lo tanto, principalmente
estaré tratando con la Soberanía de Dios con respecto
á la salvación de los
hombres de sus pecados y de sus consecuencias. Generalmente, el hombre,
incluyendo el hombre religioso, concederá que Dios es Soberano
sobre muchas
áreas de Su creación, pero en decir que también
Él es soberano sobre la
salvación de los pecadores, muchos reaccionarán con una
vehemencia porque la
soberbia de ellos no permite que Dios tenga el último decir con
la salvación de
ellos. Pero, amados, no nos podemos escapar de, o negar, que las
Sagradas Escrituras
lo hace muy claro que porque “de Jehová
es la salvación” (Salmo 3:8) y que “la
salvación pertenece á Jehová” (Jonás
2:9), “así que no es del que quiere, ni del que
corre, sino de Dios que tiene
misericordia” (Romanos 9:16). Por eso es porque el Evangelio de
Salvación
en Cristo Jesús es llamado el “evangelio
de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) simplemente por causa, como
veremos
más adelante, que la Gracia tiene que ver con la
Soberanía de Dios.
Por supuesto, estoy consciente que para muchos la
doctrina
de la Soberanía de Dios es una doctrina dificultosa y
desagradable para
aceptar, y esto porque no pueden ver que un Dios, quien “es
amor” (1 Juan 4:4, 16) y “es
amador de misericordia” (Miqueas 7:18) haría Su
salvación dependiente en Su
soberanía y, ¡no en el “escoger libre” del hombre! Esto
podrá ser por dos
razones: Primero, ellos han sido
enseñados un punto de vista de solo un lado acercas de Dios con
respecto á Sus
atributos y las han aceptado sin ninguna reexaminación personal
de las Sagradas
Escrituras para ver si es verdad (cp. Hechos 17:11); o secundariamente,
lo rechazan obstinadamente aún aunque no pueden
Bíblicamente negar que Dios es Soberano sobre todas las cosas,
¡incluyendo
nuestra salvación! Pero no importa qué tanta
oposición o denegación hay contra
esta doctrina gloriosa, la respuesta Divina al tal llamado “libre
albedrío” del
hombre es esta: “Mas á Moisés (Dios)
dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y
me compadeceré del que
me compadeceré. Así que no es del que quiere, ni del que
corre, sino de Dios
que tiene misericordia” (Romanos 9:15, 16); y eso, mi querido
lector, es el
PERIÓDO del asunto entero; porque como contesta Pablo en el
mismo capítulo á
aquellos quienes se oponen á la Soberanía de Dios: “Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se
enoja? porque ¿quién resistirá á su
voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú,
para que alterques con Dios?
Dirá el vaso de barro al que le labró: ¿Por
qué me has hecho tal? ¿O no tiene
potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y
otro
para vergüenza? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar
la ira y hacer notoria su
potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira
preparados para
muerte, Y para hacer notorias las riquezas de su gloria,
mostrólas para con los
vasos de misericordia que él ha preparado para gloria; Los
cuales también ha
llamado, es á saber, á nosotros, no sólo de los
Judíos, mas también de los
Gentiles” (vv. 19-24?
Lo trágico es que muchos reaccionarán
á la Soberanía
de Dios como aquellos en Juan capítulo 6: Brevemente,
allí ve aquellos que no
les agradaba lo que el Señor Jesús les estaba diciendo, y
así que reaccionaron
de tal manera. En el versículo 44 Él dice: “Ninguno
puede venir á mí, si el Padre que me
envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día
postrero”. Aquí hace una
declaración muy definida con respecto á la
Soberanía de Dios en traer (Griego:
lit. en arrastrar) aquellos que
vienen á Él para salvación. Además, lo que
continua diciendo á estos individuos
causa aún algunos de Sus discípulos ser ofendidos (v. 61)
y en decir, “Dura es esta palabra: ¿quién la
puede oír?”
(v. 60). Pero otra vez Él repite lo que digo en el
versículo 44 de esta
manera: “Y dijo: Por eso os he dicho que
ninguno puede venir á mí, si no le
fuere dado del Padre” (v. 65). ¿Qué fue la
reacción de estos individuos? “Desde esto, muchos
de sus discípulos
volvieron atrás, y ya no andaban con él” (v. 66). En
otras palabras, porque
en oír esto estos discípulos, o de oír á
ese tiempo, lo que el Señor Jesús
estaba enseñando, no se sometieron á la Soberanía
de Dios, se volvieron atrás
del Señor y ya no anduvieron con Él. Lo ponemos de esta
manera: No solo
rechazaron la Soberanía de Dios, pero también rechazaron
al Señor mismo por
causa de la soberbia de ellos. Esto, mi querido lector, ¡es el
peligro de la
falsa doctrina del tal llamado Libre Albedrío del hombre!
Pero oh, ¡qué diferente es la doctrina de la
Soberanía
de Dios para aquellos quienes son enseñados de Dios! “Escrito
está en los profetas: Y serán todos
enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó
del Padre, y
aprendió, viene á mí” (v. 45). Lo podemos
poner de esta manera: Para ellos
la verdad de la Soberanía de Dios no es una doctrina dificultosa
o
desagradable, sino una doctrina más preciosa y dulce que los
atrae al Señor
Jesús como dice Óseas 11:4 - “Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas
de amor”, ¡como la miel a la abeja! En otras palabras, la
doctrina de la
Soberanía de Dios no es para empujar al hombre de Dios, sino
para humillarlos;
porque es solo los humildes y los quebrantados de corazón que
estarán
dispuestos para someterse á sí mismos á
Aquél quien tienen nuestra salvación en
Sus manos, que recibirán Gracia de Aquél quien es
también “el Dios de toda gracia” (1 Pedro
5:,10); y ¡aparte de la Gracia de
Dios no puede haber ninguna salvación de todo! Así que,
puedes ver que la
Soberanía de Dios en nuestra salvación asegura en venir
á Él lanzándonos y confiándonos
solamente en sólo Su gracia en Cristo Jesús, y no sobre
cualquier cosa que
pretendemos tener de nosotros mismos; y esto, amados, somos
enseñados de Dios,
y no por las doctrinas y mandamientos de los hombres.
Sí,
el creyente en el Señor Jesucristo puede someterse
á la soberanía de Dios en su vida; porque en sabiendo que
Dios está en control
de TODAS las cosas en su vida, incluyendo la salvación suya,
sabe que es un
fundamento sólido en donde estar, ¡porque NUNCA
JAMÁS se quebrantará debajo de
ellos! Lo precioso de ello es sacado por la promesa maravillosa de
Romanos 8:28
– “Y sabemos
que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan
á bien, es á saber, á
los que conforme al propósito son llamados”. En hacer las
siguientes
observaciones, nuestros labios han de rebosar con alabanzas al cantar
con el
Salmista: “No á nosotros, oh Jehová, no
á
nosotros, Sino á tu nombre da gloria; Por tu misericordia, por
tu verdad… Y
nuestro Dios está en los cielos: Todo lo
que quiso ha hecho” (115:1, 3). Oh sí, podemos
regocijarnos por esta
verdad maravillosa: Que absolutamente nada, o cualquier cosa, que
acontece
alrededor de nosotros, o a nosotros, es por accidente o de suerte, sino
que
tenemos un Dios quien “hace todas las
cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11); “Porque de él, y por él, y en él, son
todas las cosas. A él sea gloria
por los siglos. Amén” (Romanos
11:36).
Ahora, la primera
observación que hacemos es que el santo de Dios puede
derivar la PAZ de la
Soberanía de Dios. Hay mucho alrededor de nosotros que acontece,
o que podemos
experienciár en nuestras vidas, que nos causará
preocupación y hacernos muy
ansiosos. ¡Puede ser que aún en nuestras horas despiertas
nos hallamos en una
inquietud emocional que en las noches no podemos ni aún dormir
pacíficamente! Somos
constantemente inquietados acercas de todo porque nos vemos tan
desvalidos de
hacer algo acercas de ello. Principalmente, la razón por tal
estado es porque
nuestros ojos están enfocados en las situaciones o las
circunstancias en que
nos hallamos. Todo lo que vemos son las nubes oscuras y los vientos
fuertes de
las tempestades y nos hemos olvidado de la promesa del Señor: “La paz os dejo, mi paz os doy: no como el
mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga
miedo” (Juan
14:27). En hecho, el Señor mismo nos dice que tendríamos
esas “presiones” que
tienen la tendencia de robarnos de la paz que el Señor nos
prometió: “Estas cosas os he hablado, para que en
mí
tengáis paz. En el mundo tendréis
aflicción (presiones): mas
confiad, yo he vencido al mundo” (16:33). Del otro lado, cuando el
creyente
guarda sus ojos en Aquél quien esta en control de todas las cosas y que absolutamente nada acontece aparte de
Él, quien dijo, “Con todo, ni uno de
ellos (es decir, un pajarillo) cae á
tierra sin vuestro Padre” (Mateo 10:29), entonces la promesa de
Filipenses
4:6, 7) será verdad: “Por nada estéis
afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en
toda
oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la
paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros
corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús”. En
otras
palabras, amados, ¡no te preocupes,
o seas ansioso “por nada”!
¿Por qué dice “nada”
y no “cada cosa”? Simplemente en
tanto que toca á Dios, cualquier cosa que le pueda acontecer a
cualquiera del
pueblo de Dios ES “¡nada”! También,
tenemos que tener en cuenta, no solo no debemos de preocuparnos, “sino sean notorias vuestras peticiones
delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de
gracias”; y en
hacerlo, ¡esta es nuestra confesión que Dios está
en control y obra todas las
cosas para nuestro bien, resultando en Su paz guardando nuestro
corazones y
entendimientos en Cristo Jesús! ¡Aleluya!
Secundariamente,
observamos que la Soberanía de Dios nos da CONFORTACIÓN.
Hay veces que el hijo
de Dios puede pasar por mucho padecimiento y aflicción que
podrá ser tentado y
aún preguntar, “¿Dónde esta Dios cuando más
lo necesito?” Pero todavía, amados,
por toda las Escrituras es hecho claro que el padecimiento y la
aflicción es
ordenado por el Padre celestial para Sus hijos. En veces es necesario,
no
simplemente por nuestros pecados, pero también para probar
nuestra fe y para
conformarnos al imagen de Su Hijo. Considere las siguientes Escrituras:
“Antes
que fuera yo humillado (comprimir), descarriado andaba; Mas ahora
guardo tu
palabra” (Salmo 119:67); “Porque á
los que antes conoció, también predestinó para que
fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo… (Romanos
8:29);
“En lo cual vosotros os alegráis, estando
al presente un poco de tiempo
afligidos en diversas tentaciones, si es necesario, Para que la prueba de vuestra fe, mucho más
preciosa que el oro, el cual perece, bien
que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra,
cuando
Jesucristo fuera manifestado” (1 Pedro 1:6, 7); “Porque
para esto sois llamados;
pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos
ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas” (2
:21); “Carísimos, no os
maravilléis cuando sois examinados por fuego, lo cual se
hace
para vuestra prueba, como si alguna cosa peregrina os aconteciese;
Antes bien
gozaos en que sois participantes de las
aflicciones de Cristo; para que también en la
revelación de su gloria os
gocéis en triunfo. Si sois vituperados en el nombre de Cristo,
sois
bienaventurados; porque la gloria y el Espíritu de Dios reposan
sobre vosotros.
Cierto, según ellos, él es blasfemado, mas según
vosotros es glorificado. Así
que, ninguno de vosotros padezca como homicida, ó ladrón,
ó malhechor, ó por
meterse en negocios ajenos. Pero si
alguno padece como Cristiano, no se avergüence; antes
glorifique á Dios en
esta parte” (4:12-16). No obstante, co-creyente, todos estos
padecimientos
no son por accidente; porque se nos dice: “Y
por eso los que son afligidos según la
voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como á
fiel Criador, haciendo
bien” (v. 19). La CONFORTACIÓN viene, no simplemente porque
somos librados
de ellos, sino a pesar de ello somos confortados EN ello,
¡sabiendo que Él esta
en control! “Bendito sea el Dios y Padre
del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de
toda consolación,
El cual nos consuela en todas nuestras
tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar
á los que están
en cualquiera angustia, con la
consolación con que nosotros somos consolados de Dios.
Porque de la manera
que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda
también por el
mismo Cristo nuestra consolación” (2 Corintios 1:3-5).
Ahora, en el
tercer
lugar, observamos que la Soberanía de Dios nos da la SEGURIDAD.
Por supuesto,
tenemos que tener en cuenta que esta seguridad no viene
porque nos sentimos bien o que es una clase de una
emocional osada; al contrario, la Palabra de Dios se refiere á
ello como una “plena certidumbre de fe” (Hebreos
10:22), queriendo decir que creemos á Dios y lo que dice en Su
Palabra; y Él
definidamente dice que Él está en control de todas las
cosas, ¡no importa qué!
Por lo tanto, podemos descansar asegurados que si “por fe
andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7), entonces “sabemos
que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan
á bien, es á
saber, á los que conforme al propósito son llamados”
(Romanos 8:28). Puede
haber tiempos que parece que TODAS
las cosas son contrarias á lo que Dios dice en Su Palabra, pero
todavía en
saber que Él no “muda” (Malaquías
3:6) y “no hay mudanza, ni sombra de
variación” (Santiago 1:17), y que Él mismo dice: “Que formo la luz y crío las tinieblas, que hago la
paz y crío el mal.
Yo Jehová que hago todo esto” (Isaías 45:7), eso lo
hace muy claro que por
cualquier cosa que pasamos en nuestras vidas, ello viene de las manos
de Dios
según á Su propósito eterno; y sabiendo esto,
entonces podemos decir con Job: “Jehová dió,
y Jehová quitó: sea el nombre
de Jehová bendito… También recibimos el bien de Dios,
¿y el mal no recibiremos?
En todo esto no pecó Job con sus labios” (1:21; 2:10). Oh,
¡que puédanos
aprender de cantar con el Salmista: “Aunque
ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno; porque tú estarás
conmigo: Tu vara y tu cayado me
infundirán aliento… Ciertamente el bien y la misericordia me
seguirán todos los
días de mi vida: Y en la casa de Jehová moraré por
largos días” (23:4, 6).
Además,
en el cuarto
lugar, observamos que la Soberanía de Dios nos da
VALENTÍA. En hecho, yo digo
que esto es el resultado de tener la PAZ, la CONFORTACIÓN, y la
SEGURIDAD
mencionados previamente; porque en tenerlos quiere decir que estamos
andando
con Dios y así que somos “confortaos en
el Señor, y en la potencia de su fortaleza” (Efesios 6:10).
Ahora, esta
valentía será verdad en tres particulares: 1)
En resistir y en vencer al diablo: “Resistid
al diablo, y de vosotros huirá” (Santiago 4:7); “Y
ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de
su testimonio; y no han amado sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis
12:11);
2) En no tener miedo del hombre: “En Dios
he confiado: no temeré lo que me
hará el hombre” (Salmo 56:11); “De
tal manera que digamos confiadamente: El Señor es mi ayudador;
no temeré lo que
me hará el hombre” (Hebreos 13:6); y 3),
fielmente testificar del Evangelio: “Muchos
de los hermanos en el Señor,…se atreven mucho más
á hablar la palabra sin
temor” (Filipenses 1:14); “Todos
fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios
con confianza”
(Hechos 4:31). Así que, sabiendo de que ya Dios está en
control sobre el diablo
y que él solo puede hacer lo que Dios le permite que haga
(refiérase á Job 1 y
2), y que también Dios está en control de los resultados
de los planes de los
impíos contra Su pueblo (Salmo 3:6 – “No
temeré de diez millares de pueblos, que pusieren cerco contra
mí”; Romanos
8:31 – “¿Pues qué diremos á esto? Si
Dios
por nosotros, ¿quién contra nosotros?”, y que
Él también está en control de
los resultados de Su Palabra, como promete en Isaías 55:11 – “Así será mi palabra que sale de mi boca: no
volverá á mí vacía, antes hará lo
que yo quiero, y será prosperada en aquello
para que la envié”, sigue sin decir que podemos pararnos
con toda valentía
contra los engaños del diablo, y contra todos los designios de
los impíos y
contra toda oposición á Su Palabra, porque “en
todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que
nos amó” (Romanos
8:37).
Á
este punto, vamos ahora considerar por qué nuestra
salvación está dependiente sobre la soberanía de
Dios. Realizo que para muchos
esto no será aceptable porque no se someterán á la
verdad humillante de que
Dios hace como le agrade, incluso en nuestra salvación. La
soberbia del hombre
es tal que no “permitirán” que Dios sea Dios; y así que
tratarán de limitarlo
al concepto de ellos de quien es Dios y á lo que puede hacer y
lo que no puede
hacer. La problema es que el hombre trata de hacer a Dios pensar como
pensamos,
es a saber, como algunos dicen blasfemamente, “Si yo era Dios,
¡yo no lo
hiciera así!” “Pensabas que de cierto
sería yo como tú” (Salmo 50:21). Pero del otro lado,
si “en entendemos y conocemos, (a) Jehová”
(Jeremías 9:24), entonces podemos decir con el apóstol
Pablo: “Oh ¡profundidad de las riquezas de la
sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán
incomprensibles son sus juicios, e inescrutables
sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente
del Señor? ¿ó quién fué su
consejero? ¿O quién le dió á él
primero, para que le sea pagado? Porque de él, y
por él, y en él, son todas
las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén”
(Romanos 11:33-36). Sí, “porque mis pensamientos no
son vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová” (Isaías
55:8).
Ahora,
vamos á entender esto: Dios no tiene que salvar
á cualquiera de
nosotros de nuestros pecados y de la consecuencia de ellos. En hecho,
lo
podemos declarar de esta manera: Dios no
esta obligado de salvar á cualquiera aparte de Su voluntad
soberana. En
otras palabras, Él tiene todo derecho, y sería justo, en
lanzar á cada uno de
nosotros al infierno por causa de la desobediencia de Adán, y
así que
absolutamente nadie tendrá el derecho de acusar á Dios de
no ser recto. Por lo
tanto, si ha de haber alguna esperanza de salvación para
cualquiera de
nosotros, tiene que depender sobre Su Soberanía. En otras
palabras, tiene que
ser porque simplemente le agrada de hacerlo, y ¡á quien
Él salvará! Yo sé que
esto no es la enseñanza “normal” que hoy en día uno oye
del púlpito típico; por
qué puede ser dicho que la doctrina de la Soberanía de
Dios en la salvación es
como “nueva doctrina” y á los “oídos
unas nuevas cosas” (Hechos 17:19,
20) al asistente ordinario de la iglesia y á multitudes de
cristianos profesos.
¿Por qué digo esto? Porque prácticamente puedo ir
á cualquier iglesia, o oír a
predicadores por la radio, o en el televisor, y raramente oiré
esta verdad, ¡si
a tal caso!
Secundariamente,
notemos que la Salvación es por la Gracia de Dios. “Por la gracia sois salvos por
la fe” (Efesios 2:8, 5). Ahora, ¿qué es la gracia?
Los mas acordarán que
significa el “favor inmerecido” de Dios hacia aquellos que no son
“dignos” o
“merecen” la salvación de ninguna manera. En otras palabras,
“¡Dios nos hará el
favor de salvarnos aunque no merecemos de ser salvos!” También
considere esto:
Ya que la gracia salva (no trata de salvar, sino en efecto salva), al
pecador
inmerecido, entonces podemos ver que la gracia no es dada
á todo pecador individuo; y la razón que podemos decir
esto es porque no todos los pecadores serán salvos; y esto es
hecho claro que “el que no fué hallado escrito en
el libro
de la vida, fué lanzado en el lago de fuego” (Apocalipsis
20:15). Pero,
¿Dios no le da gracia á todos? Por supuesto que no;
¡porque eso quiere decir
que todos serían salvos! Ahora, ya que la gracia es dada
á aquellos quienes no
son dignos de la salvación, ¿quién determina
quienes son los que reciben la
gracia? Otra vez, tenemos que regresar á la Soberanía de
Dios simplemente
porque ya qué la Gracia que salva es “el
don de Dios” (Efesios 2:8), es a saber, ¡es “dada
gratuitamente” por Dios á
quienes Él les ha “dado soberanamente” Su salvación! Esto
es mostrado muy
claramente por el hecho de lo que somos como pecadores aparte de la
gracia de
Dios; y eso es, “no hay justo, ni aun
uno; no hay quien entienda, no hay quien
busque á Dios; todos se apartaron, á una fueron
hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay
ni aun
uno” (Romanos 3:9-12). Ahora, dime, ¿por qué
Dios daría gracia á tales
para salvarlos, sino era porque le agradó de hacerlo?
¿Qué hay en nosotros que
de alguna manera pudiéramos demandar la gracia de Dios para
nuestra salvación?
Absolutamente nada; así que nuestra única esperanza es
que Dios de Su gracia
libre y soberana nos salve porque es “según
el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:5). ¡Alabado sea
Su santísimo
Nombre! Amén.
Además,
en el tercer
lugar, somos recordados que la salvación nuestra es dependiente
sobre la
soberanía de Dios porque absolutamente no tiene nada que ver con
qué buenos o
con qué malos somos. Esto es mostrado en Romanos 9 donde el
apóstol Pablo hace
referencia á la salvación de Jacob, o la falta de ella en
el caso de Esaú. Pero
note que esto fue determinado antes que “no
siendo aún nacidos, ni habiendo hecho
aún ni bien ni mal” (v. 11). (Lee vv. 1 adelante).En
otras palabras, el
punto que queremos hacer aquí, es que nuestra pecaminosidad, o
sea la falta de
ello, o sea la abundancia de ello, no determina si somos, o seremos,
salvos. Ya
ves, Dios pudiera determinado desde la eternidad pasada de salvar
á cada
persona individua, o de no salvar á nadie, aún antes de
la creación de Adán. Pero
“conforme al propósito del que hace todas
las cosas según el consejo de su voluntad” (Efesios 1:11) y
“conforme á la determinación eterna, que
hizo en Cristo Jesús nuestro Señor” (3:11), Dios
determinó de salvar
ALGUNOS pecadores independiente de sus pecados. Por supuesto, lo que
explica
esto es que Dios de Su voluntad soberana había escogido
á Jacob sobre Esaú “para
que el propósito de Dios conforme á la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese” (Romanos
9:11). Otra vez, note que Jacob fue escogido sobre Esaú
independiente de sus “obras”, es a saber, de hacer “aún ni bien ni mal”. Ahora, no me
mal-entienda: Yo no quiero implicar de alguna manera que nuestros
pecados no
tienen nada que ver con nuestra salvación. Al contrario, tiene
todo que ver con
ello; porque desde el principio del Nuevo Testamento es hecho claro que
Jesús había
de salvar “á su
pueblo de sus pecados”
(Mateo 1:21). Sin embargo, podemos ser salvos, o no ser salvos, de
nuestros
pecados, no porque somos mejores o peores que otros, sino simplemente
porque le
agrado a Dios de Su voluntad soberana de hacerlo. ¿Eso es
humillante, verdad?
Tengo que
confesar que hay mucho mas que podemos decir
con respecto a nuestro tema, pero el espacio no me permite que lo haga.
Además
de los puntos anteriores, pudiéramos escribir de otras cosas que
prueban por
qué nuestra salvación esta dependiente en la
soberanía de Dios. Pero basta,
amados, que las consideraciones anteriores por qué nuestra
salvación es
dependiente sobre la soberanía de Dios muestran sin ninguna duda
que así es. No
obstante, haga como los de Berea hicieron con la predicación del
apóstol Pablo,
donde se dice en Hechos 17:11, “pues
recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada
día las Escrituras,
si estas cosas eran así”. En
otras palabras, no tome mi palabra de por sí… examine todo lo
que escribo con
la Palabra inerrante de Dios, acordándose de esto: Que “las Sagradas Escrituras (es saber, la Biblia),
las cuales te pueden hacer sabio para la salud (salvación) por la fe que es en Cristo Jesús…es
inspirada divinamente y útil para enseñar, para
redargüir, para corregir, para
instituir en justicia” (2 Timoteo 3:15, 16). Así que,
déjame darte una palabra
de ánimo: Permanece en la Palabra de Dios… Estúdiala,
examínala, y medita sobre
ella día y noche; porque en ella hay mucho beneficio para tu
alma, no solo para
esta vida, sino de muy ciertamente, ¡para la eternidad! Sobre
todo, sométete á
ella; porque es Aquél “en cuya mano está
tu vida, y cuyos son todos tus caminos” (Daniel 5:23) quien te
habla.