TODO CODICIABLE

(Cantares 5:16) 

Todos nosotros tenemos una tendencia natural, que siempre que veamos algo hermoso, o nos enamoramos de ello, o por lo menos, lo valoramos de tal manera que estaríamos dispuestos para hacer algo para obtenerlo; ¡aún morir por ello! Esto ha sido verdad a través de la historia del hombre. Yo no creo que alguno pueda negar que sea así con cada uno de nosotros, hasta cierto punto.

Todavía, amados, tenemos que confesar, que si somos dejados a nosotros mismos, hay un instante cuando esto no será verdad de nosotros. De hecho, sería ese instante particular cuando presentados con la última y la más perfecta manifestación de la belleza, no sólo no movería nuestros corazones, sino ¡que realmente lo desdeñaríamos! En tanto que seamos concernidos, temo que nuestra reacción natural al que es “todo codiciable”, haríamos lo que Isaías dice: “No hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos… y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (53:2, 3). ¡Eso es lo qué el pecado ha hecho en nosotros!

No obstante, a pesar de eso, hay muchos que han sido capacitados, por la gracia de Dios, para ver “al Rey en su hermosura” (Isaías 33:17); y a quienes Él es “la rosa de Sarón, y el lirio de los valles” y el “distinguido entre diez mil” (Cantares 2:1; 5:10). Oh, amados, hay todo en el Señor Jesucristo que es “todo codiciable”; de hecho, ¡no puedes encontrar absolutamente nada poco atractivo en Él! Mírelo, y ¡vea cuán precioso Él es! Mire la grandeza de Su Amor, a la riquezas de Su Gracia, a las multitudes de Sus Misericordias, a la abundancia de Sus compasiones y bondad; y mucho más; y ¡tendrás que enamorarte de Él! Aún en la fealdad de Sus sufrimientos y muerte, hay una belleza exquisita que resplandece porque Él resucitó de los muertos y ahora está sentado en gloria. Oh, cuando Él regrese en toda Su belleza y gloria, puédanos con la Sulamita causar que los cielos reverberen con nuestro grito: “¡TODO ÉL CODICIABLE!” ¡Aleluya!!!