¿QUÉ TAN PECADOR PUEDO SER?
“Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20) 

Para preguntarlo en otra manera: ¿Podemos pecar hasta al punto de ponernos fuera de la gracia de Dios? ¿Es posible para un pecador de vivir una vida tan pecadora para que ya nunca haya jamás una oportunidad para la salvación? Ahora sabemos que hay el pecado imperdonable del cual el Señor Jesús hizo referencia; y tiene que ver con atribuir a Él el poder de Satanás para arrojar a los demonios, que es la blasfemia contra el Espíritu Santo, que nunca será perdonado (Mateo 12:25-32). Pero nuestro texto tiene que ver con la naturaleza del hombre como pecador; y al grado que él pecará. Otorgamos que no todos pecan al mismo grado; y que personas individuales pueden ser pecadoras peores que la próxima persona. Pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que puede haber personas que quizás sean muy religiosas y moral en sus vidas y todavía no obtienen la gracia de Dios para la salvación, mientras al mismo tiempo el más vil y más principal de los pecadores será salvado por la gracia de Dios; o como el apóstol Pablo lo pone: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero(1 Timoteo 1:15). En otras palabras, ¡por pecador que podamos ser, hay siempre esperanza para la salvación! 

Primero, notamos el estado del hombre “cuando el pecado abundó”. Aunque principalmente esto tiene que ver con la raza humana; no obstante tiene que ver con pecadores individuales; porque todos de la raza humana es un pecador “por cuanto todos pecaron” (v.12). Aquí vemos un cuadro de la maldad del hombre; pero ¡oh! ¡La grandeza del pecado del hombre! Cada día que cada uno de nosotros vivimos “el pecado abundó”, es decir, aumentará a pasos agigantados porque estaremos “añadiendo pecado a pecado” (Isaías 30:1) a menos que la gracia de Dios nos alcance en Jesucristo. Como pecadores eso es todo lo que hacemos… ¡PECAR! De hecho, cada uno que es hecho consciente de su maldad por la gracia de Dios tendrá que confesar con Pablo que él es el más principal de pecadores; e incluso exclamará con el publicano: “Dios, sé propicio a mí, (o el) pecador (Lucas 18:13). Cuando somos despertados por el Espíritu de Dios veremos que nuestros pecados son más altos que el Monte Everest de modo que tenemos que confesar, "¡No hay esperanza para mí!" Bueno, es verdad que no hay esperanza si depende en TI; porque no hay absolutamente nada que TU PUEDES HACER para subir sobre las montañas de tus pecados, y ¡así que tendrás que perecer en ellos! A menos que….

En segundo lugar, ¡vemos la esperanza para el primero de los pecadores en que “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”! Puesto simplemente, esto significa que por más pecador que podamos ser, hasta al punto que puedo ser el más vil y el más principal de los pecadores, todavía…,. (Alabado sea “el Dios de toda gracia” (1 Pedro 5:10); ¡ALELUYA!, en Quién “sobreabundó la gracia”), ¡hay esperanza para usted y para mí! Por más altos que nuestros pecados sean alrededor de nosotros en que tengamos que decir con el Salmista: “Mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí(38:4) y “Porque me han rodeado males sin número; me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista; son más numerosas que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla” (40:12), todavía “sobreabundó la gracia” de Dios, es decir, ¡es mucha más que todos nuestros pecados! ¡Piense de esto! El contexto de nuestro texto tiene que ver con los pecados de la raza humana; y si TODOS los pecados de la humanidad no pueden impedir la gracia de Dios de salvar al más principal de los pecadores, todavía saltará por encima de esas montañas de pecados y salvará al más vil y más despreciable de ellos. ¡ME SALVO A MÍ! 

Pero terceramente, vemos que esta esperanza de la salvación por la gracia de Dios SOLO puede ser verdad para cualquiera de nosotros “por la justicia para vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor(v.21). En otras palabras, Dios no simplemente nos da gracia porque necesitamos Su gracia para ser salvos, sino Él tiene que ser justo en hacerlo “para que Él sea justo, y el que justifica al que cree en Jesús” (Romanos 3:26). Por lo tanto, “al que no conoció pecado” (es decir, al Señor Jesucristo), “(Dios) lo hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2 corintio 5:21). Ahora, “la gracia”, “la justicia” y la “vida eterna” pueden venir al más principal de pecadores porque “Jesucristo, nuestro Señor” lo ha hecho todo para que “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” en que Él “fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25). Amén.