TODO PECADO
“La sangre de Jesucristo su Hijo nos
limpia de todo pecado” (1 Juan
1:7)
Durante la
noche desperté con
dudas y temores; y la primera cosa que fue impresionada a mi alma fue
la
abundancia de mis pecados. No fue tanto de mis pecados de mi vida
inconversa,
sino como un creyente en el Señor Jesucristo. Pero para ser
más preciso, tuvo
que ver con mis pecados recientes. Es verdad que yo diario oro para el
perdón
de ellos, mas esta noche desperté con mi alma conturbada a causa
de ellos. Sé
que mis pecados son perdonados según 1 Juan
1:9, donde leemos que “si confesamos
nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados, y
limpiarnos de toda maldad”; y porque Dios es fiel a Su
Palabra, Él me había
perdonado. No obstante, como desperté no tenía paz ni
certeza de ser perdonado.
Por supuesto, hay tiempos que Satanás nos atacará para
desviar nuestra fe del
Señor y de Su perdón; pero hay tiempos que nuestro Dios
mismo nos despertará para
Su propósito y nuestro bien, aún aunque en ese tiempo
quizás no
"sintamos" Su perdón de nuestros pecados. Todavía, como
leí una vez
antes, la diferencia en quien es que lo hace depende de nuestra
reacción en
este momento de oscuridad. Satanás hace todo posible para
quitarte de huir a
Dios para el perdón; por el otro lado, Dios de Su gracia te
traerá a Él aunque
al momento no lo "verás".
Pero al
postrarme ante Su
trono de gracia, la primera Escritura que iluminó mi oscuridad
fue nuestro
texto de 1 Juan 1:7. Yo ya
he
escrito previamente sobre este texto particular, pero esta noche dos
palabras
pequeñas fueron impresionadas en mi corazón: ¡TODO
PECADO! Cuando vi esto, de
repente mis dudas y temores se disiparon en nada y la paz con Dios y el
gozo de
Su salvación llenó mi corazón. Una vez más
yo "creí" que la Sangre
preciosa de mi Salvador, el Señor Jesucristo ya me ha limpiado
de TODO PECADO,
es decir de cada, y cualquier, pecado en mi vida, desde el principio
hasta al
fin. ¡Ninguno de ellos ha sido dejado fuera! Otra vez, me
regocijé en la verdad
maravillosa de Números 23:21 en que Dios “no
ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel”.
En otras
palabras, amados, al estar allí postrado ante mi Dios yo
recordé que al mirarme
Él, Él me veía tan justo y tan santo como Su mismo
amado Hijo precioso, el
Señor Jesucristo. ¡¡¡ALELUYA!!! ¿Por
qué? ¡¡¡Porque Su Sangre me ha limpiado de
TODO PECADO!!! Los pecados más despreciable y más viles
han sido lavados de mí “con su sangre” (Apocalipsis
1:5). Otra
vez, ¡¡¡ALELUYA!!!