TODO CODICIABLE
(Cantares
5:16)
Todos nosotros tenemos una tendencia natural, que
siempre que veamos algo hermoso, o nos enamoramos de ello, o por lo
menos, lo
valoramos de tal manera que estaríamos dispuestos para hacer
algo para
obtenerlo; ¡aún morir por ello! Esto ha sido verdad a
través de la historia del
hombre. Yo no creo que alguno pueda negar que sea así con cada
uno de nosotros,
hasta cierto punto.
Todavía, amados, tenemos que confesar, que si
somos
dejados a nosotros mismos, hay un instante cuando esto no será
verdad de
nosotros. De hecho, sería ese instante particular cuando
presentados con la
última y la más perfecta manifestación de la
belleza, no sólo no movería nuestros
corazones, sino ¡que realmente lo desdeñaríamos! En
tanto que seamos
concernidos, temo que nuestra reacción natural al que es “todo codiciable”, haríamos lo que
Isaías dice: “No hay parecer en Él, ni
hermosura; le
veremos, mas sin atractivo para que le deseemos… y como que
escondimos de Él el
rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (53:2, 3).
¡Eso es lo qué el
pecado ha hecho en nosotros!
No obstante, a pesar de eso, hay muchos que han sido
capacitados, por la gracia de Dios, para ver “al